La melancólica historia de Paul Pugh, el hombre que padecía risa floja patológica

Imagen: South Walles Guardian.

"El buen reír ja ja ja ja, qué jocoso es, me encanta a mí, ji ji ji ji, rio mejor cada vez. Si río así ja jo jo jo, más divertido estoy. Si río así, ji ji ji ji, es cuando río de mí. Ay, qué penoso es cuando me río de mí". Estas palabras, canturreadas por el sardónico tito Alberto en Mary Poppins, se han hecho carne en Paul Pugh, un señor de Gales diagnosticado con risa patológica, rara enfermedad que no tiene ninguna gracia.

El drama hilarante comenzó cuando Paul tenía 27 años y fue atacado sin motivo por cuatro desconocidos que patearon su cabeza. Como consecuencia, el interfecto acabó con una fractura en el cráneo que se saldó con una lesión cerebral. Pasó dos meses en coma y otros dos recibiendo tratamiento médico para recuperarse y volver a andar y a hablar con normalidad. Al fin, se sintió capaz para reunirse con su especialista, sus terapeutas y su familia. Pero la esperada reunión se torció de forma inesperada.

"Era una reunión importante y todos me hablaban y me hacían preguntas. Sentí miedo y noté algo que no iba bien y se desencadenaba en mi interior": Paul se empezó a partir de risa y no pudo parar. Ante la perplejidad de los allí presentes, se pasó toda la reunión soltando carcajadas: "Por dentro estaba llorando desconsoladamente, pero por fuera no dejaba de reír", explica Paul recordando aquel primer ataque.

Su familia puso en duda la cordura y la decencia de Paul, llegando a creer que les estaba tomando a chirigota, y que quería llamar la atención montando aquella escena en el momento y lugar más inoportunos. Pero la cosa no acabó ahí. Durante los años siguientes, Paul fue víctima de otros muchos ataques de risa, a menudo en situaciones muy desafortunadas.

Imagen: ITV.

El trastorno de Paul es tan raro que los médicos han tardado años en dar con el diagnóstico: risa patológica, también conocida como síndrome o afección seudobulbar. La causa es una desconexión entre el lóbulo frontal del cerebro, que controla las emociones, y el tronco cerebral, que orquesta la expresión de esas emociones. Un auténtico cruce de cables que provoca en el enfermo un estallido de risotadas sea cual sea su estado de ánimo.

Según Andy Tyerman, neuropsicólogo clínico experto en lesiones cerebrales, la risa patológica es "la expresión descontrolada de emoción que resulta desproporcionada o inapropiada para el contexto social y que puede ser contradictoria con lo que la persona siente realmente". ¿Resultado? Como dice Paul, "yo sé cuando lloro o río, pero los demás no".

Imagen: Equavisa.

El pobre Paul es capaz de sentir cuándo un ataque de risa patológica está a punto de desencadenarse: "Noto que me va a venir la risa unos segundos antes de que suceda. Las risotadas no duran mucho tiempo, un minuto como máximo, pero puede causarme problemas si la gente no conoce el motivo". No son pocos los que han reaccionado con sarcasmo o agresividad ante el carcajeo indiscriminado de Paul, creyendo que se estaba cachondeando de ellos.

Por suerte, en los últimos tiempos, Paul está aprendiendo a controlar sus molestísimos brotes de jajajás, desarrollando su propio método: "Pienso en algo o en alguien malo, pero sin sentimiento, y de esta forma calculo que puedo controlar nueve de cada diez ataques de risa".

Imagen: BBC.

En la actualidad, Paul ya es un hombre prácticamente serio: ha aprendido a reprimir casi todos sus ataques de risa, aunque todavía tiene dificultades para hablar y moverse, y padece fatiga crónica. Por eso necesita una silla de ruedas y los cuidados de su madre. Aún así, ha encontrado trabajo en una campaña para prevenir la violencia provocada por el abuso de alcohol, y dando charlas en escuelas, universidades y centro juveniles. Naturalmente, en esos lugares saben perdonar que a Paul se le escape de vez en cuando una carcajada.

*Este artículo incluye información, fotos, jijís y jajás de la BBC , Daily Mail, Mirror , The Sun

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