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Cuando los ‘cabecicubos’ secuestraron a Quini en Superlópez

28 Feb 2018
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Iñaki Berazaluce

En abril de 1981 toda España estuvo en un vilo con el secuestro de Enrique Castro ‘Quini’, entonces el ariete estrella del F.C. Barcelona y que falleció ayer por un infarto a los 68 años en Gijón. Tres delincuentes comunes -en realidad, tres parados metidos a secuestradores- exigieron 70 millones de pesetas por el rescate del futbolista.

El secuestro de Quini -felizmente culminado con la liberación del futbolista- pasó rápidamente a formar parte de la cultura pop. Un año después del mediático secuestro, en 1982, Bruguera lanzó a bombo y platillo el álbum ‘Los cabecicubos’, séptimo álbum y posiblemente el mejor de la serie de ‘Superlópez‘, del gran Jan.

Quini, recién liberado de su secuestro. Foto: EFE.

Jan supo reflejar magistralmente el zeitgeist de aquella Barcelona preolímpica, con su tráfico infernal, sus yonquis atracando bancos y la sombra de los militares amenzando con poner orden en aquel jardín (la intentona golpista del 23-F había tenido lugar un año antes). Todo ello aderezado con la omnipresencia del cubo de Tontik, el juguete de moda de los ochenta que claramente inspiró aquel álbum. En ese escenario caótico es donde se produce el secuestro de Quini, o más bien de Tini, que es como se llama la estrella del ‘Parchelona‘ en la historieta.

El detonante de la historia es un escape de gas en la fábrica Gallinanueva, una factoría avícola que ha creado el invento definitivo: el huevo cuadrado. Al respirar el aire tóxico que sale de las chimeneas de Gallinanueva la cabeza de la gente se vuelve cuadrada. El primer contagiado no es otro que el Jefe, el director de la agencia de publicidad en la que trabaja López, la personalidad secreta de Superlópez. A raíz de su mutación, el Jefe se convierte en el Gran Hexaedro y funda el PA.CU. (Partido Cuadrado), una agrupación supremacista que defiende la perfección de la cuadratura frente a los “vulgares cabecirredondos”.

Los cabecicubos empiezan siendo una minoría, y son el hazmerreír de las personas “normales”. Insultados y perseguidos en las calles, unos cabecicubos desesperados deciden secuestrar a Tini para dar visibilidad a su padecimiento. Culé hasta la médula del Parchelona Superlópez, que ha permanecido 86 páginas equidistante en el conflicto cabezacubil, hierve de ira al ver a su ídolo secuestrado en la portada del ‘Múltimas Poticias’. Esa medianía con capa encuentra la guarida de los secuestradores y libera a Tini… que a esas alturas se ha contagiado y ya es un cabecicubo más.

La historia de los Cabecicubos deviene entonces en una conflagración civil entre cabezas redondas y cabezas cuadradas que podría ser un anticipo caricaturesco de lo que viene pasando en Cataluña con independentistas y tabarnarios. Cualquier parecido con el futuro es pura coincidencia.

Según contó años después Jan en una entrevista,

«Los Cabecicubos me salió ante la preocupación que había por el «ruido de sables» en aquella época y que desemboco en el ridículo asunto de Tejero… Es fácil de sacar conclusiones. Era una critica a las ideas fijas de los militares de la época franquista. Gracias a Dios que eso ya se ha superado.»

Con información de Superlópez Cronológico, Cachislamar, La opinión de Coruña y Wikipedia.

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