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La revolución rusa que empezó por culpa del punto y coma

27 Mar 2018
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Ad Absurdum

Tropas frente al Palacio de Invierno. Enero de 1905, momento del Domingo Sangriento. Fuente: Bundesarchiv.

El año 1905 fue muy convulso en Rusia. Los rusos estaban hasta las narices del zar y su régimen teocrático, y saltaban a la mínima. En agosto de ese año, para intentar calmar los ánimos después de meses de huelgas e insurrecciones, el zar anuncia la creación de la Duma, un parlamento consultivo. Parlamento consultivo; gracias por nada, Nicolás II.

Por supuesto, el censo electoral favorecía a los ricos sobre los pobres, no fuera que el régimen se descuajeringase. Y aunque la Guerra ruso-japonesa había llegado a su fin con el Tratado de Portsmouth, los rusos no estaban para mucho jolgorio, ya que habían sido humillados por Japón.

En ese contexto, llegó el mes de septiembre.

Ese mes las imprentas moscovitas se enojaron mucho y pidieron un curioso aumento de sueldo. Para entenderlo hay que saber que los impresores eran remunerados por cada letra impresa, pero no por la puntuación.

Eso se había acabado. En ese momento la imprenta Sytin empezó su propia “rebelión ortográfica”, como la califica China Miéville. Y es que el motivo principal era que querían  cobrar también los signos de puntuación. Obviamente también exigieron otras cosas: una jornada laboral más corta y una tasa de trabajo más alta por cada 1.000 piezas.

Una locomotora volcada por huelguistas en en Tiflis en enero de 1905.

El departamento de policía flipó un poco con el asunto, ya que les informaron de que la Unión de Tipógrafos de Moscú (prohibida por el gobierno) estaba armando lío, y de que poco después, el 24 de septiembre, cincuenta imprentas se habían unido a la huelga.

El gobernador de la ciudad calificó la huelga como una “acción arbitraria de diputados del Soviet de imprentas”. Le quedó un poco aguirresco eso. Este señor envió a la policía a repartir palos. Esto le quedó un tanto cifontil.

Pero no contaban con que pronto se sumaron a la ola de huelgas otros sectores, el más destacado de ellos, los panaderos, que plantaron cara a las tropas más temibles del zar. Sus acciones durante la huelga fueron tan duras que dos compañías del Primer Regimiento Cosaco del Don tuvieron que tomar la panadería Filippov al asalto.

Barricada en Moscú, calle Arbat. Diciembre de 1905.

El 2 de octubre los tipógrafos de San Petersburgo se pusieron también en huelga, en solidaridad con sus compañeros de Moscú. Los sindicatos ferroviarios pararon el tráfico de trenes y, en Moscú, una reunión de representantes obreros formó un Soviet para agrupar a los trabajadores moscovitas.

Tras unos días de paz tensa, los sindicatos ferroviarios convocaron una huelga general. Entonces se puso en marcha todo el mundo: se cortaron los cables de telégrafos, se pararon los trenes, las centrales eléctricas, tiendas…

El Soviet de San Petersburgo empezó a extender su influencia, fijar huelgas, etc. A su frente se encontraba un revolucionario joven y enérgico, Lev Bronstein, conocido como León Trotski.

Sóviet de delegados obreros de San Petersburgo. En el centro está Lev Trotski con papeles en la mano. 1905.

Para mitad de mes, la situación se le había escapado de las manos al gobierno del zar. Panaderos, abogados, ferrocarriles… incluso miembros del Ballet Imperial. Todo el mundo reclamaba un cambio, y el zar se agobió mucho.

El 17 de octubre publicó su Manifiesto de Octubre, concediendo poderes legislativos (es decir, ahora reales) a la Duma, sufragio limitado a los trabajadores urbanos varones (algo más que lo que había antes), se fundaron algunos partidos como el de los kadetes o los octubristas, que apoyaban al zar…

Era el fin de la teocracia zarista.

Y todo gracias a los tipografistas. El punto y coma más caro de la historia.

De hecho, León Trotski dijo que esta fue “la huelga que comenzó con los signos de puntuación y terminó con el absolutismo”.

Nota: las fechas ofrecidas pertenecen al calendario juliano. Así, por ejemplo, el 17 de octubre corresponde al 30 de octubre en el calendario gregoriano.

BIBLIOGRAFÍA:

TROTSKY, L., “The Strike in October”, en 1905.
MIÉVILLE, C., Octubre. Editorial Ariel.

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

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