El Papa español que excomulgó al cometa Halley

Imagen: Wikicommons.

Hubo un tiempo en que se excomulgaba a la ligera, lo mismo se excomulgaba a Lutero que a una plaga de langostas. Y por aquellos tiempos España tuvo a su primer papa, y claro, este no iba a ser menos.

El primer papa español fue Calixto III, que había nacido en la localidad valenciana de Torreta de Canals con el nombre de Alfons de Borja i Cavanilles. Y sí, este era uno de los Borja (o Borgia) que darían forma a la casa cruel y corrupta que campó a sus anchas por la Italia del Renacimiento.

Pero este primer Borja, aunque también cometió sus fechorías, no participó de las grandes intrigas que protagonizaría pocos años después el resto de la familia. En lugar de ello, el pontífice pasó a la historia por sus excentricidades.

Aunque si una destaca por encima de todas, esa es, sin lugar a dudas, la excomunión al cometa Halley.

Todo comenzó en 1456, cuando unos astrónomos alertaron al papa de que un enorme cometa se aproximaba al planeta Tierra, y que aquello podía suponer una gran catástrofe. El pontífice, que por entonces andaba preocupado por los movimientos del ejército turco, consideró que se trataba de un mal presagio, o incluso de un castigo divino por permitir que los turcos se hicieran con Constantinopla tres años antes.

Así que Calixto, ni corto ni perezoso, se lanzó a elaborar un plan infalible que desviase el cometa de su trayectoria.

El cometa Halley, en el cuadro de Giotto 'Adoración de los Reyes Magos' (1305).

Primera medida del plan: excomulgar al cometa. Curiosa medida esta de excomulgar algo que aún está sin bautizar, ya que faltaba algo menos de dos siglos para que el astrónomo Edmund Halley le prestase su nombre.

Segunda medida: unir a todos los príncipes y reyes cristianos con el objetivo de hacer un frente común que frenase el avance musulmán.

Tercera medida: imponer el rezo del Ángelus al mediodía para todos los cristianos, para que así la oración de millones de cristianos frenase el avance cósmico. Es curioso, pero había una variable en este último punto: si la oración no conseguía frenar el cometa, al menos lograría desviarlo hasta hacerlo impactar contra Constantinopla y aplastaría a los turcos.

Quizá el plan no era tan disparatado como pensamos, pues el cometa efectivamente no impactó contra la Tierra, sino que pasó de largo.

El plan B era que el mismo Papa viajase en uno de estos a detenerlo.

En 1705 Edmund Halley calculó la trayectoria del cometa Halley y ya no hizo falta que el Papa excomulgase nada ni que se impusiese ninguna oración. No obstante, el Ángelus se sigue rezando, por lo que pueda pasar...

Aunque muchos han puesto en duda la veracidad de estos acontecimientos, o al menos de parte de ellos, así lo relató el célebre astrónomo y matemático francés, Laplace. Hay quien señala que durante la Ilustración algunos científicos y racionalistas como Laplace trataron de desacreditar la religión y a la Iglesia inventando historias disparatadas como esta.

En cualquier caso, es cierto que hubo una época en que se excomulgaba a la ligera. Hoy, por suerte, las cosas han cambiado. Hoy los religiosos recurren a los tribunales y son estos los que te aplican una excomunión moderna.

Fuente: Público.

Bibliografía:

GONZÁLEZ RUIZ, D. (2010). Breve historia de las leyendas medievales. Ed. Nowtilus.
CONCOSTRINA, N. (2010). Menudas historias de la Historia. Ed. La Esfera de los Libros.

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

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