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Las comidas más asquerosas de España (y parte del extranjero)

07 Abr 2018
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Iñaki Berazaluce

Los españoles tenemos muy a gala aquello de que “como en España no se come en ningún sitio”, frase chauvinista que es perfectamente extrapolable a Uganda o a las Islas Fiji. Desde luego, no es fácil encontrar allende nuestras fronteras sesos de cordero servidos en su propio cráneo, un plato como de peli de Indiana Jones que uno puede degustar en La Rioja. O la indigesta sopa de ajo “escupitiñá”, en la que el cocinero mastica el pan hasta que está bien empapado con saliva y lo escupe al plato, un manjar con el que agasajan a los viajeros en la Galicia profunda.

Crestas de gallo

 

Imagen: Manjar natural.

Típico de: Zamora.

Receta: Aunque hoy encontrar crestas de gallo guisadas es de una rareza incluso en su tierra natal, parece ser que el mismísimo Leonardo de Vinci describió la receta de crestas de gallo con migas: “Aseguraos de elegir un gallo grande, mayor de doce años de edad y de que su cabeza levante el menos 60 centímetros del suelo antes de quitarle la cresta…”

Ascómetro: 8/10. El aspecto es de seta, la textura, de seitán y el sabor, de palo de gallinero.

Imagen: Cocino como en casa.

Lamprea en su propia sangre

Típico de: Galicia.

Receta: La lamprea es un bicho acuático gelatinoso y con una boca dentada con la que chupa la sangre de otros peces y tiburones. Estos escurridizos gusanos de mar son considerados una delicatesen en Galicia, donde se los cocina hervidos en su propia sangre.

Ascómetro: 6/10. Cuando pruebes este “manjar” no olvides que estás devorando un vampiro marino.

Sopas de ajo “escupitiñás”

Típico de: Galicia Profunda.

Receta: Es la típica sopa de ajo pero con un pequeño “toque” por parte del cocinero: “escupe el pan en la sopa después de tenerlo el tiempo adecuado en la boca”, según nos cuenta nuestro querido lector Luis Quiroga, que degustó esta esquisitez en los Ancares de Lugo.

Ascómetro: 10/10. Insistimos: ESCUPITIÑÁS.

Francisco Quiles, preparando un salón. Imagen: Jorge Trenado, Hoy.es.

Salones de oveja

Típico de: Cuenca.

Receta: Cecina elaborada con la piel de la oveja y su carne, secada tras fallecer el animal por accidente o por vieja.

Este plato ancestral que huele a rancio sólo con leer el nombre ya se elaboraba en los tiempos de las Mestas y hay quien asegura que algunos pastores aún se alimentan de “salones” en la Mancha y en Aragón. En Webos Fritos te explican minuciosamente cómo hacer tu propio “salón” sin pasar por el Mercadona.

Ascómetro: 8/10.


Imagen: La Muerte.

Sesos de cordero en su cráneo

Típico de: Haro (La Rioja).

Receta: Ábrase el cráneo del cordero, previamente muertos, s entiende. Hornéense las cabezas sobre un lecho de cebolla. Para mayor emoción, deje los ojos del cordero en sus cuencas. Si logras soportar su mirada culpabilizadora, disfrutarás de un sabor sorprendente.

Ascómetro: 10/10. Al ver semejante presentación nos viene a la (¡ay!) cabeza, aquel legendario sorbete de sesos de mono –servido en su propio cráneo- que le ofrecían a Indiana Jones en alguna de sus aventuras.


Imagen: Con Pan y Postre.

Manteca colorá

Típico de: Andalucía.

Receta: Si pernoctas en casa de un andaluz es más que probable que en el desayuno no encuentres  junto al pan mantequilla o aceite sino una densa pasta roja con pinta de sobrasada aunque un poco más gelatinosa. Se trata de la indigesta manteca colorá, un mejunje de grasa de cerdo y pimentón que promete acompañarte en forma de regüeldos hasta la cena y más allá.

Ascómetro: 4/10. Si logras sobreponerte a la primera oleada aromática hay que reconocer que no está ni tan mala.

Imagen: David de Jorge.

Leche tibia con bacalao

Típico de: País Vasco.

Receta: Tildar de “típica” esta “receta” probablemente sea exagerado. Porque el “Tazón de leche tibia azucarada con pedazos de pan y pellizcos de bacalao en salazón” es una de las “guarrindogadas” recopiladas por el Robin Food de los fogones: “Hace falta ser Barbarroja y arponear ballenas para cogerle el gusto a tal brebaje”.

Ascómetro: 7/10. La combinación de sabores es, cuando menos, desafiante.

Imagen de Historias y platos.

Gallinejas y entresijos

Típica de: Madrid.

Receta: Una de las sensaciones más infernales vividas por este cronista tuvo lugar durante unas fiestas de San Isidro, cuando, bajo un sol de justicia, atravesé el pasillo de chiringuitos donde se fríen ingentes cantidades de tripas de cordero, con objeto de aromatizar tal celebración. Al lado de la gallineja, el zarajo de Cuenca es un evanescente bocatto di cardinale.

Ascómetro: 9/10. Todo un desafío para los omnívoros.


Imagen: Trip Advisor.

Sangre encebollada

Típica de: Andalucía.

Receta: Se elabora con sangre de pollo y probablemente te sonará de verla en la vitrina de un bar, a la espera de que algún parroquiano se atreva a hincar el diente a esa suerte de pudding caníbal.

Ascómetro: 8/10.

Imagen: Metrópoli de El Mundo.

Calamona

Típico de: Asturias.

Receta: Del cerdo se aprovecha todo, y esto incluye su mirada suplicante y su rictus de horror tras sumergir el cráneo del cochinillo en la freidora. La “calamona” que es como se denomina esta cochinada se sirve en algunos remotos lupanares de Asturias y también en restaurantes de casquería cool, como La Tasquería de Madrid.

Ascómetro: 8/10. Toda una invitación a hacerse vegetariano.

Adoquines del Pilar

Imagen: La Comida Típica.

Típicos de: Zaragoza.

Receta: No queríamos acabar este menú carpetovetónico sin un postre bien indigesto, así que hemos escogido el adoquín del Pilar, ese caramelo de hasta medio kilo en forma de ladrillo que es, literalmente, imposible de finalizar, si no es sacrificando alguna pieza dental.

Ascómetro: 5/10. Sólo es azúcar, pobre.

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