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José Banús, el espía de Franco que se forró con El Valle de los Caídos y creó el lujoso Puerto Banús de Marbella

15 Jun 2018
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Jaime Noguera

“Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos”, dijo Francisco Franco durante un discurso en Lugo el 21 de agosto 1942. Y no le faltaba razón. Entre los miembros de la clase social “franquista” que forjaron su fortuna gracias a la corrupción sistémica del régimen, hoy queremos destacar a José Banús, un empresario que se hizo de oro gracias a explotar a trabajadores-prisioneros del conjunto monumental funerario del Valle de los Caídos y que acabo siendo el dueño de la inmobiliaria más poderosa del franquismo.

A José Banús se le otorgan siempre en el ámbito turístico los calificativos de “visionario” y “pionero”. Fundador de la Marbella del lujo y la jet set junto a Alfonso de Hohenlohe, nada en sus humildes orígenes hacía prever su rutilante éxito en los negocios. Pero con él se cumplió el dicho de “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. El creador de Puerto Banús (y de los barrios madrileños de la Concepción y del Pilar) nació en La Masó, un pequeño pueblo de Tarragona, en 1906, en el seno de una familia humilde. Dejó de estudiar a los catorce años para ayudar a su padre en un negocio de construcción en  la misma localidad catalana.

Espía y quintacolumnista

Como contó Alberto Vargas Laguna en La Razón, durante la guerra civil (que pilló a José Banús en Madrid) estableció cerca de Génova unos «contactos asombrosos» con el espionaje franquista.

Para evitar ser enviado al frente de batalla, Banús se hizo pasar por enfermero y masajista, afiliándose (para disimular, claro) a la Confederación Nacional de Trabajadores. Fue destinado al Hospital Militar número 24, en el que se trataba a heridos de las  unidades anarquistas combatientes en los frentes de Somosierra y Talavera. Aprovechó el puesto para crear, junto a viejos amigos falangistas, un grupo clandestino que pudiese controlar rápidamente los servicios básicos de Madrid cuando las tropas rebeldes consiguiesen entrar en la capital.

Al no suceder esto, Banús participó de forma destacada en la creación de una de las redes quintacolumnistas más eficaces de la Guerra Civil. Al menos hasta el 5 abril de 1938, cuando el SIM (Servicio de Información Militar, agencia de inteligencia y del servicio de seguridad de la Segunda República Española) puso en marcha una enorme redada en Madrid en la que detuvieron a casi 200 personas, entre los que figuraban José Banús y sus colaboradores más cercanos, que fueron acusados de espionaje y alta traición. ¡Ahí es nada!

El 1 de agosto de 1938 y a petición del Fiscal, el presidente del Tribunal Especial de Guardia número 1 de Madrid le condenó a muerte, aunque la sentencia nunca se cumplió. Banús sirvió en la Casa de Trabajo de Alcalá de Henares, un batallón disciplinario donde trabajó en la realización de campos de aviación y carreteras. El 30 de marzo de 1939, al entrar los facciosos en Madrid, como era de esperar, José Banús quedó en libertad.

José Banús, recibiendo una de las condecoraciones que le otorgaría Franco.

Explotador de presos para construir el Valle de los Caídos

En la posguerra, Banús controlo el suministro en Madrid de áridos y gravas, pero el pelotazo lo pegó con el monumento funerario más controvertido de nuestro país. Monto con su hermano Juan la empresa Construcciones Molán, que excavó la galería sobre la que se alzaría el conjunto arquitectónico. También , como leemos en ‘Ricos por la Guerra de España’, de Mariano Sánchez Soler, se encargaron de contruir la carretera de acceso a Cuelgamuros.

José Banús se encargaba personalmente de recorrer el centro de detención de San José de Valderas para seleccionar a los presos que realizarían las durísimas obras a cambio de comida y de redimir tres días de condena por uno de trabajo. También cobrarían un mísero salario, del que el Ministerio de Justicia les retendría un 50%, supuestamente en concepto de gastos por su manutención. Banús, emulando a Mengele o algún otro criminal nazi, interrogaba a los presos candidatos sobre su edad, les tanteaba los músculos para comprobar su fortaleza y les miraba los dientes, como si fuesen mulas de carga. Estos hombres trabajaron “a la romana”, como se decía entonces, extrayendo a mano los enormes bloques de granito para el panteón franquista.

Según comenta el historiador Nicolás Sánchez-Albornoz en su libro ‘Cárceles y exilios’ (2002), el de Banús fue el de «peor trato y fama» de entre los tres destacamentos penitenciarios de Cuelgamuros.

El imperio del ladrillo

A partir de la faraónica obra, el volumen negocios de José Banús aumentó de una manera impresionante. Tras levantar (con las convenientes triquiñuelas legales, ya que José Banús era presidente de la Junta oficial que expropiaba terrenos done luego él levantaba los bloques de apartamentos con su empresa privada) los barrios madrileños de la Concepción y del Pilar En 1962 se trasladó a la Costa del Sol con una idea palpitándole en el cráneo: erigir un complejo turístico de fama internacional.

Pelotazo en Banus

Al llegar a la Costa del Sol  Banús compró 1.200 hectáreas de terreno y construyó en ellas Nueva Andalucía, complejo urbanístico con puerto deportivo con atraque (sic) para 900 barcos, plaza de toros con 12.000 localidades, tres hoteles de cinco estrellas, campos de golf y servicios de lujo. Dos kilómetros de playa donde el “Onassis hispánico” fraguó con el tiempo su nueva imagen como artífice del éxito de Marbella,  años antes de que Jesús Gil intentase hacerse con el título).

A la inauguración de Puerto Banús, el 2 de agosto de 1970 acudieron Don Juan Carlos y Doña Sofía (ver foto de cabecera de este post), los príncipes de Mónaco, Rainiero y Grace Kelly, el Aga Khan, o el fundador de «Playboy», Hugh Hefner. Como no podía ser de otra forma, amenizó musicalmente el evento Julio Iglesias. Pronto llegaría la lluvia de petrodólares saudíes, pero eso es otra historia.

Tras la muerte de Franco, la fortuna de José Banús se calculó en más de 100.000 millones de pesetas. El magnate falleció en 1984, a los 80 años, en una clínica privada de Madrid. En su momento fue el más rico del cementerio.

Rainiero y Grace Monaco, junto a José Banús, en la inauguración de Puerto «ídem».

Con información de La Razón, San Pedro Información y Dadadista, además de los libros Ricos por la Guerra de España, de Mariano Sánchez Soler y Cárceles y exilios, de Nicolás Sánchez-Albornoz.

Jaime Noguera es autor de la novela España: Guerra Zombi.

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