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La disparatada (y exitosa) idea de bombardear las playas con balones de Nivea

17 Jul 2018
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Iñaki Berazaluce

Brainstorming en el cuartel general de Nivea Beiersdorf, Hamburgo, interior día: “Este es el plan: enviaremos una escuadra de avionetas que recorra las playas de España lanzando unos balones hinchables gigantescos con la palabra NIVEA. No los lanzaremos junto a la arena sino en lo profundo, para que sólo los más valientes y temerarios se atrevan a llegar. Toneladas de plástico a la deriva en los mares y balones arrastrados por las olas a kilómetros de la orilla. ¿Qué puede salir mal?”

Sí, en su momento parecía una buena idea, y seguramente lo fue: la campaña de balones Nivea lanzados desde el cielo supuso un antes y un después en la mercadotecnia presencial, como se decía entonces, o publicidad ‘bellow the line‘, como se llamó muchos años más tarde. Si veraneaste en la playa en los 70 y en los 80 y sobreviviste para contarlo, seguramente rescataste alguno de aquellos pelotos enormes (demasiado grandes para servir de pelota de playa) que soltaban las avionetas (más tarde helicópteros) de Nivea.

Como tantas otras cosas que creíamos genuinamente españolas en nuestro ingenuo chovinismo pre-internet, la campaña de Nivea era en realidad tan internacional como la propia marca. Los balones hinchables de Nivea empiezan a aparecer en las playas alemanas en los años 30 del siglo pasado, coincidiendo con el auge del nazismo y los camisas pardas, sin que en principio exista una relación casual entre lo uno y lo otro. No sería hasta los años 50 cuando Beiersdorf pone en marcha la descabellada idea de anegar las playas con balones hinchables lanzados desde el aire, una idea cuando menos audaz teniendo en cuenta que estuvieron lloviendo trolebuses sobre Alemania apenas unos años atrás.

El éxito de la pelota de Nivea en Alemania hizo que la multinacional se animara a exportar la campaña a otras latitudes, a medida que la costumbre de acudir a la playa fue extendiéndose por Europa en los años 60 y 70, coincidiendo con la explosión de la clase media, el turismo de masas y la inefable sociedad de consumo.

“Había un plan para visitar las playas más importantes de España durante los meses de julio y agosto”, explica una veterana trabajadora de Nivea en una entrevista con El Confidencial: “Los ansiados balones solo aterrizaban en cada playa una vez por temporada, alimentando así la leyenda de la misteriosa avioneta que solo se dejaba ver en contadas ocasiones. Así alcanzábamos el máximo posible de bañistas y dábamos la oportunidad a más gente”.

El eco del motor de la avioneta acercándose a la playa de turno era recibida con expectación, primero, y algarabía después, por los bañistas, que se lanzaban mar adentro a por su pelota de Nivea como si le fuera la vida en ello. Minutos después, cientos de familias jugaban en la playa con idénticos balones plásticos de unos 60 cm de diámetro. La idea era tan redonda como el propio objeto de deseo: los bañistas no sólo habían participado en un multitudinario happening -una experiencia catártica colectiva que entronca con los “culto cargo”- sino que se convertían en anuncios andantes de la crema solar.

Con estos mimbres no es de extrañar que algunos nostálgicos pidan en Change.org que Nivea vuelva a lanzar balones desde el aire, en un vano intento por resucitar aquellos eternos veranos de nuestra infancia. Pues va a ser que no. Según concluye lacónico el propio artículo de Paula Cantó en El Confidencial:

“Este tipo de publicidad en dominio público marítimo-terrestre quedó expresamente prohibida en 1988 al aprobarse la Ley de Costas“. En su artículo 38, la ley prohíbe “la publicidad permanente a través de carteles o vallas o por medios acústicos o audiovisuales.” Además, en su artículo 56 se prohíbe el vertido de material plástico y residuos al mar y su ribera. “Lógicamente, el lanzamiento desde el aire de balones de plástico podía hacer que éstos acabasen fuera de control en el agua”.

Con información y fotos de Beiersdorf, El Confidencial y Muy buena idea.

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