Gordos sin complejos: así eran los clubes para obesos en el siglo XIX

Hace ya mucho tiempo que tener unos kilos de más está mal visto. Más allá de los problemas de salud que el sobrepeso puede conllevar, la sociedad castiga duramente a quienes usan tallas grandes. Si tu físico no se ajusta a los cánones establecidos, estás perdido. Tanto es así que, hace ya algunos años, los gordos de Estados Unidos decidieron levantarse en pie de guerra para exigir respeto. El 'orgullo gordo' se empezó a extender en un país que, allá por el siglo XIX, vio cómo se popularizaban los clubes en los que las personas algo pasada de peso se unían para lucir orgullosas sus prominentes michelines.En 1.869 se reunió por primera vez la Fat Men’s Association of New York City (la Asociación de Hombres Gordos de la ciudad de Nueva York). Se trataba de una tradición que había llegado a Norteamérica procedente de Europa.

En sus reuniones, al margen de las ingentes cantidades de comida que podían devorar los asistentes, los miembros de estas asociaciones lucían sin vergüenza sus grasientos cuerpos y, para todos ellos, aquello era un signo de honorabilidad. Para pertenecer a los mismos, eso sí, había que sobrepasar las 200 libras, es decir, lo 90 kilos de peso. Si no cumplías este requisito y no podías permitirte pagar 1 dólar, tan solo podías limitarte a ver cómo lo pasaban en grande.

Además, no todo el mundo era digno de acceder a estos selectos grupos. Aunque había clubes como el de Nueva Inglaterra, que llegó a contar con 10.000 socios, formar parte de estas asociaciones, que acabaron cayendo en el olvido, era todo un signo de distinción social. Abogados, contratistas, sargentos, jueces y rabinos eran habituales en este tipo de asociaciones, que acababan por convertirse en eventos para hacer negocios entre aquellos que tenían una gran amplitud de circunferencia.

Organizaban todo tipo de eventos donde, claro está, lo más importante era la comida. Tal era la importancia de llegar al peso mínimo, que las reuniones se anunciaban con suficiente antelación como para que los miembros de la asociación pudieran engullir lo suficiente para no defraudar al subirse a la báscula.

En estas veladas donde nadie escondía su voraz apetito, ocurrían cosas tan alucinantes como la protagonizada por el presidente de la Asociación de Hombres Gordos de Nueva York en agosto de 1884. Sin ningún reparo, el bueno de Philetus Dorion ingirió tal cantidad de comida que ganó 8 libras de una tacada (más de 3 kilos). Tal era el espectáculo, que muchos de los que pasaban por allí no podían evitar mirar atónitos cómo aquellos tipos se daban un buen homenaje. Tanto es así, que incluso la festividad se trasladaba a todo el barrio.

"La gente del pueblo esperaba con interés las reuniones de verano", relataba un periodista de la época. "Los niños se reunían en la estación de ferrocarril a medida que llegaban los huéspedes. Ellos disfrutaban viendo a los miembros de gran tamaño caminando por las calles". Miraban sorprendidos cómo se reconocían los unos a los otros, además de por su tonelaje, por las contraseñas y los apretones de manos que servían de clave secreta.

Pero, como decíamos, estos clubes también se establecieron en el Viejo Continente. De hecho, más allá de las instantáneas que muestran hoy lo que ocurría en las reuniones de hombres gordos estadounidenses, un vídeo refleja cómo era una jornada en el club francés llamado 'Les Cent Kilos' (los cien kilos, en castellano).

https://www.youtube.com/watch?v=nK3652z58us

Eso sí, esta buena estima en que se tenía a los hombres entrados en carnes no era igual para las mujeres. Con ellas, por desgracia, la actitud de sus conciudadanos era diferente. Aunque también existían las asociaciones de mujeres gordas, lo cierto es que eran mucho más comunes los clubes de reducción de peso destinados a las chicas. Lo que resultaba más llamativo, según apuntan algunos historiadores, es que si bien los clubes de hombres gordos servían para representar cierto estatus social de sus miembros, también tenía su significado que las mujeres se quedaran al margen. Así, apuntan, les recordaban que su papel en la sociedad quedaba relegado al hogar y a carecer de poder alguno.

Cuando llegaron los años 20 y la Revolución Industrial empezó a trastocar numerosos aspectos de la vida, la obesidad empezó a ser un problema acuciante y las autoridades sanitarias comenzaron a tomar cartas en el asunto. Los clubes de hombres gordos fueron perdiendo socios, hasta tal punto que a la última velada que celebró el club de hombres gordos de Nueva Inglaterra en 1924 solo acudieron 38 hombres y ninguno de ellos superaba la barrera de las 200 libras. Todo un deshonor. Desde entonces, nada más se supo de los clubes de hombres de gran tonelaje. Luego, en el siglo XXI, llegaron los fofisanos, pero ya nada seria como antes. Muy pocos son los que, a estas alturas, lucen con orgullo sus prominentes tripas sin miedo a lo que puedan decir de ellos.

Con información de Huffington PostElPais.com y NPR.

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