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Morir a los 17: los fatales peligros de la masturbación según un manual del siglo XIX

30 Ago 2018
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Antes y después de caer en las garras de Onán.

Lo de matarse a pajas no es una hipérbole sino un riesgo real que asume el siervo de Onán cuando le da al manubrio. Esa es al menos la moraleja de un tremendo manual (con perdón) publicado en Francia en 1830, con el enigmático título de ‘Libro sin nombre’, y cuyo protagonista entra en una letal espiral de tocamientos y decadencia física que hace pasar por saludables a los yonquis de metanfetamina de Dakota del Sur.

Si Dios no hubiera querido que los hombres se masturbaran el pene no tendría forma de joystick. Sin embargo, los guardianes de la moral llevan dando la tabarra sobre los riesgos de la masturbación desde el Libro del Génesis. Puede que incluso a ti, querido lector, te hayan advertido de que te puedes quedar ciego si le das demasiado al cimbel.

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Era joven y guapo… el orgullo de su madre.

No fue hasta el siglo XVIII y el advenimiento de la época victoriana que al supuesto daño moral que ocasionaba la masturbación se añadió el daño físico y comenzó a decirse que la masturbación, además de condenar las almas, ocasionaba un número increíble de enfermedades. Se idearon muchos métodos para descubrir a los niños y niñas masturbadores, y se crearon numerosos remedios contra la masturbación.

En las estampitas que ilustran el ‘Libro sin nombre’ se aprecia la imagen de un espantoso sujeto: el masturbador. Por lo menos, así lo mostraban los libros «científicos» del siglo XIX. En los grabados está, en primer lugar, el masturbador habitual (listo para convertirse en imbécil); luego, el masturbador desenfrenado (loco de atar, ya); y, por último, el masturbador crónico (con evidencias de oftalmía espermatorreica).

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¡Ha caído en el vicio! En poco tiempo envejece y empieza a salirle una chepa delatora.

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Un fuego devora sus entrañas, empieza a sufrir horribles dolores de estómago.

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Mira sus ojos, una vez puros y brillantes. ¡Ha desaparecido el brillo! Una banda de fuego marca su contorno.

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El pajillero ya no puede caminar. Sus piernas no responden.

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Terribles sueños impiden su descanso. No puede dormir.

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Sus dientes se pudren y empiezan a caerse.

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Su pecho está en llamas. Empieza a toser sangre.

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Su cabello, otrora tan bello, empieza a caerse como si fuera un viejo. Se queda prematuramente calvo.

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Está hambriento y trata de comer, pero los alimentos no aguantan en su estómago.

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Su pecho está obstruido. Vomita sangre.

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Todo su cuerpo está cubierto con pústulas. Está terriblemente enfermo.

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Una lenta fiebre le consume. Languidece, todo su cuerpo arde.

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Todo su cuerpo está podrido. Ya no puede mover sus miembros.

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Delira. Lucha contra la muerte, pero la muerte es más fuerte.

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A los 17 años muerte entre terribles tormentos.

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Las imágenes del libro han sido escaneadas y publicadas por Dittrick en su blog. Vía Dangerous Minds. Con información de Wikipedia y Taringa.

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