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“El gitano de Berlín”, el soldado nazi que se metió a torero

26 Sep 2018
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Jaime Noguera

 

¿Qué hizo que un alemán de Silesia decidiese hacerse torero en medio de la conquista de Francia por las tropas del III Reich? Waldemar Riedel, ajeno al rechazo social que produciría la tauromaquia poco más de medio siglo después del posado pactado de Hitler en la Torre Eiffel, fue marginado por su fascinación por vestir la montera y el capote. Para más señas, en la ciudad de Viena. Según publicó el 22 de septiembre de 1955 el entonces popular semanario El Ruedo, Riedel (que en us infancia intentó torear vacas) fue acusado de ser fascista por los Aliados cuando confesó que su mayor deseo era viajar a España y aprender a torear.

Cuando la publicación (nacida como suplemento del Marca en 1944) entrevistó a Riedel en 1955, “el gitano de Berlín” (que así le gustaba que le llamasen) ya había hecho sus primeros pinitos en Las Rozas, Benavente y Lozoyela. Eso, después de esperar más de una década para viajar a nuestra piel de toro con la intención de aprender “el arte de lidiar toros” (La R.A.E dixit).

“Primero, por la guerra de ustedes; luego por la nuestra. Yo fui soldado de la Luftwaffe durante año y medio. Luego caí prisionero de los rusos y estuve en los campos de Przemysl y Lemberg, en Polonia, casi dos años más. Cuando haciéndome pasar por checoslovaco conseguí escapar a Praga y Viena, los aliados una y otra vez me negaron los pasaportes para venir a España, que era mi propósito y mi ilusión desde hacía tanto tiempo. Es gracioso; siempre que en Viena pedía pasaportes para España y decía que quería ser torero las autoridades se reían de mí y me acusaban de fascista.

¡Pues normal! Si hubiese dicho que quería viajar a Brasil a aprender a bailar la samba, otro gallo le hubiese cantado. Con lo fácil que hubiese sido para Riedel el haber explicado que quería abrir una cervecería en la Costa Blanca o un puesto de salchichas en Torremolinos…Pues no, él era así de sincero y por eso le contó tanto llegar a nuestro país. Cuando el entrevistador le preguntó de dónde nació su extraña (para un alemán) vocación, la respuesta fue igual de sorprendente.

“De niño y viendo en la biblioteca pública de mi pueblo revistas españolas. Luego de esto yo me puse a intentar torear en nuestras granjas, y nada, ni podía:los toros de allá no son ‘rabiosos’”

“Yo pensaba que el toro siempre embestía al capote”

Tras su intento por hacer que vacas germanas embistiesen el mantel de la cocina, Riedel tuvo la inmensa suerte de encontrarse con un anuncio de una escuela de tauromaquia de Madrid en un periódico en alemán. Y allí que se apuntó el teutón. Por cierto, aprendió rápidamente que torear no era como se lo había imaginado. Así lo explicaba en la entrevista realizada por el periodista firmante de la misma,  José Luis Oñana.

“Mucho más difícil. Y distinto. Desde Alemania yo pensaba que el toro embestía siempre al capote y a la muleta, y que el toreo consistía únicamente en estarse quieto en la Plaza. Cuando llegué a Madrid y vi la primera corrida, yo pensé: ‘Estar quieto en la Plaza, muy difícil.’ Y me entristecí y desilusioné algo. Pero decidí ponerme a la tarea de aprender con mucho interés y aplicación. Con sol o lluvia, calor o frío, ‘yo siempre a la clase, a aprender’. Yo no quería perder un minuto más de tiempo. Y ahora que ‘yo ser perfecto, nadie quiere me dar corridas’.

— ¿Y eso?

— Desde mi país yo creía que con venir a España o conocer a un matador, ya era suficiente para poder hacer mi presentación en una Plaza de categoría. Pero aquí he comprendido que todo es menos fácil y que cada matador tiene bastante con procurarse sus propias corridas. Ya visité a empresarios, y sobre esto mejor es no hablar. Se ríen de mí cuando les digo que soy alemán, y me argumentan con que para torear hay que tener gracia, y que un alemán es un…un… No me recuerdo; es una palabra gitana, andaluza

— Un “esaborío”.

— Eso, eso.

— ¿Y a usted qué le parece?

Que es un triste sino ser alemán y torero. En Viena se reían de mí porque decía que quería torear en España. En España se siguen riendo porque pido que me tengan por torero. Y en cuanto a eso de la gracia, yo tengo ya muchas amigas españolas, de las que tomo lecciones muy provechosas. Porque las mujeres españolas son todas unas estupendas profesoras de gracia.

Desconocemos el destino del chanante torero alemán, pero a juzgar por la búsqueda realizada en Google debió volverse a Alemania o acabó asentándose en algún pueblo de Gran Canaria o Mallorca, probablemente junto ama alguna “profesora de gracia”.

Con información de El Ruedo vista en la Biblioteca Digital de Castilla y León.

Jaime Noguera es bombero torero jubilado y autor de ‘España: Guerra Zombi‘.

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