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Cuando practicar la sodomía en los galeones españoles estaba castigado con la hoguera

06 Sep 2018
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Jaime Noguera

“Mandamos que cualquier persona, de cualquier estado, condición, preeminencia o dignidad que sea, que cometiere el delito nefando contra naturam (… ) que sea quemado en llamas de fuego”. (Pragmática de 1497, firmada por los Reyes Católicos)

Disfrutar del sexo heterosexual a bordo de un galeón español resultaba prácticamente imposible, porque las mujeres que se embarcaban en ellos eran muy pocas y las que lo que hacían solían ir bien protegidas y vigiladas por padres o maridos. En las largas travesías del Siglo de Oro, los hacinados marinos españoles tomaban como norma aquel aforismo que afirma “en tiempo de guerra, cualquier agujero es trinchera”, arriesgándose a acabar en la hoguera por caer en el conocido como “vicio nefando”. Y es que la Armada española no veía con buenos ojos (al menos oficialmente) las prácticas sodomitas a bordo de sus bajeles.

«Los hermanos pinzones era unos mari…neros, que se fueron con Colón, que era otro…marinero». (Cristobal Colón, de oficio descubridor, Mariano Ozores, 1982)»

Para construir un imperio hace falta tenerlo muy controlado y muy ordenado. España fue de las mejores naciones en departamentarlo todo. En el estamento naval, encargado de explorar las nuevas tierras, transportar tropas, colonizadores y bienes materiales,  hasta las relaciones sexuales estaban reguladas de alguna forma. Lo explica sin pelos en la lengua Xabier Lizárraga en su Una historia sociocultural de la homosexualidad, Paidós, México).

«Los galeones españoles, por ejemplo, poseían un detallado código de marinería, que especificaba la parte de libertad sexual y fidelidad que se esperaba de todos los hombres que ‘pertenecían’ a otros durante un viaje; fue un intento de controlar los celos furiosos y mantener mejor el orden en la nave«

Sodomizar a los congéneres

En los 150 metros cuadrados de una nao, habitada por unos sesenta hombres, como escribió Fernanda Molina en su artículo La sodomía a bordo. Sexualidad y poder en la Carrera de Indias (Siglos XVI-XVII) las relaciones de poder se tradujeron en vínculos sexuales no consensuados, en donde el individuo socialmente dominante reducía o ‘sodomizaba’ al dependiente. Esta situación se ejemplificó con el paradigma de la pasividad y la actividad sexual, según el cual, quien desarrollaba el rol de agente era identificado como el ‘perpetrador’ del acto sexual y, por lo tanto, como el sujeto de la relación. En contraposición, el paciente se asociaba con el ‘penetrado’, convirtiéndose en el objeto de la relación. Obviamente, esta conceptualización reflejó los estereotipos sexuales de género de la época que, por un lado, atribuían a los varones la capacidad y la potencia sexual y procreadora mientras que, por otro lado, identificaban a las mujeres como seres sexuales pasivos. En este sentido, aquellos que actuaban como ‘pacientes’ en el marco de la relación sodomítica eran feminizados y considerados dependientes respecto de quienes desempeñaban el rol de ‘agentes’ en la relación.(…) Por lo tanto, en el período estudiado, sodomizar a los congéneres constituía un elemento básico para el reforzamiento de la identidad masculina y formaba parte de la cotidianidad del ‘ser hombre’

Carne fresca

En los barcos del imperio donde nunca se ponía el sol, «Una de las variables más recurrentes en la correspondencia entre las relaciones de poder y las relaciones sodomíticas fue la edad. Esta dependencia de los jóvenes a los adultos respondía al modelo patriarcal de familia, según el cual el patriarca no sólo tenía la capacidad de someter a su esposa sino también a sus hijos, como un amo poseea su esclavo

Uno los casos registrados por las autoridades, que ilustran este análisis, tuvo lugar a bordo de una nao anclada en la bahía de Cádiz en mayo de 1562. Allí, Alonso Prieto, grumete huérfano de catorce años, acusó a Antón de Fuentes, lombardero (artillero)  de intentar abusar de él. Alonso declaró que Antón lo había llevado bajo cubierta para que le “detuviera una candela” para después ordenarle que se sentara sobre sus piernas y se desvistiera, ante lo cual Alonso “se bajo los zaraguellos y el tal Anton de Fuentes le tentava las manos e luego le tento por encima del espinazo y las nalgas y el culo y le metia un dedo […]”. Antón trató de penetrar a Alonso pero éste “sintió que se lo metia y se desvió de el […] dando boces”. El artillero le suplicó silencio ofreciéndole lo que quisiera a cambio. pero el muchacho lo denunció.

El lombardero se defendió asegurando que, simplemente, como con muchos otros compañeros de flota, le había intentado curarle unas heridas en los pies. Alonso Prieto afirmo que el artillero, en efecto, se había  ofrecido a curárselas pero en realidad “le habia metido los dedos por el sieso e que el dho Antón de fuentes con su natura se lo queria meter por el sieso eque como se lo sintió le dijo ¿soy yo moro o turco que me quereis?

Tras ser torturado sin llegar nunca a confesar el crimen y posteriormente juzgado, Antón de Fuentes fue condenado a dos años sin poder navegar en los barcos de la Carrera de Indias, bajo pena de suspensión perpetua si incumplía la condena.

Sexo por comida

Los llamados “pajes” eran los miembros más jóvenes de las tripulaciones, pues embarcaban con 8 o 9 años de edad. Existían dos tipos de pajes; los que tenían algún parentesco con oficiales superiores y “los pajes de nao” que se alistaban huyendo de la orfandad o pobreza. Los primeros tenían la obligación de servir a sus amos y aprender el oficio cuanto antes para desempeñar cargos de mayor responsabilidad. Los pajes de nao no contaban con la protección de nadie,  estando al (ehem) servicio de todos. Su tarea era la limpiar a bordo, vigilar durante la guardia, distribuir los alimentos y recoger las mesas, llevar el cómputo de horas cambiando cada media hora las “ampolletas” y cantar en alto las doctrinas cristianas para mantener vivo el culto religioso. Los pajes dejaban de serlo entre los 15 y los 17 años, ascendiendo entonces a grumetes.

Estos dos grupos solían ser los preferidos de los contramaestres (las figuras más despóticas en las naos según el blog L’Armari Obert, ) a la hora de surtirse de “compañeros sexuales”. …»debían hacerles la cama, desatacarles la ropa y lo que parecía el principal deleite de la mayoría de los iniciados en el vicio sodomítico: ‘rascarles y traerle las piernas’.

Según reflejaron William Monter y Rafael Carrasco en su obra sobre los sodomitas aragoneses y valencianos Inquisición y represión sexual en Valencia: Historia de los sodomitas 1565-1785, , este tipo de comportamiento sodomítico estuvo mediatizado por el interés y supuso la sumisión de los más jóvenes hacia quienes estaban en condiciones de asistirlos materialmente. Más aún, Carrasco considera que la persecución de relaciones sodomíticas por parte de los jóvenes o adolescentes tenía como objetivo la búsqueda de beneficios materiales.

Por ejemplo, para conseguir servicios sexuales que hiciesen su travesía oceánica más placentera, los encargados de distribuir la comida podían mejorar la dieta de los tripulantes que aceptasen pasa por el aro.

El caso de Gaspar Caravallo y Padro Merino

Leemos en una de las denuncias que se encuentran en los archivos españoles que el  mulato Gaspar Caravallo, encargado de la despensa de una nao anclada en San Juan de Ulúa, (México) fue acusado por dos jóvenes de 13 años, Pedro Merino y Francisco Quixada, de haber intentado cometer el “pecado nefando” con ellos. El primero declaró que Gaspar “lo besó en la boca cuatro o cinco veces, también le tentaba el culo, por lo cual el muchacho andaba “temeroso y sospechando era puto, razón por la cual cada vez que se acostaba se hacía muchos nudos en los calzones para evitar que el mulato “lo cabalgase”. Al final, harto, Pedro Merino, se lanzó al agua desde su nao y se fue nadando a otro barco de la flota, donde contó lo sucedido. Según Pijamasurf, Gaspar Caravallo se dio a la fuga al llegar a Sevilla.

¡Sodomitas, a la hoguera!

Realizar prácticas sexuales homosexuales sin la debida discreción llevó a  algunos  jóvenes pertenecientes a los estratos más bajos de la sociedad española a ser usados a veces como cabeza de turco para ejemplificar los castigos que no siempre se infligían a los nobles por mantener contacto carnal con los de su mismo sexo.

Martín de Castro, Melchor de Villarroel, Lorenzo de Santas Martas, Cristóbal Gutiérrez de Triana, Gaspar Hernández, Juan Mule o Pedro Multes fueron algunos de los pajes y grumetes sodomitas y/o sodomizados que fueron torturados y quemados vivos por la Santísima (sic) Inquisición.

Con información de los libros Una historia sociocultural de la homosexualidad, de Xabier LizárragaInquisición y represión sexual en Valencia: Historia de los sodomitas 1565-1785 de William Monter y Rafael Carrasco, el artículo de Fernanda Molina  La sodomía a bordo. Sexualidad y poder en la Carrera de Indias (Siglos XVI-XVII) y las webs  L’Armari Obert y Pijamasurf.

Jaime Noguera  es grumete jubilado y autor de España: Guerra Zombi.

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