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Cuando Julio Iglesias fue embajador de España ante Estados Unidos

04 Sep 2018
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Ad Absurdum

Dime, Pepe. ¿Al servicio de España? Claro, ¿qué tengo que hacer?

«Cuando nosotros llegamos al gobierno, Zapatero tomó una decisión que era extremadamente complicada: cumplir con su palabra de retirar las tropas de Irak». José Bono, ministro de Defensa de España entre 2004 y 2006.
La medida no pillaba a nadie de sopetón, pero no por eso iba a sentar menos mal en ciertos sectores. Y por cierto, con sectores nos referimos a Pennsylvania Avenue nº 1600, o lo que es lo mismo: la Casa Blanca, que en ese momento era ocupada por un fan de golf.



Cuando el ministro entrante Bono anunció que las tropas se retiraban, su homólogo estadounidense, Donald Rumsfeld, montó en cólera y le dijo de todo al manchego.

«Ahí tienes la puerta, por listo».

No había que ser ningún Henry Kissinger para darse cuenta de que España estaba un poco jodida si Estados Unidos estaba decidido a hacerle la puñeta o, al menos, el vacío.

Tocaba entonces a la plana mayor de la diplomacia española ponerse a funcionar para que las relaciones hispanoamericanas no se enquistasen, pero José Bono no tenía muy claro cómo proceder. ¿Qué hacer cuando un país no te coge el teléfono?

El ministro pasó un mal día, pero al final algo hizo clic en su cabeza. Tuvo una idea, quizá brillante, quizá delirante, pero tuvo una idea: llamar a Julio Iglesias. El titán de la música conocía a medio mundo, y el otro medio era parte de su prole, así que seguro que podía tirar de algún hilo.

Ni corto ni perezoso, el ministro llamó a Iglesias, que le cogió el teléfono sin saber muy bien de qué iba la cosa. Sin ambages, Bono le dijo: «Como buen patriota te ruego que ayudes a España en sus relaciones con los norteamericanos». El cantante saltó del escenario al tablero político en segundos, y no era poco lo que se jugaba en el partido: España tenía que mejorar las relaciones con la primera potencia económica y militar del mundo.

Julio Iglesias le dijo que tenía que pensárselo, pero ese mismo día devolvió la llamada y prometió hacer todo lo posible. La idea era ponerse en contacto con Kissinger, quien podría abrir las puertas del Pentágono para Bono, pero Iglesias no tenía contacto con Henry «muevehilos» Kissinger, así que había que trabajar. Y, cuando nadie se lo esperaba, la solución llegó de la manera más prosaica.

El cantante puso a funcionar el radiopatio de los ricos y famosos, y le dio un toque a su vecino de mansión en República Dominicana, el diseñador Óscar de la Renta. Resultaba que una de las clientas del diseñador se llamaba Joyce Pierson y tenía a bien ser la esposa de Donald Rumsfeld.

Una vez conseguida la conexión, todo fue coser y cantar. El viaje oficial quedó fijado enseguida, y el ministro Bono visitó Estados Unidos con toda la pompa correspondiente, e incluso amabilidad exacerbada por parte de Rumsfeld.

Bono tiene más contactos en las altas esferas musicales. sin ir más lejos, Raphael es su consuegro.

Y así fue como Julio Iglesias descongeló las relaciones entre Estados Unidos y España. Si es que es tan grande que lo mismo resuelve una disputa diplomática que le canta una canción a Teodoro Obiang. No atranca.

Con información de  José Bono (2015), Diario de un ministro. De la tragedia del 11-M al desafío independentista catalán; ABC y Antena3.

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

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