El Relojero de Yecla: el falsificador murciano que perdió la cabeza

Iker Jiménez: "Aquí huele a misterio".

«Juan Amat, de profesión relojero, se convulsiona en un camastro, hay alguien cerca de su cama, siempre ocurre al llegar la noche. Él no está loco, son ellos...». Así comenzaba uno de los reportajes más inquietantes del programa Cuarto Milenio.

Para conocer la historia que dio lugar a este sensacionalista documental, debemos trasladarnos a un paraje entre los dos pilares fundamentales del humor hispánico: el Cerro de los Santos, ubicado entre Montealegre del Castillo (Albacete) y Yecla (Murcia).

Allí, entre 1830 y 1870, se hallaron centenares de esculturas íberas que parecen guardar relación con una especie de santuario en el cual se depositaron estas piezas a modo de exvotos. Desde luego, tanto por su número como por su propia naturaleza, aquellas piezas tenían mucho valor, ¡allí había negocio!

Escultura del Cerro de los Santos conservada actualmente en el Museo Arqueológico Nacional

Y uno de los primeros en darse cuenta del negocio fue un señor llamado Juan Amat, pícaro profesional de la localidad de Yecla que se había dedicado a tantos trabajos como oportunidades le hubieran surgido: desde dentista a afinador de pianos, pasando por sacamuelas y relojero. Esta última profesión fue la que le dio el sobrenombre de «Relojero de Yecla», aunque al enterarse del hallazgo no dudó en reinventarse y convertirse en arqueólogo en 1870.

Ni corto ni perezoso, el bueno de Juan corrió al paraje para ponerse manos a la obra y sacar todas las piezas que pudiera para después venderlas al mejor postor. Curiosamente el mejor postor resultó ser nada más y nada menos que el catedrático de Historia más prestigioso del momento, Juan de Dios de la Rada, a la sazón, director del Museo Arqueológico Nacional.

Juan de Dios de la Rada

El Relojero empezó a hacer viruta de la buena vendiendo las piezas que iba sacando, pero pronto se dio cuenta de un problema: las esculturas íberas no son una energía renovable. ¿A qué se iba a dedicar cuando dejasen de salir tallas?

Esa es la diferencia entre gente como Juan Amat y tú: donde tú ves un problema, él veía una oportunidad. El relojero era un emprendedor, un hombre hecho a sí mismo, y rápidamente reorientó su negocio: en lugar de seguir excavando, tallaría sus propias esculturas.

Con martillo y cincel y con mucha imaginación, el yeclano comenzó a tallar piezas parecidas a las que había estado sacando. Y consiguió colárselas al prestigioso historiador, que lo mismo le daban piezas originales, que piezas en diferido con simulación de auténticas.

El avispado Amat se atrevió no solo a falsificar piezas, sino que también cogió piezas auténticas y las redecoró con marcas y símbolos para revestirlas de mayor misterio y aumentar su valor.

El engaño fue descubierto a principios del siglo XX por insignes arqueólogos como Pierre Paris y Ramón Mélida, que emprendieron la ardua tarea de discriminar las piezas falsas de las auténticas. Ardua porque de hecho se llegó a proponer que la Dama de Elche fuera obra del Relojero de Yecla.

Pero entonces, ¿qué pinta esta historia en un reportaje de Cuarto Milenio? Fácil. Iker hizo su magia paranormal y tiró del final del pobre Juan Amat, que efectivamente acabó sus días en un manicomio completamente loco.

Cuarto Milenio nos presenta una especie de maldición de Tutankamon al señalar que el Relojero había sufrido visiones mediante las cuales le acosaban las figuras que había excavado y falsificado, y que en 1891 le postraron en una camilla de un psiquiátrico. A nosotros que alguien hubiera sido "arqueólogo", dentista y relojero nos hace sospechar que la locura le venía ya de serie.

El caso es que el periodista de lo oculto nos indica que también de la Rada cayó en desgracia a causa de estos hechos, ya que el desprestigio que supuso que el engaño saliera a la luz truncó su carrera. Las esculturas íberas habían arruinado las vidas de dos personas… Pero parece que la realidad es otra.

Entendemos que había que maquillar un poco la historia, pero es que para cuando Pierre Paris y Ramón Mélida hicieron sus investigaciones, el director del Museo Arqueológico Nacional estaba ya enterrado, había estirado la pata en 1901.

Según nos indica María Luisa Sánchez Gómez, el discurso que Juan de Dios de la Rada ofreció con motivo de su entrada en la Real Academia de la Historia iba precisamente sobre la colección de piezas del Cerro de los Santos, en 1875, y para colmo, el catedrático no fue elegido director del Museo Arqueológico Nacional hasta 1894, y las últimas compras las había hecho en 1885.

Al final va a resultar que las piezas falsas no arruinaron la carrera de este señor, sino que lo catapultaron a las más altas esferas. Pues eso, como cuando tienes un título falso de la Rey Juan Carlos y llegas a...

Bibliografía:

  • López Azorín, Fernando (2011). "El relojero de Yecla y las falsificaciones del Cerro de los Santos", en ¿Hombres o dioses? Una nueva mirada a la escultura del mundo ibérico. Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares.
  • Sánchez Gómez, María Luisa (1999). "El Cerro de los Santos en el siglo XIX. Las excavaciones de Saviron (1871) y las adquisiciones del Museo Arqueológico Nacional (1871-1885)", en Blázquez, Juan y Roldán Gómez, Lourdes, La cultura ibérica a través de la fotografía de principios de siglo, vol. 2.
  • "Las esculturas del Cerro de los Santos", en Artehistoria.com.

BONUS TRACK: Cuando un payo y un gitano murciano estafaron al Louvre

Ad Absurdum suele escribir sobre historia, a veces en libros como Historia absurda de España o Historia absurda de Cataluña.

Síguenos en Facetrambotic y en Twitterbotic!

Arte bueno (o no tanto):

– Los Crímenes del Museo de Cera: veinte figuras de famosos que te helarán la sangre

– Marihuana para vencer al ébola: científicos aseguran que el cannabis podría ser el remedio

– Ochos casos elocuentes que demuestran que los españoles somos campeones mundiales en picaresca