Strambotic

Noticias insólitas, bizarras e impertinentes

Nueve casetes de gasolinera que hoy serían prohibidas en menos que canta un payo

03 Oct 2018
Comentarios

Compartir: facebook twitter meneame

Luis Landeira

Si tiene usted cierta edad, tal vez recuerde las cintas de gasolinera. ¿No le suenan? Vaya. Quizá hemos ido muy deprisa y sea menester recordar que un casete es una “cajita de plástico que encierra una cinta magnética para el registro y reproducción de sonidos”, que se hacía sonar en el “loro”, el radiocasete del coche o el walkman portátil, entre otros artilugios, cuando el Spotify aún no se había inventado.

Y las llamadas “cintas de casete” se despachaban en tiendas de discos, El Corte Inglés, Simago, Alcampo, Discoplay y demás establecimientos del ramo… pero también en las gasolineras. Ignoramos el porqué, pero la idea quizá fuera abastecer de ruidos a los automóviles en una época en la que los viajes eran más largos y penosos: siempre era preferible poner a todo volumen una cinta de chistes verdes o un greatest hits de Mocedades que discutir a voces con la suegra o escuchar los alaridos de los peques.

Pero, ojo, y ahí vamos, el contenido de estos casetes no era moco de pavo. Porque en tiempos más libres en lo espiritual y menos tontos en lo social, prácticamente todo estaba permitido, el humor no tenía límites, y te podías encontrar en esas cintas cualquier cosa. Sí, incluso cosas que hoy están prohibidas por la corrección política esa. Veamos unas cuantas, por 25 pesetas cada una.

Los nuevos chistes cachondos de Arévalo

Empezamos fuerte, con un humorista de vieja guardia hoy conocido por sus tiras y aflojas con el ínclito Bertín Osborne. Pero hasta el campechano presentador se sonrojaría con solo echar un ojo a la carátula de esta casete: para empezar, Arévalo sale en ella FUMANDO (Ave María purísima). Y para colmo, se anuncian en ella cuatro machadas como cuatro soles: “chistes de camioneros”, “humor de gangosos”, “cosas de andaluces” y “chistes de mariquitas”. Y todo por 195 pesetas que, poco más o menos, es lo que cuesta un café con leche en 2018.

Currupipi Mix

Vale, puede que la música que contenía el ‘Currupipi Mix’ fuera el más infame chunda chunda, o jaus bakalaero de garrafón, para más señas. Pero lo que de verdad tenía delito era la portada, porque en ella salía un ufano sosias del torero Jesulín de Ubrique… ¡con el traje de luces! Si eso ocurre hoy, que han borrado al torero hasta de las bolsas de pipas Facundo, los animalistas incendiarían las gasolineras, cortarían las carreteras y se comerían crudo a Jezulín, saltándose a la torera sus escrúpulos veganoides.

Himnos y marchas de España

“Por ir a tu lado a verte, mi más leal compañera, me hice novio de la muerte, la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi bandera”: no es un chiste, es uno de los himnos legionarios incluidos en esta casete de gasolinera, que, además, incluye el ‘Cara al sol’, el himno de la Benemérita y otras tonadillas retro que hoy deben estar tipificadas en el Código Penal. Para colmo de colmos, en la carátula de la cinta aparece la Rojigualda y los caretos de Franco y José Antonio. ¡A mi la Legión!

El payo Juan Manuel

Si alguien cree que Jorge CremadesSalvador Sostres o Maluma son ‘machistas’, es que no ha escuchado al Payo Juan Manuel. Su letra más sonada dice así: “Yo opino que la mujer lo que mejor sabe hacer, es casarse y tener hijos y estar en su casa bien. La cogí del cuello, la tiré al colchón, me lancé hacia ella, le metí un palizón”. Pues lo que ofrece esta cinta de gasolinera, engalanada con una foto del Payo fumando a pleno pulmón y otra de una rubia con poca ropa, son coplas deslenguadas del calibre de ‘Qué golfo soy’, ‘¡Qué malas son!’‘La almeja’ o ‘Cambio de sexo’, canción, esta última, en la que el Payo inventa la transfobia.

Canciones y chistes verdes

Ahora que el tradicional “salto de la cabra”, fiesta en la que los quintos tiran una ídem desde el campanario, se ha prohibido en media España por considerarse “crueldad animal”, caería como un jarro de agua fría esta cinta de chistes verdes en cuya carátula un cateto con la bragueta abierta agarra a una cabra por los cuernos. Amén de chistes zoófilos, misóginos, agrófobos y homófobos, la cinta incluye canciones tan populares como aquella que decía “la cabra, la cabra, la puta de la cabra, la madre que la parió, yo tenía una cabra que se llamaba Asunción. Cuando yo venía caliente de la noche por bailar, como nunca yo ligaba la cabra me iba a follar”.

La Esmeralda de Sevilla

“Los mejores chistes de mariquitas”, reza esta casete de gasolinera en su portadón, al que se asoma un señor aceitunado vestido de mujer en plan bufo. Y el contenido no desmerece: zafios y venéreos chascarrillos para mofarse de leperos, jorobados, cornudos, prostitutas, niños y, sobre todo, de lo que él llama “mariquitas”. Para botón de muestra, este de dos idems que se encuentran por la calle:

–Mariquita, ¿de dónde vienes?

–Del médico, que por 15.000 pesetas me ha quitado las ganas de fumar.

–Pero tú vienes fumando…

–Sí, pero sin ganas, maricón.

Eduardo Gallinat, El Facha

‘De España no se ríe nadie y menos ¡cuatro chorizos!’, reza el título de esta, una de las más explícitas casetes del cantante Eduardo Gallinat, alias “El Facha”, cuyo estilo se puede situar en esa zona crepuscular que hay entre la chirigota carca y la canción nacionalpachanguera. Entre los hits más aclamados de este paisano de Huesca están ‘El Solchi’, un puyazo al exministro del PSOE Carlos Solchaga o ‘Roldín Roldán’, que se chotea del paladín de la corrupción socialista don Luis Roldán. De publicar esta casete hoy, quizá Gallinat acabaría compartiendo mazmorra con el comisario Villarejo.

Manolito Martín y sus chistes de El Golpe

Si hay un tema tabú en España es el del Golpe de Estado que el teniente coronel Tejero perpetró el 23-F de 1981. No en vano, existen tropecientas teorías de la conspiración acerca del golpe, y se cuenta que los servicios secretos españoles han perseguido más de un libro o documental que destapaba miserias sobre el asunto. Sin embargo, ahí estaba Manolito Martín, en plenos años ochenta, vendiendo en todas las gasolineras de España su casete de chistes del 23-F, malos como la quina y trufados de burradas que harían exclamar al rey emérito aquello de “¿por qué no te callas?”

Toni el gitano

Icono del flamenqueo de gasolinera, este varón gitano de mediana edad, con su peinado mullet y su pajarita, se convirtió en un clásico de la rumba intoxicada gracias a temazos como ‘Me fumao un canuto’, ‘Macarra’ o, sobre todo, ‘Se pinchaba la niña’, que cuenta sin pelos en la lengua las peripecias de una menor en el mundo de la droga dura y la prostitución infantil: “Se pinchaba la niña, se marchaba de la casa porque nadie la quería era carne de la calle. A la madrugada se fue con un hombre de la noche, y ella vendía su cuerpo por un puñao de papeles”.

¡Síguenos en Facetrambotic y en Twitterbotic!

Probablemente tampoco te interese:

Cuando Primo de Rivera prohibió los piropos

 Llega la “Barbie normal”, con celulitis, acné y estrías

15 inventos caseros que te harán la vida más fácil