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“El fascismo ya no necesita de ejércitos, sólo de medios de comunicación y de iglesias. Bolsonaro tiene a los dos”

28 Oct 2018
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Iñaki Berazaluce

Paco Gómez Nadal. Foto: Antonio Girón.

En unas horas se abren los colegios electorales de Brasil y el nombre de un candidato resuena como un grito en la noche: Bolsorano, jaleado por las clases medias y pudientes, temido y vilipendiado por los pobres y las minorías. Camuflado bajo la etiqueta de “liberal”, Jair Messías Bolsorano aúna lo peor de la dictadura militar brasileña (1964-85) con la voracidad extractiva del neoliberalismo.

Me pongo al habla con Paco Gómez Nadal, periodista y activista, buen conocedor desde hace décadas de la realidad política y social de Latinoamérica. Expulsado de Panamá por dar voz a los oprimidos de Centroamérica, Gómez Nadal parte del colectivo-librería La Vorágine de Santander, auténtico fortín de resistencia ante los embates del “consumo sin futuro”.

¿Hay alguna posibilidad de que Bolsorano no salga vencedor en las elecciones del domingo?

Esa posibilidad existe pero es muy pequeña. En todo caso, pase lo que pase lo grave es cómo la estructura racista y colonial de Brasil, que siempre ha estado ahí, ha emergido.

El escritor Juan Carlos de la Cal me comentaba en una reciente entrevista que Bolsorano es el último (penúltimo) eslabón de la conquista de América, que dejaron inacabada los españoles.

Es más grave.. Lula también fue un eslabón en esa conquista europea, que nunca finalizó sino que se perfeccionó pasando del colonialismo a la colonialidad. Es decir, una sólida estructura social, altamente jerarquizada, donde las instituciones liberales europeas impuestas en las repúblicas ‘independientes’ (lideradas por blancos protoeuropeos) sólo son funcionales a un proyecto muy complejo de explotación racial, de desposesión y de condena a las economías primarias.

Bolsorano vs Haddad. Montaje de Invasor.

Hay quien explica el auge de la ultraderecha brasileña como un voto de castigo al Partido de los Trabajadores, emponzoñado por la corrupción. Sin embargo, el PT ya fue desalojado por las malas del palacio presidencial. 

Hay que entender Brasil y su estructura de poder local, fuerte, semifeudal, corrupto desde sus orígenes coloniales y mafioso -me atrevería a decir-. Y también hay que distinguir entre el PT y Lula y su gente; creo que no es lo mismo. Lula pactó con los poderes locales feudales y con las iglesias cristianas (el otro gran poder ultraderechista instalado en Brasil hace mucho tiempo). Ese pacto fue efectivo para llegar al poder y luego desarrolló el proyecto subimperial que el Ejército brasileño había soñado -y escrito- en los años 70 del siglo pasado. Y luego, sí, Lula (respaldado por el PT) hace una política socialdemócrata que reduce desigualdades macroeconómicas pero que no altera ni un átomo de la estructura desigual del país. pero la corrupción en Brasil no es hija del PT sino de la colonialidad y de los intereses económicos nacionales y multinacionales. Este análisis de relacionar el ascenso de Bolsonaro con la corrupción del PT es de un simplismo apabullante. Es parte del discurso de ajuste de cuentas con los gobiernos más o menos progresistas que llegaron a América Latina desde 1998.

¿Crees que la destitución de Dilma fue un golpe de estado encubierto?

Sin duda. Fue un golpe de estado parlamentario, como el que hubo en Paraguay contra Lugo

¿En qué se diferencia de sus vecinos, digamos Venezuela o las olvidadas Guyanas?

Primero en el modelo colonial. Portugal tuvo unos mecanismos de reparto de tierras muy diferente al español o al británico y holandés. Después es incomparable por las dimensiones y las riquezas de Brasil. Tercero en que Chávez, en Venezuela, sí tenía un proyecto para subvertir el poder (con todos los errores y aciertos de los que hablamos cuando quieras); en Brasil ese proyecto no ha existido. En el caso de las Guyanas, pues no hay nada que comparar. La una (la francesa) es una patética colonia, un lugar desde donde lanzar cohetes mientras se controla a la población local como si fueran ganado. Y la Guyana independiente es un territorio en explotación donde Inglaterra dejó bien posicionada a una élite corrupta local para controlar la economía. Y, finalmente, está Surinam, un hueco controlado a distancia por Amsterdam donde se respira el mercurio utilizado para arañar el oro de la tierra…, en fin.

Mina de Carajas, en plena selva amazónica. Foto: Wikipedia Commons.

Es difícil priorizar las preocupaciones que suscita Bolsorano: derechos civiles, minorías, gays, favelas, población indígena, ecología… ¿Estamos ante un provocador o ante un genuino fascista, capaz de llevar a cabo sus amenazas?

No hay provocadores en el fascismo. El peligro, de hecho, está en tomarlos como una anécdota extravagante. Todo gobernante funcional al capitalismo global extractivista, y un ultra como éste lo es, puede poner en marcha muchas de sus propuestas. El ejemplo, de hecho, es Trump, que ha tenido mucho más margen de maniobra que Obama. Por ejemplo, cuando Bolsonaro promete acabar con el activismo ambiental está cumpliendo el sueño erótico de las multinacionales brasileñas y extranjeras mineroenergéticas o de la explotación maderera. En cuanto a los derechos de las minorías… pues eso: son minorías. La población indígena en Brasil no supera el 0,5%, y la comunidad LGBTI, obviamente, no es mayoritaria. Eso son (Bauman dixit) poblaciones superfluas para el capitalismo y, por tanto, para Bolsonaro.

¿Crees que la nueva hornada de mandatarios testosterónicos -Trump, Duterte, Bolsorano- son una reacción exacerbada del patriarcado al feminismo?

Yo no creo que todo sea una reacción al feminismo (¡Ya quiséramos!). Yo creo que todo es parte de la crisis civilizatoria del capitalismo eurooocidental, que va a ser dolorosa, larga y muy violenta. Los feminismos (no es comparable el feminismo blanco europeo con el afrobrasileiro) son parte de las resistencias a esa reacción violenta de un sistema que, conforme se acerca su colapso, se vuelve más voraz. Trump, Bolsonaro, Salvini o Casado son más bien -o así lo veo yo- la prueba de que el fascismo clásico del siglo XX supuso un laboratorio. Ahora, el fascismo no necesita de ejércitos, sólo de medios de comunicación y de iglesias. Bolsonaro tiene a los dos.

¿Tenemos que empezar a decir adiós a la selva amazónica (y a sus pobladores originarios)?

Hace mucho tiempo que comenzamos a decir adiós a la selva amazónica. La frontera agroindustrial y mineroenergética no ha dejado de avanzar. El año pasado, 2017, fueron asesinados 48 líderes ambientales en Brasil, la mayoría en la Amazonia. Lo que quiero decir es que, de ganar Bolsonaro, se acelerará un proceso que viene de lejos. Población originaria queda muy poca, después de la colonización española y portuguesa y del proceso de colonización interna promocionado en Brasil a mediados del siglo XX. La irrupción de los ultraderechistas-ultracapitalistas como Trump o Bolsonaro es que lo ambiental ha desaparecido de la agenda política institucional. Pero no soy tan pesimista. Los pueblos afros, indígenas y campesinos están dejándose la vida en la defensa de los territorios y esa lucha puede tener resultados si los beneficiados del extractivismo (es decir, nosotras), entendemos de una vez por todas que esas trincheras no son ambientales, sino de supervivencia.

A eso se refiere exactamente Carlos Suárez cuando habla del «monstruo voraz». No son ellos, somos nosotros, y nuestro infinito apetito por objetos y materias.

Claro, pero no es tan fácil responsabilizar a los habitantes de la pequeña porción del planeta imperial y voraz. Es decir, acá también hay resistencias y exterminio, acá también actúa la violencia contra quiénes se oponen a la lógica del consumo sin futuro. Todo el aparato educativo, mediático y laboral actúa para que nosotras creamos que esta zona de confort -este falso adentro- es suficiente, que dejar la vida en el trabajo está compensado por el binomio deseo-consumo. Somos víctimas y victimarios al tiempo y creo que no hay posibilidad de subversión hasta que el abajo del Norte no se reconozca como víctima y sea capaz de mirar a los ojos, de forma horizontal, al abajo del Sur. Mientras, son ellos, los pueblos concienciados del sur los que libran solos la batalla. Curiosamente, son los pueblos del ámbito rural, porque lo urbano en Brasil, en Colombia o en México no deja de ser una simulación patética del brutal modelo en que habitamos las gentes del Norte político.

La Vorágine busca aliad@s. Aquí puedes participar en el crowdfundig para la nueva sede en Santander. Puedes contactar a Paco a través de La Vorágine o de su Twitter.

BONUS TRACK: “El futuro de la Humanidad pasa por la supervivencia de la selva amazónica”

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