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Mijaíl Deviatáiev, el piloto ruso que escapó de un campo de prisioneros nazi robando un bombardero

22 Oct 2018
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Jaime Noguera

Mijaíl Deviatáiev, decimotercer hijo de un campesino ruso, protagonizó una de las fugas más inverosímiles de la Segunda Guerra Mundial. Tras adquirir la identidad de un ucraniano muerto (para evitar represalias de los nazis, a los que no les caían demasiado bien los pilotos de la URSS), estando encerrado en un duro campo de trabajo en el que se fabricaban armas milagrosas para Hitler, urdió un arriesgado plan para evadirse del mismo: robar el avión que usaba el comandante nazi.

“Papá, quiero ser piloto rojo”

Mijaíl, (nacido en 1917) pasó su infancia en Kazán, fascinado) por las gorras y las chaquetas de cuero de los aguerridos  aviadores soviéticos. De hecho, cuando terminó sus estudios en la universidad se alistó en el ejército, solicitando ser enviado a la escuela de pilotaje, deseo que se le concedió.

En 1941, cuando Hitler decidió pegarle la puñalada por la espalda a su hasta ahora “más mejor amigo” Iósif Stalin, mandando a sus hombres de botas brillantes a cruzar la frontera con la URSS, Deviatáiev andaba por territorio de la actual Bielorrusia. Allí, el 24 de junio de 1941 según Pravda.ru, derribó su primer avión decorado con una cruz gamada, uno de los famosos Ju-87 que hicieron sus infames pinitos en nuestra Guerra Civil.

Deviatáiev participó al poco en la defensa de Moscú y fue herido en una batalla área sobre Tula (que en Rusia no es una tía, es una ciudad) y fue enviado al hospital. Cuando se recuperó, fue trasladado a Voronezh, una ciudad que se haría famosa a finales de los 80 por ser visitada (supuestamente) por extraterrestes. Allí, en septiembre de 1941, volvió a ser herido, aunque pronto regresó al combate, como buen hijo de la hoz y el martillo.

Se te acabó la suerte, chato.

Un día de 1944, mientras volaba un Airacobra P-39N de los enviado por los americanos, nuestro protagonista fue derribado cerca de Leópolis (entonces Polonia, ahora Ucrania (cosas de los bailes de fronteras) y, tras saltar en paracaídas, fue hecho prisionero por los alemanes y encerrado en el campo de concentración de Łódź.

De campo en campo

Todos hemos visto en alguna película la típica escena en la que algún militar prisionero le dice a su carcelero que su obligación como soldado es intentar escapar. Pues Mijaíl se puso rápidamente a ello, llevando a cabo un fallido primer intento de fuga. Los alemanes, bastante descontentos con su comportamiento, lo trasladaron entonces al campo de concentración de Sachsenhausen. Allí, según la Wikipedia, murieron unos 30.000 prisioneros judíos, gitanos, homosexuales, testigos de jehová y opositores políticos.

En Sachsenhausen, al piloto ruso le esperaba una muerte inminente, causada por exceso de trabajo o experimentos. Sin embargo, Mijaíl consiguió que un peluquero le sustituyese la etiqueta que le mandaba directamente al corredor de la muerte por la de un maestro ucraniano, Stepan G. Nikitenko, ya fallecido. Deviatáiev fue inscrito (el 5 de diciembre de 1944) en el censo del campo como “muerto y cremado”.

Fabricando armas secretas para Hitler

Bajo la identidad de Stepan Nikitenko, el piloto fue enviado a cumplir condena a Karlshagen I, en la isla báltica de Usedom. En este lugar los nazis  desarrollaban armas secretas: misiles V-1 (precursores de los Tomahawk actuales) y misiles balísticos V-2. Los prisioneros soviéticos trabajaban allí hasta la extenuación. Los nazis podían enviar a cualquier interno a la cámara de gas o golpearlo hasta matarlo en cualquier momento, especialmente cuando un trabajador dejaba der ser “productivo” debido al agotamiento.

Prison Break a la soviética

Deviatáiev reparó en que, junto al campo, había una especie de vertedero de aviones. Entonces, una idea brilló como el lucero del alba en la mente del piloto ruso. ¿Podrían hacer que alguno de aquellos aparatos elevase el vuelo y hacerlo luego llegar hasta territorio controlado por el Ejército Rojo?

Como recordaría uno de los participantes en la épica fuga que estaba a punto de tener lugar, Iván Krivonógov ” Mijaíl siempre intentaba acercarse a ellos (los aviones) en cualquier momento, para observar más de cerca los mandos. A veces se las arreglaba para arrancar las etiquetas con los nombres de los dispositivos y llevarlos al campamento, donde los traducía al ruso. Mijaíl trataba de recordar el nombre, el propósito y la ubicación de los dispositivos”.

Y llegó el día de la fuga

Mijaíl convenció a algunos compañeros de penurias (tres de ellos apellidados Sokólov, Krivonógov y Nemchenko) para que intentasen la huída, pero con un medio de escape más seguro que un avión enviado al desguace: el aparato personal del comandante del campo, un bombardero He 111 H22.

Finalmente, un día soleado del 8 de febrero de 1945 Krivonógov, cogió una palanca y mató a un guarda del campo. Otro prisionero, un tal Peter Kutergin,  quitó  el uniforme al alemán y se lo puso. El grupo de trabajadores, escoltado por un falso soldado alemán, se las arregló para apoderarse discretamente del bombardero, encender los motores y, pilotado por Deviatáiev, despegar desde la isla.

¿Y no nos dispararán volando en este avión alemán?

Parecía que la misma suerte que había mandado a Deviatáiev al campo de trabajo le ayudó a a que ningún cañón de artillería antiaérea le derribase. Los nazis dieron la voz de alarma y enviaron (sin éxito), según Aircrew Remembered, a todo un as de la Lufwaffe en busca del bombardero sustraído por aquellos grandísimos hijos de la Unión Soviética.

Los fugitivos tuvieron aún más suerte: pese a pilotar un bombardero alemán, consiguieron aterrizar en territorio rojo con solo unos impactos de metralla de los cañones soviéticos.

“Libre, libre quiero ser, quiero ser, quiero ser libre…”

Tras lograr tomar tierra. Los fugitivos proporcionaron información importante sobre el programa de misiles alemán, aunque su recompensa, tras pasar unos días en un hospital, fue ser enviados a servir en una unidad militar terrestre,  en la que casi todos murieron durante las semanas siguientes.

Deviatáiev, clasificado por el ejército como “criminal” tardó mucho tiempo en conseguir un empleo, aunque acabo trabajando en su ciudad natal como obrero. Solo tras la muerte de Satlin, en 1957, se reconoció su heroísmo. Recibió el título de Héroe de la Unión Soviética, recibió la atención de la prensa y consiguió colocarse como capitán de uno de los  primeros hidroalas que circularon por el Volga. Murió en el 2002, a la edad de 85 años.

Con información de la Wikipedia , Aircrew RememberedPravda.ru.

BONUS TRACK: Yo fui a KGB: Así era la infancia de los niños soviéticos en los 80

Jaime Noguera es un autor de la novela pro-bolchevique España: Guerra Zombi.

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