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La batalla de Cornualles: cuando un vasco quemó cuatro pueblos ingleses en nombre de la Corona española

27 Nov 2018
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Jaime Noguera

El 2 de agosto de 1595, el misterioso marino Carlos de Amézquita (de Amésquita, de Amézqueta o incluso Carlos de Amézola según las fuentes consultadas) lideró un intrépido ataque a las costas británicas ordenado desde Madrid. Sí, amigos, tan solo 7 años después del fracaso de la Felicísima Armada (lo de “invencible” fue un invento de la propaganda inglesa para hacernos burla), un grupo de soldados españoles convirtieron en polución atmosférica varios pueblos ingleses del Condado de Cornualles, llegando a celebrar una misa católica en la protestante Inglaterra. Fue una de las olvidadas ocasiones en que fuerzas españolas, pese a lo que afirma como mantra la historiografía británica, hollaron tierras de la pérfida Albión.

«Estimado Felipe II: Por favor, invádenos»

Tras el asesinato de Enrique III de Francia, la corona francesa recayó en el protestante Enrique III de Navarra.  Ante tamaña afrenta, la Liga Católica, el papa Sixto V y el rey Felipe II de España se negaron a reconocerlo como rey de Francia. Así, el rey español envió en 1590 una expedición al país galo al mando del abulense Juan del Águila y Arellano. Los ingleses, como protestantes y enemigos de España por la guerra que había comenzado en 1585, apoyaron a Enrique de Navarra y enviaron tropas a Francia.

En 1595, según leemos en Kernow bys viken , un hombre llamado Tristram Winslade escribió una carta al rey de España. Tristram era el nieto de John Winslade, quien había liderado el ejército de Cornualles durante la revuelta córnica en contra de la conversión al protestantismo. En su carta, Tristram pedía al rey español que invadiera Inglaterra y restaurara allí religión católica. Le aseguraba que había gente en Cornualles que apoyaría una invasión española, dándole nombre de algunas figuras importantes de la región.  La carta también incluía un mapa de la zona.

¡Al ataquerl!

En 1595, Juan del Águila ordenó a Carlos de Amézquita (un marino al parecer vasco, del que poca información hemos localizado), que, al mando de tres compañías de arcabuceros (unos 400 hombres, en comparación con los 30.000 hombres que debían haber invadido Inglaterra con la Felicísima), debía cruzar el Canal de la Mancha y lanzar un ataque relámpago contra los tradicionales enemigos de España (además de los turcos, claro). Zarpó el 26 de julio de Blavet (actual Port-Louis) en cuatro galeras (llamadas Capitana, Patrona, Peregrina y Bazana) tomadas prestadas de de la escuadra del también vasco Pedro de Zubiaur. Tras recalar en Penmarch, desembarcaron en Inglaterra en la bahía de Mounts (Cornualles) el 2 de agosto. Tenían como guía a Richard Burley, un inglés católico.

Juan del Águila y Pedro de Zubiaur.

Las milicias inglesas, piedra angular de la defensa inglesa en caso de invasión de tropas españolas, sufrieron una súbita relajación de los esfínteres ante la visión de los soldados españoles desembarcando en sus tierras, abandonando sus armas mientras se lanzaban a la carrera,  en mitad de un estallido de pánico, como puede leerse en la web West Penwith Resources , en dos días, los españoles tomaron todo lo que necesitaban y quemaron las localidades de Mousehole, Paul, Newlyn y Penzance.​

En Mousehole, un residente local, el escudero Jenkyn Keigwin murió de una bala de cañón mientras defendía su casa, que (según la Wikipedia) fue la única que se libró de sufrir daño durante la invasión. Hoy en día, una placa recuerda su inutil heróica gesta.

Una misa católica en tierra hereje

En Pezance, tras la huída de la mayoría de los defensores ingleses, sólo 12 de ellos plantaron cara a los invasores, con el resultado predecible. En ese municipio, los españoles no quemaron la iglesia, por petición de Burley, que les contó que antes de ser protestante, se habían celebrado misa católica en el lugar.

También desmontaron la artillería de los fuertes ingleses y la embarcaron en las galeras.

Al final del último día, celebraron una tradicional misa católica en suelo inglés (eso sí, en lo alto de una colina, a resguardo de espías enemigos), ordenada por un tal Domingo Martinez. Amézquita habría prometido construir una iglesia en aquel lugar, en dos años, después de que Inglaterra fuera derrotada. Esperando la aparición de refuerzos británicos en cualquier momento, embarcaron de nuevo el 4 de agosto, hundieron un barco de la Royal Navy que les había dado alcance y esquivaron una flota de guerra al mando de (nada menos) Francis Drake y John Hawkins que había sido enviada para darles matarile.

Vuelta a Francia

El 5 de agosto, Amézquita se dio de bruces con un escuadrón holandés de 46 barcos, hundiendo dos de ellos y sufriendo las únicas bajas españolas de la expedición (20 hombres muertos) antes de que el resto de los barcos holandeses tomasen las de Rotterdam ( o los españoles las de Villadiego)

El 10 de agosto, Amézquita y sus hombres desembarcaron victoriosos en Blavet. Habían asombrado y atemorizado a su Graciosa Majestad, amargándole aquel verano. Los ingleses, que procuraron no darle mucha publicidad al ataque español en su territorio nacional, se afanaron en reforzar las defensas para no permitir que los españoles volviesen a arruinarles la hora de té. No les valió de mucho, en 1597, otros 400 soldados hispanos se montaban un picnic en Inglaterra. Esta vez, durante dos días, en Falmouth.

Con información de Kernow bys viken, West Penwith Resources , y la Wikipedia.

Jaime Noguera es autor confeso de la novela que se carga a nuestro país: España: Guerra Zombi.

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