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Cuando la ensaladilla rusa se convirtió en “ensaladilla nacional” y la montaña rusa en “montaña suiza”

20 Nov 2018
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Iñaki Berazaluce

Durante el agujero negro del franquismo muchos españoles estaban convencidos de que los rusos tenían cuernos y rabo y se comían a los niños. De ello se encargó la eficaz propaganda del régimen, que demonizó -en sentido amplio- todo lo ruso, es decir, soviético, e incluso eliminó minuciosamente del lenguaje cualquier mención a Rusia. Por suerte, no eran demasiadas las referencias, dada que la relación entre España y Rusia no va mucho más allá del Oro de Moscú, la División Azul y la final de la Eurocopa del 60, del que España dimitió antes del silbido inicial.

Subamos en esta montaña suiza emocional para viajar al extraño país de las palabras tabú.

¡Una de ensaladilla nacional, jefe!

No sé sabe muy bien de quién partió la orden de eliminar la ensaladilla rusa (el nombre, no el plato) del menú de los bares de la España franquista. Hay quien asegura que fue orden de Franco, para detener la confabulación judeo-masónica en su vertiente gastronómica, pero lo más probable es que fueran los propios hosteleros los que se autocensuraran, anticipando las represalias del tozudo régimen.

“Los hosteleros aguzaron el ingenio para buscar nombres más acordes con la corrección política de la época: ensaladilla, ensaladilla de patatas, ensaladilla imperial… pero el nombre que hizo fortuna fue el de ensaladilla nacional”, según recuerda el escritor Fernando Quesada en su libro ‘Las cosas claras y el chocolate espeso’.

Lo más chocante del asunto es que la ensaladilla se llama rusa en todo el mundo menos en Rusia, que se conoce como “ensaladilla Olivier” y que, por cierto, no lleva los ingredientes de baratillo que echamos aquí sino faisán, langosta y otros delicatessen, al menos en su versión original, la que se servía en Moscú en los tiempos del zar.

… ¡Y añada un filete alemán!

Similar destino tuvo el entrañable “filete ruso”, que no es otra cosa que una hamburguesa rebozada de harina o pan rallado, una bomba calórica que se conoce como Salisbury Steak en EE.UU., donde fue llevado por los inmigrantes alemanes.

El caso es que en España se denominó “filete ruso” hasta que llegó Paco con las rebajas y empezó a denominarse “filete alemán” o, más contundentemente “filete Bismarck” para disipar cualquier sospecha filosoviética del propietario del local.

Foto: Anna Recetas Fáciles.

Y de postre… ¡un café asiático!

El “café ruso” fue un invento muy popular en Cartagena a finales de los cuarenta, en plena posguerra. El Bar Pedrín de la ciudad murciana ideó una receta a mitad de camino entre el carajillo y el café bombón. A saber: café, leche condensada, unas gotas de brandy y canela molida. Aquella receta se llamó inicialmente “café ruso”, hasta que las miradas de reprobación de las autoridades (im)pertinentes hizo que cambiara su nombre por el de “café asiático”, tal y como relata el blog El Rincón de Sergito.

Nada como un viaje por la montaña suiza después de esta comilona

La montaña rusa también debe resultar un enigma para los rusos, pues por aquellos lares esta diversión no apta para estómagos sensibles se denomina “montaña americana”. El apellido es en este caso correcto, porque la montaña rusa remite a los toboganes de madera por los que se deslizan trineos durante el frío invierno ruso.

Y rusas fueron las montañas hasta que el régimen de Franco sugirió el cambio de nacionalidad, escogiendo el más neutral nombre de “montaña suiza”. La única Montaña Suiza genuinamente helvética de España es la que aún funciona en el parque de atracciones del Monte Igueldo, en San Sebastián, y que fue construida en 1928, antes por tanto de la asonada militar del 36.

Con información de Google Books, Café Babel, El Rincón de Sergito.

BONUS TRACK: No diga “ensaladilla rusa”, diga “ensaladilla nacional”

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