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El canadiense obsesionado con los penes exóticos que convirtió a los sentinelenses en máquinas de matar

26 Nov 2018
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Jaime Noguera

Hace unos días, los infames indígenas de Sentinel del Norte, isla del archipiélago Andamán y Nicobar situada en la Bahía de Bengala del océano Índico volvieron a aparecer en las portadas de los periódicos, por el mismo motivo por el que suelen hacerlo: darle matarile a alguien que osó posar el pie en su territorio.

Esta vez le tocó a John Allen Chau, un desgraciado (y chapucero) pretendiente a misionero cristiano que al grito de “Mi nombre es John, te amo y Jesús te ama” se ofreció ufanamente a los sentineleses como diana de tiro al arco. Además de la candidez extrema del norteamericano, un oficial canadiense que convivió con las tribus de andamaneses a principios del siglo pasado, pudo tener mucho que ver en la hostilidad de la que probablemente sea la última tribu preneolítica del mundo.

Una fatal fascinación por los caníbales

La invasión del archipiélago de Andamán y Nicobar, una especie de penal indo-britábico, por carceleros británicos y convictos indios y birmanos fue consecuencia de una antigua fascinación europea por los supuestamente caníbales andamanenses, a los que se había representado antiguamente como semihumanos que tenían cabeza de perro. Como comentó Canal Historia, uno de los impulsores de este mito fue el mismísimo Marco Polo, quizás interesado por ahuyentar a los posibles competidores en la carrera por hacerse con las cotizadísimas especias que se cultivaban en la región.

Si bien, lo de los hombres con cabeza de perrete no era más que un mito, lo cierto es que.  finales del siglo XIX, las tribus isleñas autóctonas habían sido diezmadas por las enfermedades importadas por los europeos y sus funcionarios coloniales.

Mediciones y fotografías

Maurice Vidal Portman: aristócrata de baja estofa, oficial naval, y antropólogo, historiador, y fotógrafo aficionado (que anteriormente  se encargó de “pacificar” a varias tribus del archipiélago de Andamán,tomó varios cientos de fotografías de los andamaneses, su vida cultural y su hábitat “natural”. Docenas de Andamaneses posaron para las fotos y ayudaron a cargar su equipo, Pero Portman tenía algo más pensado para los isleños. Midió las cabezas y cuerpos de al menos a 200 hombres y mujeres indigenas, señalando los aspectos sociales, políticos, y psicológicas de sus sujetos de estudio. Vean, vean:

¿Algo más que simples fotos?

Según explicó en su ensayo Savage bodies, civilized pleasures: M. V. Portman and the Andamanese el fallecido Satadru Sen (profesor del Queens College) , los andamaneses se convirtieron, a través de las fotos de Portman, en un “objeto de fantasía y contemplación erótica”.

En una de las imágenes más conocidas de Portman, este posa para la cámara cual rey sobre un trono, rodeado por un grupo de andamaneses semidesnudos que, al parecer serían jefes  de algunas tribus.

Lo de los salvajes (diría el hombre blanco) desnudos es algo común en las fotos hechas por el canadiense.  Según Satadru Sen, “gran parte de la fotografía de Portman es bastante convencionalmente erótica, más específicamente, homoerótica”. Y es que el marino, al que no se le conoce esposa o amante, alguna mostraba la mayor parte de su interés retratista hacia los hombres. Especialmente, aquellos que se encontraban entre los 14 y los 40 años.

Veamos algunos comentarios sobre sus objetos de (sic) estudio dejados por el explorador (o algo) norteamericano:

Bulubulla, hombre de 38 años de la isla de Kyd

“De temperamento muy nervioso e irritable y el hombre más inteligente de las islas, de los cuales es el Primer Ministro del Gobierno. De temperamento rápido, activo, orgulloso e impaciente. Ejercicios considerables. autoridad sobre otros andamaneses. Bastante lujurioso. Prepucio muy largo. Valiente. Un buen corredor, saltador, y nadador”

Biala, de 28 años de edad,

“Más alto que el un andamés común y corriente. De considerable fuerza personal, una disposición muy lujuriosa. Muy malhumorado, es de un salvaje de una naturaleza traidora. Valiente para un andamés, es buen corredor. Muy inteligente. Nunca está feliz, a menos que inmerso en sus propios asuntos, o de juerga. Pene inusualmente grande”

Y así, páginas y páginas de notas.

En un busca de un sentinelés

Probablemente, entre los penes no medidos por Vidal debía faltar el de un habitante de Sentinel del Norte. Como contamos el pasado mes de septiembre,  Portman desembarcó en la isla de Sentinel del Norte en 1880 al mando de una expedición militar. Y no gritó nada del amor de Jesús.

Llegó a la ínsula con la idea la de secuestrar a algún habitante al que luego  enseñar (ehem) inglés para que les explicase qué demonios pasaba en la isla, famosa porque asesinaban a todo el que la desembarcaba en ella. Los sentinelenses, nada más ver al payo, se refugiaron en el interior de la selva pero Vidal Portman, continuó la búsqueda hasta consiguió capturar a una pareja de edad avanzada que paseaba por una playa, y a cuatro niños. Los ancianos enfermaron y murieron al poco tiempo a bordo del navío. Los niños fueron devueltos a la playa con algunos regalos de los británicos (¿caramelitos?) y no se sabe qué ocurrió con ellos.

De aquellos polvos…

Lo de que un oficial naval blanco armado secuestrasen a dos ancianos y a unos niños (que igual la palmaron también, quizás  por no estar inmunizados contra un simple resfriado)  pudo tener que ver con el que de los sentilenses convirtiesen en tradición lo de confeccionar alfileteros con cualquier visitante que pise su isla.

Como leemos en El Comercio Anup Kapoor, profesor de antropología de la Universidad de Nueva Delhi declaró a la agencia AFP, al hablar sobre lo sucedido a el pobre John Allen Chau. “Lo que sabemos es que fueron asesinados y perseguidos por los británicos y los japoneses. Odian a cualquier persona en uniforme. Si ven a alguien en uniforme, lo matan enseguida, agregó.

Y eso que el misionero no llevaba aparatos de medir cabezas o penes. ¿Les parecería a los sentinenses su vestimenta un uniforme? Lo verdaderamente importantes es que son sus costumbres y ha que respetarlas.

Un momento… ¿Y qué pasó con Portman?

Maurice Vidal Portman murió en 1935 en Inglaterra. Tras sus carrera en el Índico trabajó como periodista y, según la Wikipedia, en el Servicio Secreto Británico durante la Primera Guerra Mundial.

Con información de Savage bodies, civilized pleasures: M. V. Portman and the Andamanese, Canal HistoriaNeatorama , El Comercio y la bendita Wikipedia.

Jaime Noguera es explorador en sus ratos libres y autor de España: Guerra Zombi.

BONUS TRACK: Y el Premio Darwin del año va para… el misionero que intentó evangelizar a los aborígenes de Sentinel del Norte

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