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“Con sentidiño”: las 19 frases más sabias y estrambóticas de los abuelos gallegos

09 Dic 2018
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Luis Landeira

Ríase usted del Viejo de la Montaña, del maestro de Kung-Fu o del abuelo Cebolleta. Si busca sabiduría milenaria y ancianos a carta cabal, la puede encontrar en las personas gallegas de la tercera edad.

Basta con buscar a cualquier paisano o paisana con más de 70 primaveras, cuanto más pellejo y arrugado mejor, y tirarle un poco de la lengua. Sin duda, todo lo que salga por su desdentada boquiña serán perlas, quizá en castrapo y con retranca, pero perlas al fin y al cabo.

A lomos de un carro de vacas rubias, hemos peinado los chamuscados montes galaicos y sus respectivas poblaciones para hablar con unos seres de edades bíblicas que nos escupieron unas atropelladas sentencias mezclando sin pelos en la lengua gallego, castellano, marciano y portugués. A continuación, lo que buenamente alcanzamos a entender afinando los sonotones.

«Agora xa foi»

Viene a significar «ahora ya está», es decir, que, como diría un maestro zen, vive el presente… y a lo hecho, pecho. Originalmente, la frase era «agora xa foi, marica non chores», o sea, «ahora ya pasó, no llores mariquita», pero suponemos que decidieron recortarla en aras de una corrección política que ha llegado hasta el húmedo y remoto Macizo Galaico.

«Con sentidiño»

Los abuelos gallegos apelan al sentido común y así se lo transmiten a sus nietos gallegos y demás «raparigos» que se cruzan en su «camiño». En cuanto se enteran de que van a ir a la verbena o que van a coger el tractor amarillo para acercarse a la capital, le recuerdan que deben obrar con sensatez y no hacer el tonto: «Con sentidiño, rapaz, con sentidiño».

«Xente nova e leña verde todo e fume»

Galicia es de los últimos lugares de Occidente donde las canas aún se respetan y la vejez es sinónimo de sapiencia, mientras que la juventud es idiocia e inconsciencia: los jóvenes son seres que «aínda teñen a casca no cú» («aún tienen la cáscara en el trasero») y le llaman burro al caballo. Pues eso, que como reza este dicho, «la gente joven y la leña verde son todo humo». Y no lo dicen por los porriños.

«Aproveitade que de estas Navidades non paso»

La abuela gallega es necrófila por naturaleza: va al cementerio un día sí y otro también, no se pierde un entierro y lleva anunciando su propia muerte desde que cumplió los 35. Ahora tiene 103 y, tras darle el tradicional aguinaldo a sus tataranietos, sigue recitando este macabro mantra, que significa «aprovechad a sacarme los cuartos, que me quedan dos telediarios». ¡Pero si está usted hecha una «cativa», abuela, que a este paso nos entierra a todos!, cabe responder mientras se guarda uno el dinero en el zurrón.

«Estás de bon ano»

Esta expresión, que nada tiene que ver con el culo ni con las cuatro témporas, es una forma guasona y directa que tienen los abuelos de llamarte «gordo». Si una «persona mayor» te dice tal cosa, mientras te clava sus vivarachos y arrugados ojuelos en la panza, va a ser que de verdad «estás de buen año» y te conviene zampar menos lacón con grelos.

«Quen ten cú ten medo»

Más que una frase hecha, diríamos que esto es casi un koan zen que, pese a su aparente perogrullismo, encierra una verdad como la catedral de Santiago de grande y de tocha: «Quien tiene culo, tiene miedo».

«Malo será»

Aunque el anciano gallego sea Don Pésimo, a veces suelta una lapidaria sentencia que demuestra que aún queda una chispita de esperanza en su arrugado corazón: «Malo será». Si quiere usted escuchar esa frase, cuéntele a cualquier abuelo gallego que le operan mañana del cerebelo y que tiene muchos puntos para salir del hospital con los pies por delante. Así podrá escuchar un «malo será» que retumbará hasta la Costa da Morte.

«¡Vas caer!»

Cuesta saber si esta frase (versión comprimida del «te vas a caer» castellano) que todo yayo del noroeste de la Península le escupe a su nieto es una maldición, una profecía o una advertencia. Pero el caso es que, si te sueltan un «vas caer» tienes un 99’9% de posibilidades de dar con tus huesos en el suelo. Y una vez te pegues el batacazo, habrá recochineo y, entre risotadas sardónicas, el abuelo añadirá: «tranquilo, que do chan p’abaixo non pasas» («tranquilo, que del suelo no pasas»). Una lógica aplastante y muy dolorosa.

«Marcho que teño que marchar»

El movimiento se demuestra andando, y, por más torpes que estén, los abuelos lo saben muy bien. Por eso, cuando se van, no se conforman con un simple y timorato «me voy», sino que sueltan «marcho que teño que marchar», es decir, «me voy que me tengo que ir». Aunque, al final, siempre se queden.

«Tose pr’alá»

Mucho antes de la paranoia del ébola, del tifus, del zika o de la gripe cochina, los abuelos gallegos ya tomaban serias medidas cuando oían a alguien toser, estornudar o incluso carraspear: «tose pr’alá», le espetaban al pobre enfermo, o, lo que es lo mismo «tose pa’ otro lado y no me contagies, filliño de puta».

«E ti… ¿de quén ves sendo»

Cotillas empedernidos, los abuelos, cuando se cruzan a un joven en la corredoira o en el campo de «pataquiñas», indagan en su árbol genealógico hasta las raíces. Y lo hacen con una frase que significa «¿y tú de quién vienes siendo?», o sea, que te está preguntando a bocajarro quiénes son tus padres, abuelos y bisabuelos, porque seguro que los tiene a todos fichados. Esta frase también la pronuncian jubilados de otras autonomías, como bien demuestra la canción ‘¿Y tú de quién eres?’, del grupo sevillita No me pises que llevo chanclas.

«O aprobas ou vas coas ovellas ó monte»

Amenaza fantasma para los nietos que sacan malas notas. En la aldea gallega no se andan con chiquitas: si el chaval no aprueba, se le manda al monte con las ovejas, a pastar bajo la lluvia y espantar jaurías de «lobisomes» a «carallazos».

«Xa viña ben unha auguiña»

Nuestros ancianos abuelos, se pasan el día sentados a la puerta de casa (en verano) o en la cantina del pueblo (en invierno) libando tazas de Ribeiro y hablando del tiempo con otros parroquianos. Y con la cosa de la meteorología esa, los viejos nunca están contentos. Cuando diluvia, se quejan de que les duele la bala que les metieron en la pierna en la guerra de Cuba, pero si se obra un milagro y brilla el sol, son los primeros en exclamar: «¡xa viña ben una auguiña!», que significa «estaría bien que lloviera». Y en cuanto caen cuatro gotas, vuelta a quejarse del reúma.

«Cada can que lamba o seu carallo»

Mal que nos pese, el gallego es tremendamente individualista. Capaz de rebanar pescuezos por un quítame allá ese centímetro de huerta, no es raro que, a la mínima que se habla de meterse en asuntos ajenos, el gallego viejo sentencie: «Cada can que lamba o seu carallo». Literalmente, «que cada perro se lama su carajo».

«Amiguiños sí, pero a vaquiña polo que vale»

Os vellos (los viejos) gallegos son, en el fondo, buena gente. Pero cuando llega la hora de mirar la peseta (porque esa es otra: aún cuentan los euros en pesetas), arde Troya. De ahí esta frase, equivalente rural y retrancoso del lema turbocapitalista «los negocios son los negocios»: por muy amigos que seamos, tú me pagas la vaquita por lo que vale; y luego, si eso, ya nos tomamos unas tazas en la palloza. Existe una variante porcina de esta frase hecha, que reza «amiguiños sí, pero o porquiño polo que vale».

«¡Me cago na cona que te pariu!»

Como hasta los andaluces intuirán, la frase significa «me cago en el coño que te parió». Y se suele declamar a voz en grito. Les recuerdo que son ancianos gallegos, no el abuelito de Heidi. Y, aunque suelen tener un carácter más o menos afable, si les tocas las vergüenzas, ladran; y, a veces, hasta muerden.

«E que cho reparta o corpo»

En Galicia, los abuelos no dicen «que aproveche». Sería demasiado fácil. Aquí dicen (traducción libérrima) «que el cuerpo te reparta la comida», o sea, que no se quede todo en la tripa sino que engorde toda tu anatomía por igual. Tengamos en cuenta que la sobremesa gallega es larga como una boda gitana, así que algo hay que decir. ¿Otras frases digestivas? «Quedei coma un pepe» («me he quedado a gusto»), «non me cabe nin unha cereixa» («ni una cerecita me entra ya») o «xa comín, vou durmir» (el abuelo ya ha comido y se va a echar una «siesta de pijama, Padrenuestro y orinal», que diría Cela).

«Non deixedes a vergonza do galego»

Sentencia que pronuncia la abuela de turno cuando en la fuente sólo queda una ración pero ninguno de los comensales se atreve a meterle mano. Si al final nadie se lanza (cosa que suele ocurrir, más por empacho que por vergüenza) se la acaba zampando la propia abueliña a dos carillos, mientras te espeta con la boca llena: «Seguro que quedaches con fame. ¿Fágoche un bisté («Seguro que te quedaste con hambre. ¿Te hago un bisté?»).

«Morra o conto»

El abuelo gallego es don erre que erre. Y ese rabudismo, esa cabezonería celtíbera se concentra a tope en esta frase que se usa para zanjar una larga y penosa discusión: «Morra o conto», o sea, «muera el cuento». Una buena forma también de acabar este texto. ¡Y vai rañala, raparigo!

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