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Rojofobia: Bolsonaro saca todas las sillas rojas de la residencia presidencial y las reemplaza por azules

08 Ene 2019
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Foto: Daniel Marenco / Agencia O Glovo.

Como decía aquel viejo chiste de Franco, el color que menos le gusta a Bolsorano es el rojo vivo. Por eso, lo primero que ha hecho al entrar a vivir en el Palacio de la Alvorada, residencia presidencial en Brasilia, ha sido eliminar cualquier vestigio de rojo, color inexorablemente asociado al Partido de los Trabajadores (PT).

Bolsorano se ha instalado con su mujer Michelle y sus hijas en la residencia diseñada, como el resto de la capital, por Oscar Niemeyer, y, además de sus pertenencias se ha llevado con él sus obsesiones: tras prometer que de ahora en adelante llevará una vida austera, pidió a los empleados de su nuevo hogar que retiraran todas las sillas rojas de la residencia y que las reemplazaran con otras muy parecidas… pero azules.

El Gobierno de Brasil no se ha pronunciado sobre el cambio en la decoración de la residencia presidencial, aunque es de sobras conocida la obsesión del nuevo presidente por todo lo rojo. El día de la toma de posesión, por ejemplo, dijo textualmente “ésta es nuestra bandera (amarilla y verde), nunca será roja”. El año pasado, antes de ser presidente, manifestó su intención de “barrer de rojos” el país. El pasado 3 de enero, un día antes de la investidura, anunció que destituirá a los funcionarios con ideas “comunistas”.

Foto: Daniel Marenco / Agencia O Glovo.

Sea como fuere, la fijación cromática alcanza también a sus flamantes ministros. Ejemplo de esto es la pastora evangélica Damares Alves, designada a cargo de la cartera de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, quien inauguró su mandato con una máxima “¡Atención! Es una nueva era en Brasil: los niños visten de azul y las niñas visten de rosa”.

Muy a pesar de la obsesión del político ultraderechista, los presidentes del PT –Lula da Silva y Dilma Rouseff– no llenaron el Palacio de Alvorada de retratos de Stalin y sofás tapicados en rojo. En 2008, Marisa Leticia, espossa del entonces presidente Lula dirigió la restauración más amplia de la historia del palacio, pero fue más bien un trabajo de fontanería, electricidad y decoración, que volvió al estilo original que había imprimido Niemeyer en 1958.

Visto en Página 12. Con información de Revista Forum, MSN, El Diario y O Glovo.

BONUS TRACK: “La elección de Bolsorano abre la puerta al genocidio de los indios del Amazonas”

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