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El cinturón de castidad no es un invento medieval, sino una fantasía erótica del siglo XIX

04 Mar 2019
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Iñaki Berazaluce

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«Id tranquilo, esposo mío. Aquí tienes la llave de mi flor».

La imagen del caballero que marchaba a las Cruzadas con la llave del cinturón de castidad de su esposa ha quedado grabado en el imaginario popular, dando lugar a infinidad de chascarrillos, chanzas y chistes picantones. Pero, como tantas otras historias, el cinturón de castidad medieval es un mito, o al menos no era como nos contaron ni servía para lo que creemos.

El cinturón de castidad fue “una fantasía del siglo XIX ideada para avivar la imaginación de los lectores”, según cuentan John Lloyd y John Mitchinson en ‘El pequeño gran libro de la ignorancia’. De hecho, cuentan los autores, la mayoría de los cinturones de castidad que se exhibían en los museos durante el siglo pasado fueron retirados porque eran falsificaciones: la mayoría habían sido fabricados en Alemania durante el siglo XIX.

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No se ha hallado ningún cinturón de castidad que date de la Edad Media. El primer dibujo conocido de uno de estos artilugios es del siglo XV y aparece en el libro “Bellifortis, un manual de equipamiento militar escrito por Konrad Kyeser. Kyeser se refiere a los “pantalones de hierro” que llevaban las mujeres florentinas y que, tal y como muestra el dibujo, llevaba la llave colgando. Esto explica el verdadero uso del cinturón de castidad: no era el varón celoso el que cerraba el acceso al sexo de su hembra, sino la propia mujer, seguramente para evitar violaciones.

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Bellifortis, primera representación del (ficticio) cinturón de castidad.

De hecho, si el suspicaz cruzado hubiera tenido la idea de dejar a su mujer con un cinturón de castidad lo más probable es que a su retorno hubiera encontrado a la pobre muerta, víctima de una infección, a no ser que la cruzada en cuestión durara menos de una semana:

“Una mujer ceñida de esta manera perdería en breve la vida a causa de las infecciones ocasionadas por acumulaciones tóxicas, así como por las abrasiones y laceraciones provocadas por el hierro sobre la piel”.

A partir del siglo XVII sí que empiezan a prodigarse los cinturones de castidad pero su objetivo es muy otro: evitar la masturbación, considerada un pecado mortal. En los siglos que median entre la Edad Media y el XVII hubo un considerable retroceso en la libertad sexual. Tal y como relata Ernesto Milá en Infokrisis

Hoy sabemos que la Edad Media (especialmente los siglos XII y XII) fueron de gran libertad de costumbres. En los relatos del Rey Arturo y del Grial, frecuentemente el caballero llega a un castillo, es invitado por la dama a bañarse con ella y luego hacen el amor sin que medie ningún tipo de inhibición. En un terreno menos literario, los cruzados que llegaron a Jerusalén llevaron consigo 1.500 prostitutas a las que no les faltó trabajo. Por lo demás, en algunas iglesias románicas, pueden verse imágenes de parejas unidad, falos erectos y monstruos copulando. Pero cinturones de castidad, ni uno.

Dado que algunos practicantes del sadomaso utilizan para sus divertimentos cinturones de castidad resulta que “se utilizan más cinturones de castidad ahora que en la Edad Media”, rematan los autores de “El pequeño gran libro de la ignorancia”.

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Fotograma de la película erótica danesa ‘Rector en la cama’.

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