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Una Cruzcampo para los huerfanitos (1933)

13 Mar 2019
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Iñaki Berazaluce

Una cañita a la hora del recreo. Foto coloreada por Rafael Navarrete.

Esta foto resume una época: una fila de niños de unos seis años esperando su turno para beberse un generoso vaso de cerveza escanciado por unos señores circunspectos. Hay más: los críos son huérfanos del Hospicio Provincial de Sevilla y la “cerveza” no es otra que la vilipendiada Cruzcampo, considerada un nutritivo alimento en aquella época y recurrente objeto de bromas en el resto de España que no es Sevilla hoy en día.

Antes de que te eches las manos a la cabeza, es necesario hacer una aclaración: hasta hace no tanto, la cerveza era considerada un alimento más (de hecho, lo es y muy nutritivo) y los críos lo bebían con toda normalidad. De hecho, durante siglos era más habitual que niños y adultos bebieran vino, cerveza o cualquier otra bebida alcohólica que agua, pues ésta es susceptible de tener parásitos mientras el alcohol aniquila cualquier patógeno en las bebidas alcohólicas.

Foto de De Cruzcampo Soy.

Según recuerda Aurora López en ABC (29 de julio de 2009), “es cerveza lo que van a degustar los niños en el Hospicio Provincial de Sevilla en el caluroso, y de republicano corte burgués, agosto de 1933. Un establecimiento saturado, cuyo cupo había aumentado el gobierno y que en esas fecha acogía a 1.066 personas, incluidos ancianos y algunos sordomudos y ciegos. Paradójicamente, sólo cinco meses antes, y después de trece años, empezaba a sucumbir la famosa Ley Seca en Estados Unidos y se permitía la cerveza al 3,2 por 100 de alcohol. La curiosidad nos lleva a pensar en cómo asimilarían aquellos hospicianos menores el pedazo corto de cerveza que se llevaron al coleto”.

Muchos años después de aquella estampa, en 1961, Cruzcampo seguía apostando por el segmento de población de los borrachines alevines: en este anuncio cuatro zagales dan cuenta de un litro de cerveza -o lo que sea- Cruzcampo, la que “mamá lleva siempre a casa”. Y es que el formato de litro que todos hemos compartido alguna vez en el parque -la entrañable “litrona”- no fue ideada para el botellón sino que era un “formato familiar”, igualito que la Coca-Cola de 2 litros.

Estos otros anuncios de la época, recopilados por nuestros compañeros de Verne son la prueba definitiva de que a los niños de la época les gustaba churrar y beber, como a los protagonistas de ‘Botellón de Passport’: “Un penique, deme un penique que yo sabré qué hacer con él. Me voy a poner ciego ciego ciego, como hago siempre”.

Con información de ABC y fotos de De Cruzcampo Soy de Verne.

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