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“La agonía de Franco fue un cruel ejercicio de encarnizamiento médico”

15 Abr 2019
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Iñaki Berazaluce

Foto tomada por Cristóbal Martínez-Bordiú y publicada por ‘La Revista’ en 1984. El Confidencial.

Quien a hierro mata, a hierro muere. La “cultura de la muerte” instaurada por Francisco Franco y su compañero de armas en la guerra de África, Millán-Astray, acabó volviéndose contra el dictador en su dilatada agonía en el otoño de 1975. El equipo médico que rodeaba a Franco en su lecho de muerte “prolongó artificialmente su vida para hacer coincidir su muerte con la de Primo de Rivera, el 20 de noviembre, y así construir un relato histórico”, según explicaron el viernes los autores del libro ‘España salvaje’ durante la multitudinaria presentación en Madrid del controvertido volumen.

‘España salvaje’ es un incisivo recorrido por el “culto a la muerte”, la decadencia del imperio y el surgimiento del fascismo español. El libro ya ha despertado ampollas entre los herederos intelectuales -es un decir- del fundador de la Legión. Y eso sin necesidad de leer una sola línea, solo con ver la foto la portada, el imponente retrato de Millán-Astray realizado por el gran fotógrafo Alfonso: una librería madrileña recibió recientemente de marzo una llamada amenazante de un grupo de ex-legionarios por exhibir en el escaparate el volumen de Editorial Felguera.

Por este motivo, y porque el libro merece mucho la pena, no cabía un alfiler en la presentación de ‘España salvaje’ en la librería Rafael Alberti de Madrid, a pocos metros del Ejército del Aire, el Arco del Triunfo y otros iconos del franquismo en Moncloa. David Bizarro, autor del capítulo sobre la agonía del dictador, describió el “cruel ejercicio de encarnizamiento médico” que llevaron a cabo los galenos sobre el maltrecho cuerpo de Franco.

Un surtido selecto de los autores, comandados por el editor Servando Rocha (al micrófono), durante la presentación en la Rafael Alberti.

Comandados por el yerno de Franco, el temible Cristóbal Martínez-Bordiú, el equipo médico prolongó hasta el ensañamiento la vida del Generalísimo. En palabras de Bizarro, “se decía que el doctor Bordiú había matado más inocentes en La Paz que su suegro en la guerra”. El propio Bizarro cuenta en el libro uno de los estrambóticos métodos utilizados por el “yernísimo” para mantener con vida a Franco:

“Con motivo del ingreso en planta del dictador, el doctor Martínez-Bordiú tuvo la ocurrencia de intentar utilizar con su suegro una máquina de circulación extracorpórea inspirada en el autojector patentado en 1925 por Sergi S. Bryukhonenko, un científico soviético de la era estalinista cuyo trabajo fue fundamental para el desarrollo de las operaciones de corazón abierto en Rusia, y más adelante en el resto del mundo. Fue la primera máquina corazón-pulmón completamente funcional de la que se tiene constancia, un dispositivo revolucionario capaz de proporcionar al cuerpo sangre oxigenada para mantener con vida al paciente mientras se le realizaba una cirugía cardíaca invasiva.

El marqués de Villaverde, aka dr. Martínez-Bordiú.

Para minimizar los riesgos que entrañaba su funcionamiento, Bryukhonenko emprendió una serie de experimentos en los que dio rienda suelta a todo tipo de siniestros avances en el campo de la reanimación asistida, sirviéndose de cadáveres de animales disecados. De entre las numerosas atrocidades perpetradas sorprende de por su extrema crueldad la resurección de la cabeza de un perro”.

Pero Bordiú no llegó a aplicar el autojector en el agonizante cuerpo de su suegro. “Se libró porque el mamotreto soviético no cabía por la puerta de la habitación de La Paz”, explicó David Bizarro ante el atónito público de la librería. Franco murió -o se le dejó morir- el 20 de noviembre de 1975, cerrando el círculo que se había abierto 39 años atrás, cuando José Antonio Primo de Rivera fue ejecutado -o se le dejó morir- en el calentamiento de la Guerra Civil. Finalmente, todo quedaba atado y bien atado.

Con información de Wikipedia, El Confidencial y Strambotic.

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