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Los españoles que salvaron Notre Dame de las llamas en 1944

20 Abr 2019
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Jaime Noguera

En agosto de 1944 todo estaba listo para que los nazis, según órdenes de Hitler, redujesen a escombros los monumentos más importantes de París en caso de que la capital francesa estuviese a punto de ser liberada por las tropas aliadas. Entre los objetivos a demoler se incluía la Torre Eiffel y la recientemente incendiada catedral de Notre Dame. Sin embargo, un puñado de aguerridos republicanos españoles entraron en la Ciudad de la Luz y le chafaron el plan al mismísimo Führer.

«Muerte a los gilipollas»

El 24 de agosto de 1944 la 9ª compañía de la 2ª DB Leclerc entró en el París ocupado por la Porte d’Italie.  Eran las primeras tropas aliadas en acceder a la ciudad del Sena, conquistada por la Alemania nazi en 1940.  Como recordó Mercedes Arancibia en Periodistasenespañol.com, esta unidad blindada había sido bautizada como «La Nueve» (así, en español)  porque 146 de sus integrantes eran españoles, de nacimiento o de origen. Cosa rara en una unidad del ejército libre francés, en esta se hablaba español, las órdenes se daban en español, y… muchos españoles.

Estos eran soldados experimentados en nuestra guerra civil, republicanos  que habían bautizado sus vehículos (no sin antes plantearse nombres como ‘Durruti’ o ‘Pasionaria’) con los de Guadalajara, Brunete, Teruel, Ebro, Guernica,  Don Quijote o España cañí…El capitán Raymond Dronne,  al mando de la Nueve, se había venido arriba y, influenciado por el humor los españoles, había escribió en su jeep: “Muerte a los gilipollas”.

Fue precisamente una columna de La Nueve la que logró desalojar a los soldados alemanes de la central telefónica parisina y, el 25 de agosto, se enfrentaron a otro encargo complicado.

“¿Arde París? ¿Y Notre Dame?”

«Los puentes del Sena deben ser preparados para su destrucción. París no debe caer en manos del enemigo, a no ser como un montón de ruinas».

Esta era la orden que había recibido Dietrich von Choltitz, comandante de París bajo la ocupación alemana, de un Adolf Hitler cada vez más desquiciado y en modo «para lo que me queda de estar en este convento». Los historiadores debaten hasta el día de hoy si von Choltitz incumplió deliberadamente la orden del mandatario nazi (quizás para librarse de la, ehem, guillotina) o si no pudo cumplirla por falta de organización o tiempo.

Lo cierto es que, como señaló ABC en un reciente artículo, según Robert Bevan, autor de ‘The Destruction of Memory: Architecture at War’ se había planeado hacer saltar por los aires los monumentos de la capital mediante explosivos, aunque no se descartaba usar como apoyo las famosas bombas volantes o incluso un ejemplar del gigantesco mortero Karl, ideal para demoliciones. El objetivo principal era la Torre Eiffel, aunque se habían seleccionado para el reciclaje pardo otros lugares emblemáticos como el Arco del Triunfo, los Inválidos, el Palacio de Luxemburgo, las calles ubicadas en los alrededores de la Plaza de la Concordia o la Casa de la Ópera y (natürlich) Notre Dame.

«Van por París un extremeño, un aragonés y un andaluz y…»

Tres españoles de La Nueve (Antonio Gutiérrez, Antonio Navarro y Francisco Sánchez), armados con granadas y metralletas asaltaron el Hotel Le Meurice (cuartel general alemán entre septiembre de 1940 y agosto de 1944 y alojamiento del general Dietrich von Choltitz, comandante de París bajo la ocupación alemana), y desarmaron al general y a su estado mayor.

Parece ser que entonces se vivió alguna situación surrealista, en concreto cuando von Choltitz, militar aristócrata y prusiano, se vio en el trance de tener que rendirse a un rojales ibérico, soldado raso para más inri. Se trataba de Antonio Gutierrez, extremeño que, según Público, se presentó ante el gobernador alemán con la sucinta frase “soy español, y estos también” (señalando a Navarro y Sánchez).

Von Choltiz, herido en su amor propio, pidió a Gutiérrez que se presentara en la sala algún oficial de mando francés, dado que las leyes de la guerra dictaban que un oficial debe rendirse ante un oficial. Gutiérrez, sin problema, requirió la presencia de sus superiores. Eso sí,  sin dejar de apuntar al general nazi con su arma.

Tras llegar los franceses de pura cepa, pudiendo el mandamás germano rendirse sin minar su ego, agradeció a Gutiérrez y al resto de españoles el haber respetado las leyes de la guerra y su integridad física. Choltiz, sin nada más a mano, se quitó de la pulsera su reloj y se lo entregó a Antonio Gutiérrez. «Toma… para ti… Guárdalo como recuerdo», le dijo. Más tarde, fue escoltado por los españoles, de camino al cautiverio.

Al día siguiente, el 26 de agosto, las tropas aliadas entraron triunfantes en París. Los españoles desfilaron entonces frente a la Catedral de Notre Dame, que se había salvado de la quema en gran parte gracias a la Novena, los carpetovetónicos escoltaron al general Charles de Gaulle por los Campos Elíseos.

 Un momento, ¿y los españoles de la resistencia?

Sí, como señaló Charles Tillon, dirigente de la Resistencia que posteriormente fue ministro del general De Gaulle, “más de 4.000 españoles estaban en la Resistencia en París”. Muchos de ellos participaron en tareas de sabotaje en fábricas y en medios de transporte, o interceptando los camiones que salían de la fábrica de coches Panhard, lugar en el que los alemanes almacenaban explosivos. Explosivos que, en parte, debían haber incendiado y demolido Notre Dame. ¡Chúpate esa, Adolf!

Con información de Periodistasenespañol.com, ABC, y Público.

Jaime Noguera es autor de la novela de terror ‘España: Guerra Zombi‘.

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