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Lentejas para comer, gato guisado para cenar

05 May 2019
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Iñaki Berazaluce

Receta de gato guisado. Ingredientes: 1 gato de 2 kilos. Preparación: Despellejar el gato como si fuera un conejo. Lavar bien y secar con un trapo. Cortarlo en pedazos, separar el hígado y el corazón”.

Esta receta de gato guisado no es de la Edad Media, sino que aparece en un libro de platos populares cántabros publicado en 1985. Se trata de la aportación de la “abuela Martina Campillo, de Liendo”, al libro ‘La cocina de Cantabria en sus raíces Pejinas’, de Zacarías Puente, renombrado hostelero santanderino. En la portada aparece una doña que no sabemos si se trata de doña Martina, pero que dudosamente se llevaría las manos a la cabeza si le sirvieran un plato de gato guisado con patatas para cenar.

1985 es antes de ayer, como quien dice. Puede que por entonces un pedazo de España ya estuviera en el futuro, de la mano de Aviador Dro, pero en otros lares todavía salían las doñas con un cuchillo jamonero a cazar un gato para el almuerzo. En otro libro publicado un par de años antes, ‘Recetas de cocina de abuelas vascas’ (1983), José Castillo comparte no una sino dos recetas de gato guisado y gato en salsa “proporcionadas por dos inocentes abuelas alavesas”.

Hasta hace no tanto, el gato era un plato habitual en las cocinas más humildes. No siempre fue así: hubo un tiempo en que se consideraba un manjar. En 1525 Carlos I ordenó publicar en Toledo el ‘Libro de cozina’, que se convirtió rápidamente en el primer ‘best-seller’ gastronómico de nuestro país. Entre sus 236 recetas originales aparece, “el gato assado como se quiere comer”, si bien esta receta desapareció en ediciones posteriores.

Bueno para comer

¿Y por qué nos da tanto asco imaginarnos un guiso de gato y, sin embargo, salivamos si se trata de conejo, que viene a ser lo mismo, como bien dice la sabiduría popular? La paradoja la explicó el antropólogo Marvin Harris en su imprescindible ‘Bueno para comer’ (publicado, curiosamente, en aquel mismo año, 1985): los gatos -igual que los perros o los caballos- son mucho más útiles en otras tareas -cazar ratones y hacernos compañía, básicamente- que como fuente de proteínas. Varios milenios de convivencia han dado al gato un estatus de compañero del hombre del que carece, por ejemplo, la gallina, que por su natural antipatía nunca será una mascota y sí un guiso con plumas.

Con información de El Diario de Cantabria y Burgos Conecta.

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