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‘La Razón’ censura una columna satírica sobre el tobogán de Estepona por presiones del ayuntamiento

13 May 2019
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Iñaki Berazaluce

El tobogán de Estepona no llegó a estar abierto ni 24 horas pero ha dado lugar a una avalancha de artículos, memes y comentarios jocosos en las redes sociales. Entre lo más comentado están las bragas naranjas de la concejala de Estepona que se atrevió a inaugurar el “inventazo”. Así, con las bragas de la concejala, empezaba precisamente la columna de Rebeca Argudo en la edición online de La Razón: “¡Qué grande eres, Estepona!” y que duró en internet lo que dura un whisky on the rocks en el gaznate de Sabina.

“Por favor, hablemos de Estepona y su tobogán urbano, el más grande de España. No puedo ser más fan de su alcalde de lo que ya lo soy y necesito que lo comentemos o se me hará bola. Llevo un buen rato viendo en bucle el vídeo de la concejal, bragas al viento, inaugurando el inventazo y no puedo parar de reír”.

El artículo fue eliminado apenas un par de horas después de su publicación de la web de La Razón y ha sido reemplazado por un lacónico mensaje de Error 404. Pero no se trató de un error, sino de una censura pura y dura. Aquel artículo no sentó muy bien en el Ayuntamiento de Estepona y alguien llamó airado a la redacción del diario madrileño, haciendo valer sus maravedíes gastados en publicidad en el rotativo. Minutos después, el artículo desaparecía de La Razón. Pero internet no olvida: el artículo puede leerse íntegro en Archive.org, la nunca bien ponderada “caché” de internet. También andan circulando por las redes sociales un archivo pdf con el artículo, en lo que ya es un ‘efecto Streisand’ de libro.

El motivo de la censura lo explica la propia autora del artículo en su muro de Facebook:

“La columna más naif e inocua que he escrito en mi puñetera vida de primate no sentó muy bien en el ayuntamiento de Estepona. Y, casualmente, resulta que Estepona se gasta una pasta gansa en publi en el periódico donde se publicó. Así que en la redacción se recibió una llamada de alguien muy enfadado invitando a retirar la columna si no querían quedarse sin un anunciante premium”.

Lo más asombroso es que, como dice Argudo, el artículo es bastante inocuo, más aún teniendo en cuenta el estilo cáustico y afilado característico de la columnista. Juzguen, juzguen ustedes mismos:

 

¡Qué grande eres, Estepona!

Por favor, hablemos de Estepona y su tobogán urbano, el más grande de España. No puedo ser más fan de su alcalde de lo que ya lo soy y necesito que lo comentemos o se me hará bola. Llevo un buen rato viendo en bucle el vídeo de la concejal, bragas al viento, inaugurando el inventazo y no puedo parar de reír. No me pasaba eso desde aquel vídeo de la mamá panda que estornuda y le da un susto de muerte al bebé. Dios, lo que pagaría por haber estado en la reunión del ayuntamiento en la que se abordó el problema del desnivel entre las calles Reina Sofía y Eslovaquia, en esa tormenta de ideas demencial de la que surgió El Gran Proyecto. Me imagino algo así:

Interior día.

Sala de reuniones del Ayuntamiento de Estepona.

Bueno, señores, y ahora vamos a tratar el problema de la unión entre las calles Reina Sofía y Eslovaquia. Hay que salvar el desnivel para que nuestros vecinos se ahorren dar tanta vuelta. Y para que vuelvan a votarnos, claro.

Podríamos poner un teleférico.

Eso es muy antiguo y ya hay en más ciudades. Tenemos que ser originales, salir en los periódicos. Aprovechemos para dar un bombazo y atraer turistas.

¿Burritos?

Y modernos. También tenemos que ser modernos.

¿Una lanzadera espacial?

Martínez, déjese de tonterías. Aquí hemos venido a trabajar.

¿Y un tobogán?

Usted es tonto, Martínez. ¿Qué tenemos? ¿Ocho años?

No, no. No me refiero a un tobogán infantil. Me refiero a un tobogán urbano. Ur-ba-no. Una cosa muy moderna y dinámica. Vanguardista, diría yo. El más largo de toda España.

Eso, eso es justo lo que necesitamos. Es fantástico. Encárguelo ya.

Y una maceta de diez metros.

¿Qué?

Una maceta de diez metros. Una pedazo de maceta como un día de fiesta.

Vale. También. Qué grande es usted, Martínez. Qué grande.

Y una pizza gigante de pepperoni. Para todo el pueblo.

Tampoco se pase.

Bueno, vale.

Total, que sí. Que Estepona tiene ya el tobogán urbano más grande de España. 38 metros de tobogán con una inclinación de entre 32 y 34 grados y alguna que otra curva criminal. 28.000 eurazos de acero inoxidable para que los vecinos puedan bajar los 50 metros de desnivel a una velocidad infernal y suicida. Lo típico. Y sí, he dicho acero inoxidable. Acero inoxidable bajo el sol de Andalucía. Morir con diversas contusiones y achicharrado como método para andar menos ¿Es o no es todo un despropósito de dimensiones épicas? Pero tienen el tobogán urbano más grande de España, insisto. Cerrado, eso sí. Han clausurado la ocurrencia cuando todavía no habían pasado ni 24 horas desde que el primer intrépido esteponero se lanzó tobogán abajo, dejándose en el camino la salud, la ropa y la dignidad. Porque, a mí no me digas, pero aterrizar a velocidad crucero sobre un montón de arena tras planear a ras de suelo (quien detiene palomas al vuelo) durante unos metros, no me parece la mejor manera de ir a la compra así, a diario.

Desde el ayuntamiento mantienen que el tobogán está homologado, que cumple todas las medidas de seguridad, que unos cuantos heridos tampoco es para tanto, que no se puede aguantar de lo bonito que es, que qué mala es la envidia. Pero lo han cerrado para someterlo a una nueva revisión. Y me parece buena idea. La primera que han tenido, quizás. Estaría bien asegurar que nadie va a resultar herido por ahorrarse unos minutos de caminata. Aunque como método de control de la población, a lo mejor tampoco está tan mal. Por verle el lado bueno, digo.

Y hay otro tema que no se ha tocado pero a mí me parece de vital importancia. A ver ¿Bragas de color naranja? ¿Hola? ¿Por qué alguien en su sano juicio utilizaría a diario ese color en la ropa interior teniendo más de seis años? También te digo que no me parece fuera de lugar tratándose de un adulto lanzándose sin conocimiento alguno tobogán abajo para demostrar que aquello era seguro, necesario y practiquísimo. Si es que poco nos pasa.

Yo sigo pensando que, solo por las risas que nos hemos echado, están justificados los 28.000 euros invertidos en el invento. A mí, si me lo permite el alcalde de Estepona y desde aquí, me gustaría sugerir que, ya que hemos (digo “hemos” porque estoy tan emocionada con este tobogán que yo ya me siento de Estepona de toda la vida) encargado una auditoría, pues que aprovechemos y añadamos un looping vertical a mitad de trayecto, una pequeña zona de agua para salpicar a los cobardicas que deciden bajar por las escaleras y, al final, una cama elástica que propulse al usuario hasta algún lugar que interese al consistorio. Bien a urgencias directamente, bien a una calle comercial, bien a una zona de playa. Dependiendo de la temporada y la necesidad. Yo lo veo. También es verdad que instalaría en el mismo parque un puesto de Cruz Roja, una caseta para repartir protectores y cascos gratuitos y de uso obligatorio, folletos señalando las farmacias más cercanas y vales de descuento en productos para tratar abrasiones y quemaduras. También me parece imprescindible una torre de vigilancia, como las de la playa, pero con un socorrista especialista en primeros auxilios y evacuaciones. La maceta gigante podría ser reconvertida en chiringuito con terraza.

Mira, al final no va a ser tan mala idea y el tobogán más grande de España va a generar puestos de trabajo en Estepona. Si es que este alcalde es muy grande. Más que el tobogán.

Visto en Archive.org. No visto en La Razón.

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