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“El domo geodésico representa la sublevación frente a la tiranía del ángulo recto”

20 May 2019
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Iñaki Berazaluce

Mario Turégano tiene una misión: sembrar el mundo de domos. Tras más de 50 cursos por España y parte del extranjero, Mario lanza por fin su esperado libro ‘Manual completo de domos geodésicos’ y lo hace a través de un crowdfunding en Verkami.

A continuación, el prólogo que he escrito para este magnífico libro:

El antídoto de una vida cuadriculada

Resulta curioso que todavía haya quien atribuya a los extraterrestres la construcción de las pirámides de Egipto y, sin embargo, nadie haga lo propio con el Panteón de Agripa, en Roma, que con su portentosa cúpula de 44 metros de diámetro sigue en pie casi 2.000 años después de su construcción.

Cada una a su estilo, la Gran Pirámide de Giza y el Panteón de Agripa son dos construcciones fascinantes, que desafían nuestra imaginación y nos hablan de la maravilla del ingenio humano. Si bien nadie discute que el templo romano sea obra de Adriano -aunque el humilde emperador renunció a dejar cualquier rúbrica para la posteridad-, mucha gente, demasiada, insiste en la “misteriosa” autoría de la pirámide. ¿Por qué? (Una pista: es puro racismo).

Pero no me han llamado aquí para hablar de faraones, sino de domos. Y el Panteón de Agripa es, en esencia, un gigantesco domo: el mejor de su especie, el más magníficamente planificado y ejecutado de la Historia y ahí están sus 1.900 años en pie para demostrarlo.

Cuando uno entra por primera vez en el Panteón de Agripa se siente una mezcla de extrañeza y pequeñez. Pequeñez porque eres diminuto ante la gigantesca cúpula, que se yergue 43 metros sobre tu cabeza. Y extrañeza porque allí falta algo; no resulta verosímil que el edificio pueda crecer hacia el cielo sin el apoyo de una sola columna, si arquitrabe, ni ningún otro elemento de sujeción. Aquella cúpula, este domo, no es únicamente sólido, también es etéreo.

 

El domo: la casa

“Domo” significa “casa” en latín. De ahí surge “doméstico” y “mayordomo”. También “domar”, que no es sino volver manso al animal salvaje, domesticarlo.

El Panteón de Agripa es una casa, sí, mas no el hogar de los mortales sino de los dioses. “Panteón” quiere decir eso mismo: templo de los muchos dioses, como dictaba el politeísmo de los romanos. El domo es, por tanto, la esencia misma del hogar. De ahí que nos sintamos instantáneamente reconfortados al entrar en uno: el domo remite a la cueva en que se refugiaban nuestros antepasados -diez mil generaciones de trogloditas te contemplan, querido lector- y también al útero de la madre.

El domo es, asimismo, una forma orgánica de la Naturaleza, incapaz de parir algo parecido a un cubo. Como nos explicó el sabio Jorge Wagensberg, “La esfera protege. El hexágono pavimenta. La espiral empaqueta. La parábola concentra”.

Entonces, si el domo es el epítome del hogar, ¿cómo es posible que nadie, o casi nadie, viva en domos y la abrumadora mayoría de las personas habiten en cajitas en forma de paralelepídedos llamados “apartamentos”, “pisos” o “estudios”? Muy fácil: la cajita es apilable, el domo, no. Encima de cada domo solo cabe la bóveda celeste, mientras que un edificio de apartamentos puede crecer ad infinitium -se están construyendo ya rascacielos de un kilómetro de alto- en vertical.

El domo solo ha sido redescubierto muy recientemente por los humanos como estructura para vivir, para tocar y escuchar música o para meditar. El domo no es para todo el mundo, solo para quienes han afinado su oído lo suficiente como para escuchar la música de las esferas.

El resurgir del domo (¿o debería decir “el surgir”, a secas?) ha sido posible gracias a genios como Mario Turégano, autor este libro y gran amigo. Y digo “genio” porque su acercamiento al domo -su particular escucha de la música de las esferas- vino desde su curiosidad, siempre infantil, desde la exploración, cándida y, sin embargo, meticulosa, de los arcanos de aquella estructura que le fascinaba: la semiesfera, el domo geodésico.

Este libro que tienes entre las manos es un manual de construcción pero es mucho más: es un libro de instrucciones para la vida, un recordatorio -redondo y sin aristas- de que para vivir libre, para pensar autónomamente y, en definitiva, para ser un libresentidor, es necesario derribar las viejas estructuras mentales y vivir dentro de un espacio sagrado, platónico, perfecto: el domo geodésico, el antídoto de una vida cuadriculada, la sublevación frente a la tiranía del ángulo recto.

Como el emperador Adriano, Mario va sembrando España (¡y el mundo!) con domos que no llevan su firma, aunque sí su precisa aritmética. Sirva este libro para poner rúbrica a tantos domos diseminados por ese gran domo que es nuestro planeta.

Ya tardas en reservar tu ejemplar de ‘Manual completo de domos geodésicos sin conectores’ en Verkami.

BONUS TRACK: Feísmo gallego, el cómo y el por qué

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