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Cómo se insulta en otros países o cuando “escroto sucio” es más ofensivo que “hijo de puta”

17 May 2019
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Sergio Parra

Sergio Parra es autor de ‘¡Mecagüen! Palabrotas, insultos y blasfemias’

Los tacos reflejan los rasgos de una sociedad de una manera tan minuciosa que todos ellos, desde lo más procaces hasta los más populares, pueden usarse para describir sociedades como las huellas dactilares identifican a individuos.

Y los insultos no solo funcionan como un ataque verbal al extranjero, sino que también constituyen un demarcador territorial que traza líneas imaginarias de una jurisdicción cultural.

Cada conjunto de individuos también deja en evidencia su desprecio hacia los que quedan al otro lado de la frontera concibiendo nuevas formas de insultar, desde el alemán “das kommt mir Spanissch vor” (‘esto resulta español’ como forma de decir ‘esto huele a chamusquina’) al “despedirse a la francesa”, una expresión que se remonta al siglo XVIII cuando era costumbre en Francia irse de una fiesta sin despedirse del anfitrión. Irónicamente, esa misma expresión peyorativa, en Francia, se expresa con un “filer à l´anglaise” (largarse a la inglesa).

Ilustración de Malagón.

La invectiva, pues, resulta verdaderamente eficaz cuando se identifican cuáles son los puntos débiles del ofendido. Algo tan español como “ser más espeso que el chocolate” tiene su equivalente en cantonés: pie hochi yat gas faan gam (“ser como un grumo de arroz hervido”). Y un belga o un holandés, por ejemplo, consideraría “vulle klootzak” (“escroto sucio”) más ofensivo que “hoere jong” (“hijo de puta”). La mayor intensidad del insulto a los parientes probablemente se produzca en el sur de Italia, concretamente en Catania, donde pueden usar un “que os den por culo a ti y a 35 de tus parientes”.

El lenguaje también se modela a expensas de evitar las obscenidades. Los hablantes de la lengua aborigen dyirbal, en Australia, donde todas las palabras habituales adquieren la categoría de tabú cuando se pronuncian delante de la suegra o determinados primos. Entre los polinesios, por el contrario, no es extraño que uno se lave la boca para evitar que salgan de ella las palabras más sucias. El francés tuvo que prescindir del término “computer” y ser sustituido por “ordinateur” porque con” es el término coloquial de vagina y “pute”, el de prostituta. Y como en español adoptamos el término del francés, en España decimos “ordenador” pero en Latinoamérica se han decantado por el “computadora”.

Ilustración de Malagón.

Tal y como explico en ‘¡Mecagüen! Palabrotas, insultos y blasfemias’:

Las fronteras lingüísticas y culturales también permiten que fluyan determinadas palabrotas y que se adopten en algunos contextos porque pueden sonar más agresivos que los dichos en la lengua propia. Este fenómeno parece darse, sobre todo, en regiones donde existe bilingüismo, como el bereber del norte, que recurre al árabe o al francés para insultarse. Los ucranianos prefieren usar el ruso para lanzar imprecaciones más contundentes. Y en catalán, a veces, se usa el castellano.

Perdidos en la traducción

En muchos casos, traducir algunas palabrotas es tan difícil como traducir un poema sin que se pierdan todos los matices.

  • Albanés: Milosh! (en referencia al dictador serbio Slobodan Milosevic).
  • Coreano: Ilbonnom (puede traducirse como “japonés”, un grave insulto debido a la larga enemistad entre Corea y Japón) o Ni me shi me nuhn il non chon haam ey oso young het nuhn rae (tu madre se ponía a nadar para ir al encuentro de los acorazados japoneses).
  • Chino: Wang bah dahn (literalmente significa “huevo de tortuga”, y se suele soltar despectivamente a los malos políticos).
  • Armenio: Glirit Mortin Hed Sarma Shinemt (voy a hacer sarma con tu prepucio; la sarma es un alimento envuelto en hojas de vid o repollo).
  • Ruso: yob tvoyu mat (puede traducirse tanto como “he besado a tu madre” como “vete fuera de mi vista”).
  • Yiddish: es particularmente específico a la hora de catalogar la estupidez humana: schmutte o schlump (tonto), schlimazl (necio además de inepto), nisrof (tonto de remate o sin remedio), shnuk (amable pero fácil de engañar), shmendrick (tonto e introvertido) o lekish ber schlemiel (tonto sin suerte). Y tiene expresiones muy retorcidas como “Deberías caerte en una letrina después de que un regimiento de cosacos se hubiera hartado de col y ciruelos” o “¡que heredes una mansión con mil habitaciones, y cada habitación con mil camas, y que el cólera te lleve de una cama a otra!”.

Si bien nos pueden parecer expresiones pintorescas y demasiado locales, en español también hay una gran variedad de ellas que resultaría tan difíciles de trasladar en otra cultura como una expresión de Chiquito de la Calzada:

  • No tengo el culo para zanahorias.
  • Estar donde Cristo perdió la alpargata.
  • Por todos los santos del almanaque zaragozano.
  • La cagaste, Burt Lacanster.
  • Chaval, que tu culo huele mal y el mío fenomenal.
  • Una mierda tierna.
  • Naranjas de la China.

También los insultos más comunes se usan en diferente proporción dependiendo del país que analicemos, tal y como hizo un estudio de 2008 publicado en la revista International Journal of Intercultural Relations. Según este estudio que tuvo en cuenta la categoría de insultos favoritos de los hablantes de España, Alemania, Francia, Italia, Croacia, Polonia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Noruega, Grecia y los Países Bajos, los insultos a los que se recurría con más frecuencia eran: idiota, gilipollas, imbécil, subnormal, tonto, estúpido, maleducado, capullo y cabrón. Sin embargo, hubo algunas particularidades:

  • España, Grecia e Italia: mayor referencia a la falta de inteligencia de la otra persona, Polonia: mayor referencia a un posible origen campesino.
  • Estados Unidos y Alemania: sexo anal y ano.
  • Croacia: genitales masculinos.
  • Francia: genitales femeninos
  • Países Bajos: genitales de ambos sexos.
  • En Noruega: variaciones del término “demonio”.

Ya estás tardando en hacerte con tu ejemplar de ‘¡Mecagüen! Palabrotas, insultos y blasfemias’, zangolotino.

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