«Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros»

La frase de Estalisnao Figueras tiene tanta vigencia en 2019 como cuando fue pronunciada en 1873: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros», dicen que dijo el primer presidente de la brevísima Primera República de España momentos antes de dimitir, coger los bártulos y exiliarse en Francia.

La Primera República fue proclamada el 11 de febrero de 1873 tras el también efímero y frustrante reinado de Amadeo I (y último) de Saboya, un rey que se trajo de Italia el general Juan Prim después de expulsar a los Borbones de España, y en la convicción de que la monarquía era la única forma posible de gobierno en España, una mentalidad delirante que sigue vigente, visto lo visto.

Amadeo de Saboya duró un año y medio en el trono (desde noviembre de 1871 hasta febrero de 1873) y también se despidió de "un país hondamente perturbado" con alguna frase memorable: «Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi» (es decir: «No entiendo nada, esto es una jaula de locos»).

Figueras, catalán y republicano federal de gran prestigio, asumió la presidencia de la República durante cuatro meses escasos, entre el 12 de febrero y el 11 de junio de 1873, un período en el que le dio tiempo a hacer tanto como ha hecho. Pedro Sánchez y su gobierno desde las elecciones: cero patatero.

Tras acceder a la presidencia, la crisis económica, las intrigas políticas, también dentro de su propio partido, y los problemas con una Cataluña separatista le llevaron a buscar el camino de la frontera y huir a Francia sin decir nada a nadie, según relata Curistoria. Antes de poner tierra de por medio, el 10 de junio de 1873, Figueras soltó una frase que vale por toda una presidencia.

Tras aquella reunión, prosigue Curistoria, "sin avisar a nadie y siendo aún presidente, se subió a un tren en Atocha y se fue a París. Lógicamente le buscaron sucesor rápidamente en la figura de Francisco Pi y Margall, pero el primer gobierno de la Primera República Española acabó de un modo realmente asombroso".

La cosa no mejoró con Pi y Margall, otro catalán que levantaba pasiones: "Pi causaba gran admiración entre sus partidarios, pero el resto de los diputados consideraban que estaba como una chota y que tenía tics dictatoriales. Los monárquicos, para cachondearse, le llamaban rey Pi", tal y como cuenta Javier Barraycoa en 'Esto no estaba en mi libro de historia del Carlismo'. Pero eso es otra historia.

Visto en Curistoria, vía ABC. Con información de Wikipedia y Strambotic.

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