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Los indigentes de la fiesta en Ibiza

07 Jul 2019
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Inma Saranova

Foto: Inma Saranova.

Vine para hacer la temporada pero de momento no me ha salido nada. Ahora mismo vivo en la calle y necesito ayuda para ir tirando mientras encuentro trabajo, tal vez en el aeropuerto.” La frase la pronunciaba un joven gallego, fornido, educado y con buena apariencia en una céntrica calle de Ibiza en mayo de 2017.

Hoy ese mismo hombre, mucho más delgado, camina descalzo y habla a gritos con alguien que no está allí justo antes de pedir un cigarro a los clientes de una terraza. La camarera advierte, “no le deis nada, que es un pesado.” Ya es un conocido en el bar: “Además está como una cabra, ya hemos tenido que llamar a la policía unas cuantas veces después de que armara bronca”, insiste la camarera sin dar mayor importancia a la situación. El gallego se va sin cigarro y continúa hablando para sí mismo.

Él es solo una de las muchas personas con problemas mentales y de adicción que malviven en las calles de Ibiza, una isla en la que la población de personas sin hogar ha aumentado en los últimos años. Así lo confirma Cáritas Ibiza, -entidad que el pasado jueves presentó los datos de su informe anual correspondiente a 2018- así como el colectivo ‘La Voz de los que Nadie Quiere Escuchar’ dedicado a la atención a las personas sin techo.

Ibiza era una fiesta.

Pero personas sin hogar hay de muchos tipos, por eso Cáritas trabaja con las categorías ‘ETHOS’ que distinguen entre cuatro tipologías distintas. Por un lado estarían las personas sin techo, -las que viven a la intemperie, o en cajeros y portales-; por otro estarían las personas que se alojan en centros públicos (tales como albergues, centros de menores, centros penitenciarios, o casas de acogida); una tercera categoría la compondrían las personas que residen en viviendas inadecuadas y carecen de infraestructuras, servicios mínimos o suministros (chabolas o barracones); y, por último, está la gente que reside en viviendas inseguras que son aquellas en las que la integridad o derechos de las personas pueden verse amenazados, (alguien que vive con un maltratador, alquileres sin contrato, o personal doméstico interno, entre otros).

Precisamente este último caso, el de las viviendas inseguras, representa la problemática que se ha hecho más visible en la isla (alquileres abusivos en su mayoría) debido al gran número de casos registrados, pero, sobre todo se ha convertido en la punta de lanza del debate social gracias al manifiesto descontento ciudadano y a la cobertura mediática recurrente que se ofrece de este asunto. Sin embargo, aunque menos visible, el resto de perfiles de personas sin hogar a los que se refiere Cáritas también está muy presente en Ibiza.

Por las calles de la Pitiüsa mayor, especialmente en Vila, podemos ver a muchas personas que se encuentran en situación de indigencia y que presentan habitualmente un perfil similar: padecen una adicción a las drogas o al alcohol y algún tipo de trastorno mental y muchas de ellas han venido desde fuera Ibiza y se han quedado en la isla sin posibilidad de salir.

Homeless en Ibiza. Foto: Vito Pappagallo (Flickr).

Algunas de ellas vinieron a trabajar de temporada, los planes no salieron bien y en poco tiempo se vieron en la calle, como contaba el hombre gallego al que nos referíamos al principio de este reportaje; otras, vinieron a la isla de fiesta y la fiesta les atrapó. Es el caso de un hombre francés que padece una minusvalía que le impide caminar y que pasa la mayor parte del tiempo sentado frente al escaparate de una tienda de una de las más conocidas discotecas de Ibiza. Preguntado por su trayectoria, en una deficiente mezcla de español e inglés que acaba derivando al francés, explica que su vida ha sido “todo fiesta”, que llegó a Ibiza interesado por las discotecas, la música y “el buen rollo”, y que ahora “ya no hay discotecas pero sigue habiendo heroína”.

Como él muchas otras personas viven en las calles situaciones parecidas: adicciones y problemas mentales, factores que, combinados, se conocen médicamente como ‘Patología dual’ en referencia a la concurrencia de un trastorno por consumo de sustancias con otro trastorno psiquiátrico. Muchos estudios epidemiológicos en población general reportan una alta prevalencia de patología dual, sin embargo, la información disponible sobre el tema en poblaciones especiales, como la de las personas en situación de indigencia es muy limitada.

Trastorno mental y drogas

El psiquiatra Miguel Ruiz Flores explica que la población sin hogar que sufre esta patología, está por lo general fuera del sistema de ayuda social y sanitario. En los centros de tratamiento de drogadicciones solo se ayuda a quienes acuden hasta ellos mientras que en lo referido al tratamiento psiquiátrico, en la normativa española, los ingresos por trastorno mental pueden ser voluntarios e involuntarios (dependiendo de si se producen o no con consentimiento del paciente), pero difícilmente serán voluntarios en casos como los descritos en los que al trastorno mental se le suma una dependencia al alcohol o las drogas. Por otro lado, para que el ingreso sea involuntario, debe ser considerado de urgencia, indicado por un médico y refrendado por un juez, y se justifica por la necesidad de inmediata intervención médica.

Por todo ello, la doctora Marina Llovés Gómez de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) del Consell de Ibiza, reconoce que este tipo de población no suele llegar a su centro, el único que junto con Proyecto Hombre que trabaja en materia de ayuda a las dependencias en la pitiusa mayor. Llovés también habla de situaciones muy cronificadas que impiden que haya la voluntariedad necesaria para poder recibir ayuda de la UCA. Por tanto, si no son las propias personas las que acuden de forma voluntaria al sistema, el sistema no suele llegar hasta ellas, aunque en ocasiones sí que lo hace, aunque sea de forma azarosa.

El Doctor Ruiz Flores recuerda el caso de un hombre italiano que llegó a urgencias psiquiátricas de Can Mises después de que la policía local lo trasladara hasta allí y lo describiera como “un indigente que estaba delirando” en mitad de la calle. El equipo médico diagnosticó al paciente que se hallaba totalmente desorientado y le medicaron de forma adecuada al cuadro psiquiátrico que presentaba. Al poco tiempo, el hombre recordó su identidad. “Se trataba de una persona desaparecida desde hacía cuatro años, momento en que tuvo un brote psicótico y vino a Ibiza sin que sus familiares volvieran a saber nada de él”, recuerda Ruiz flores. Cuatro años en los que estuvo viviendo en la calle, en los que sus seres queridos habían se temido lo peor y que sólo terminaron cuando obtuvo, casi de casualidad, un tratamiento psiquiátrico acertado.

Pero, lamentablemente, la mayoría de estas historias no tienen un final feliz. Según apunta Cristóbal, promotor de ‘La Voz de los que Nadie Quiere Escuchar’, colectivo cuyo fin es ayudar a personas sin techo o con dificultades para cubrir las necesidades más básicas, en Ibiza en la actualidad hay al menos 200 personas viviendo a la intemperie, la mayoría de las cuales cumplen el perfil de patología dual descrito. Según Cristóbal, este número suele mantenerse constante porque, pese a que cada vez hay más personas en esta situación, otras muchas, “simplemente se mueren”, asegura. Desde 2016 este colectivo ha contabilizado al menos a 18 personas fallecidas en Ibiza en situación de indigencia pese a que las cifras oficiales solo hablan de tres. En opinión de Cristóbal, esta diferencia numérica se debe a que las instituciones sólo contabilizan a quienes fallecen a la intemperie y no a quienes lo hacen, por ejemplo, en infraviviendas o vehículos.

El escocés que se lanzó al mar

Y no todas ellas mueren por problemas de salud o drogas. Mucha gente aún recuerda a un fornido escocés que después de llegar a Ibiza junto a un amigo con las falsas esperanzas de prosperar en el mundo de la noche, estuvo viviendo completamente alcoholizado y sin conocer ninguno de los idiomas de la isla al menos una década hasta que, según cuentan quienes fueron sus amigos, un día se quitó la vida adentrándose en el mar.

Según Cáritas Ibiza, el problema no es la calidad de la atención a estas personas, sino a que por el momento no existe ningún recurso integral de atención a problemáticas de consumos. “Llevamos esperando durante más de 10 años la construcción de un centro de baja exigencia, espacio imprescindible para poder abordar y trabajar la promoción de estas personas. Además, se está pendiente de la creación de un servicio de atención a patologías duales, un servicio muy necesario, pero creemos que las plazas que se ofrecerán son insuficientes”, lamenta Maite Barchín, trabajadora social en el servicio de acogida de Cáritas Diocesana de Ibiza y Formentera.

Barchín hace referencia al anuncio hecho a principios de este año por la entonces consellera de Salud Balear, Patricia Gómez, quien anunció que durante 2019 su departamento abriría en Ibiza un hospital de día de patología dual para tratar a los pacientes con problemas de adicciones además de enfermedades mentales. Sin embargo, según el anuncio de Gómez, este hospital de día sólo dispondría de ocho plazas.

Lo primero es la casa

Del centro de día, seis meses después del anuncio, aún no hay noticias. Mientras tanto, y a la espera a la materialización del tan esperado Albergue de Baja Exigencia de Es Gorg, -cuyo convenio se firmó a finales de legislatura entre el Ayuntamiento y el Consell de Ibiza- tampoco parece que haya por el momento ningún plan relacionado con la falta de vivienda para estas personas. Y ello pese a que, según Maite Barchín, la vivienda es la principal herramienta para la inserción tal y como demuestran experiencias como el HousingFirst, que prioriza la vivienda como eje central para abordar el resto de problemáticas de la persona.

Barchín insiste en que es necesario disponer en la isla de una red de recursos adecuada “que a día de hoy es casi inexistente porque no hay servicios especializados” según apunta. También la Doctora Llovés de la UCA reclama con urgencia los servicios que deberían de facilitarse en Es Gorg para asegurar un mínimo de dignidad humana a las personas con adicciones independientemente de que hayan dejado el consumo o no. La misma reclamación hace Cristobal desde ‘La Voz de los que Nadie Quiere Escuchar’: “En Ibiza no hay nadie que salga a preocuparse por estas personas”.

Pese a todo, desde el colectivo de Cristóbal ya se han tomado algunas medidas. Recientemente acompañaron a la Vicecónsul británica para que conociera la situación en la que viven algunos de sus compatriotas. Después de esta visita, el viceconsulado facilitó papeles a los sin hogar que les identificaban como ciudadanos británicos y que también sirvió para informar a sus familias de que seguían vivos. A partir de esta experiencia, ‘La Voz de los que Nadie Quiere Escuchar’ propuso al Consell de Ibiza que se repitiera la experiencia con todos los cónsules y vicecónsules de la isla, pero por el momento, no ha tenido noticias al respecto por parte de la administración de que se esté llevando a cabo ningún tipo de medida en este sentido.

Respecto de las nacionalidades predominantes entre las personas que residen en la calle, Cristóbal habla de Europa del Este y de Marruecos como de las más significativas, aunque asegura que hay gente de todos sitios. Por su parte, en Cáritas, aseguran que sus usuarios en situación de indigencia son mayoritariamente personas sin una red de apoyo funcional, con problemática de salud mental y de consumo, y que mayoritariamente son hombres si bien han detectado recientemente un sensible incremento en mujeres. En lo que se refiere a la edad, el abanico es amplio y abarca, según Cáritas, desde los 25 hasta 55 años o más.

De pinchar en el Pachá a vivir en la calle

Cristobal asegura que muchas de estas personas que vienen hasta Ibiza y acaban viviendo en la calle llegaron a la isla con una idea utópica de la isla condicionada por la imagen de fiesta perpetua: “la típica imagen de Ibiza es la de Bora Bora, con la gente bailando y pasándolo bien, con gogós despampanantes como aquella que salía en un reportaje famoso de hace unos diez años y que ahora sufre graves problemas mentales y vive en la calle después de haber trabajado en lugares como Pachá o Amnesia”. Algo parecido le ocurrió a un antiguo DJ de Pachá, un español, que ahora pasa las horas en las cercanías de la Plaza del Parque de Vila.

Ante situaciones como las descritas, ‘La Voz de los que Nadie Quiere Escuchar’ trabaja para intentar mejorar la situación de estas personas, y en ocasiones lo consigue. Recientemente han logrado sacar de la indigencia a un veterinario y profesor de hípica que lleva ya 5 meses sin beber y que actualmente busca trabajo, “pero para que estas cosas pasen es necesario que alguien salga a la calle y se acerque a ellos”, concluye Cristóbal.

Publicado inicialmente por ARA Balears en catalán.

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