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El artículo misógino de ‘Yo Dona’ sobre Alma Mahler: “cachonda”, “mantis”, “devoragenios”, “libertina” y “desalmada”

15 Jul 2019
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Laura Ferrer

Alma Mahler (Viena, 1879–Nueva York, 1964) fue, sin duda, una mujer fascinante. Compositora e intérprete de piano de gran talento, creativa en todas sus facetas, ha pasado a la historia por haber sido esposa y/o amante de algunos de los artistas y creadores más reconocidos de su época como Gustav Mahler, Walter Gropius u Oskar Kokoschka. Sobre Alma Mahler, nacida Alma Schindler, se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo. Su figura, libre y alejada de los cánones de la época, sigue resultando muy interesante hoy en día. Sin embargo, no siempre se hace justicia con el personaje. No es raro encontrar artículos en los que el periodista de turno se ensaña con una mujer que es tachada de ‘devorahombres’.

El último y lamentable ejemplo lo encontramos en el suplemento ‘Yo Dona’, ‘la revista para la mujer’ de El Mundo, que acaba de publicar un artículo de Gonzalo Ugidos, tanto en su edición online como en papel, que se centra en la vida amorosa/sexual de Alma Mahler en unos términos que rayan lo vejatorio hacia su figura.

El reportaje ‘Alma Schindler, la mujer que cautivó a Gustav Mahler, Walter Gropius y Oskar Kokoschka’ habla por sí mismo: emplea un lenguaje sexista, insiste en el aspecto físico de Alma Mahler de una manera insultante, subraya la diferencia de edad con sus parejas y/o amantes para remarcar el aspecto ‘predador’ de la mujer y entra en descalificaciones absolutamente subjetivas sobre la compositora.

Veamos como comienza el artículo: “Eso de que Alma Mahler fue un bellezón es una de esas melonadas que se repiten por pereza mental, y si no, vean sus fotos en Pinterest. Su hija Anna dijo que cuando su madre se desnudaba «era como un saco de patatas». De lo que estoy seguro, más o menos, es de que fue muy lista y saludablemente cachonda. Vale también decir que como no quiso resistirse a las acometidas del deseo, decidió refinarlo eligiendo a sus amantes entre genios como Gustav Klimt, Gustav Mahler, Alban Berg, Walter Gropius, Oskar Kokoschka o Franz Werfel. Todos ellos, y muchos más, amaron a aquella mantis nada religiosa, y algunos hasta volverse locos. Desde luego, fue una especie rara de musa que chupó la sangre de los genios a los que trastornó. La cuestión es si fue un inocente objeto sexual o una ‘femme fatale’. La respuesta es que vete tú a saber. Ya dijo Willa Cather que «el corazón ajeno es un bosque oscuro».

Ugidos cree que la cuestión está en si fue “un inocente objeto sexual o una ‘femme fatale’. Huelga hacer comentarios a una frase que se explica en sí misma.

Ese es el arranque del artículo, que tiene la suficiente entidad como para haber sido incluido en los temas destacados en la portada en papel de Yo Dona con el título: ‘Retratos de mujer: Alma Mahler, la gran seductora’.

Y sigue: “Lo curioso es cómo una mujer no tan macizorra pudo acopiar ese palmarés y poner el coco del revés a tantos hombres inteligentes. Me cuesta creer que le bastara con su carrocería para convertirse en devoragenios, debió de tener otros atributos; tal vez aquella prototípica niña rica entrenaba duramente para lograr que los hombres comieran en la palma de su mano”.

Al parecer, su apetito sexual es, además, genético: “La madre de Alma se enrolló con un amigo de su marido, con quien tuvo una hija solo dos años después del nacimiento de Alma. Libertina la madre, libertina la hija, libertina la luz que las cobija”.

El artículo insiste en la faceta de ‘comehombres’ de Mahler: “Klimt reparó en la libérrima y temperamental hijastra de su colega Moll, que era una de esas chicas que rellenan totalmente su ropa. En una cena inaugural, Alma, de 17 años, empezó a mirar al pintor, que le doblaba la edad, como si fuera el plato siguiente. Se lo acabó masticando”.

“La inocente lolita que había despuntado como pianista y compositora de ‘lieder’ no tardó en llegar a ser una lola fatal que disparaba sus flechas a mansalva y había cobrado piezas menores y mayores”. […] “Pero a sus 22 años quería solo la pieza que nadie podía cobrar. El relato de cómo rindió a Gustav Mahler, 20 años mayor que ella y compositor y director famoso de la Ópera de Viena, es el de un acoso con emboscada final: se hizo invitar a una cena a la que asistía el músico y Mahler cayó. Y lo hizo tan contento. Se casaron tres meses después y Alma Schindler se convirtió para la historia en Alma Mahler”.

El autor del artículo va más allá y, tras relatar en el mismo tono rancio la infidelidad de Alma Mahler con Walter Gropius en estos términos: La valquiria podía ser adúltera, pero sin dejar de ser exquisita, llega a culpar a Alma Mahler de la muerte del compositor: Cuando Mahler lo descubrió, quedó hecho fosfatina, […] Enfermo del corazón, aquella terrible experiencia mermó su voluntad de vivir y murió 10 meses más tarde”. Y escribe Gonzalo Ugidos: “La primera víctima de la desalmada Alma ya estaba en el mausoleo de los genios difuntos. Y ella en sus asuntos”.

La edad, una cuestión importante

“Que la mantis tenía su puntito y su apetito también lo supo, para su desgracia, el pintor Oskar Kokoschka. […] Ella tenía 30 años y estaba acostumbrada a vivir en palacios; él, 23 y era pobre e inmaduro”. Aquí vemos cómo el autor remarca la diferencia de edad, un detalle que vuelve a subrayar de manera un tanto gratuita a lo largo de todo el artículo hasta llegar a la apoteosis final. Veamos: “Alma había vuelto con Gropius, se había casado con él y había tenido una hija; pero dormía en dos camas: la de su marido y la del novelista de 27 años -11 menos que ella- Franz Werfel”. […] “Alma se casó con su novelista, a quien no tardó en ponerle la previsible cornamenta, esta vez sacrílega, pues la mantis religiosa -ahora sí- se lo estuvo haciendo con Johannes Hollnsteiner, un apuesto cura de 37 años. Ella tenía 53”. “[…] Alma tuvo ocasión, y no la desaprovechó, de sumar a su lista de trofeos a Golo, hijo de Thomas Mann y 30 años más joven que ella”. Y sigue: “Ya en Estados Unidos, Werfel sucumbió a un infarto y Alma no asistió al funeral: «Jamás voy a esos actos», dijo. Tenía 66 años y era una matrona tan entrada en carnes que ya no se le mojaban los pies cuando llovía”.

Queda en evidencia que estamos ante un retrato lamentable de un personaje que, con sus claroscuros, no merece un tratamiento semejante.

Aunque este texto rezuma sexismo, si a alguien un poco obtuso le cuesta verlo, basta con que cambie el nombre de la protagonista por un semejante masculino. Lean estas citas al reportaje cambiando el nombre de Alma Mahler por, por ejemplo, Pablo Picasso, un artista que tuvo numerosas amantes. Vamos a hacer la prueba: “Lo curioso es cómo Pablo Picasso, un hombre no tan macizorro pudo acopiar ese palmarés y poner el coco del revés a tantas mujeres inteligentes. Me cuesta creer que le bastara con su carrocería para convertirse en devoramujeres, debió de tener otros atributos; tal vez aquel prototípico niño rico entrenaba duramente para lograr que las mujeres comieran en la palma de su mano”.

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