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Dona el cuerpo de su madre a la ciencia y el ejército lo utiliza para experimentar con explosivos

04 Ago 2019
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Doris Stauffer falleció en 2014 a los 73 años de edad tras sufrir la enfermedad de Alzheimer durante los últimos años de su vida. Su hijo, Jim Stauffer, consideró que el estudio del cuerpo de su madre podría servir para estudiar la dolencia, de modo que decidió donar su cuerpo a la ciencia.

Lo que no imaginó ni en sus peores pesadillas es que la “ciencia” iba a estar representada por una siniestra empresa (Centro de Recursos Biológicos) que vendió el cadáver al Ejército de EE.UU., que a su vez lo utilizó para probar el efecto de un explosivo en el cuerpo humano. Al igual que otros cadáveres y fragmentos de cadáveres traficados por la empresa, el cuerpo de Doris sirvió para determinar el impacto de la explosión de un artefacto de fabricación casera en un vehículo militar.

El tétrico hallazgo ha sido posible tras una minuciosa investigación llevada a cabo por Reuters a lo largo de un año sobre el tráfico ilegal de cadáveres en Estados Unidos. El caso de Doris Stauffer es uno de los más llamativos y escandalosos, pero está al orden del día la compraventa de cadáveres y órganos humanos para la “investigación” científica por parte de empresas e instituciones. La investigación encontró que, desde 2004, 2.357 partes humanas y al menos 1.638 cadáveres han sido utilizados ilícitamente en este tipo de experimentos.

Jimmy Stauffer se aseguró de que el cuerpo de su madre no iba a ser utilizado para el uso que finalmente le dio el Ejército, pero fue engañado. “Firmé una serie de documentos en los que se especificaba qué se podía hacer y qué no se podía hacer con el cadáver”, explica Stauffer en una entrevista con ABC.

Biological Resource Center recogió el cadáver de su madre apenas 45 minutos después de su muerte. Días más tarde, recibió en su domicilio una caja de madera que supuestamente contenía la mayoría de las cenizas de la fallecida. Sin embargo, años después, y a raíz del reportaje de Reuters, el hombre descubrió cuál había sido el verdadero destino del cadáver: medir el efecto de una serie de explosivos en el cuerpo humano.

Infografía: Reuters.

El ‘nave Frankenstein’ en Arizona

La investigación llevada a cabo por las autoridades federales y que ha desvelado el trabajo de Reuters ha tenido hallazgos demasiado dantescos y espeluznantes para ser reales. En la sede del Centro de Recursos Biológicos en Arizona se encontraron “cabezas infectadas”, “un cubo lleno de cabezas, brazos y piernas” y una nevera “llena de genitales masculinos”, Además, se descubrió algo bastante macabro colgando de la pared: la cabeza de una mujer cosida en el torso de un hombre, “al estilo de Frankenstein”, según un artículo de Gizmodo que cita reportajes de y KTVK.

El Centro de Recursos Biológicos (Biological Resource Center) fue fundada por un tipo con el sospechoso nombre de Stephen Gore, cuyo mayor logro educativo era “un diploma de la universidad” y su conocimiento para “desmembrar y conservar cadáveres aprendido en libros y en internet”, según leemos en Boing Boing. Gore aprovechó la laxitud de la legislación de Arizona a la hora de regular las donaciones de órganos para abrir en aquel estado una de las empresas más macabras del emprendimiento estadounidense.

Visto en Reuters, vía ABC. Con información de La Sexta, Boing Boing y Gizmodo.

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