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Cuatro gráficos para poner en contexto el alarmismo sobre los incendios del Amazonas

27 Ago 2019
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Iñaki Berazaluce

Durante este mes de agosto hemos recibido todo tipo de mensajes de alerta sobre la “tragedia” en forma de incendio que se estaba gestando en la selva amazónica. Nuestra innegable conciencia ecológica -virtual, eso sí- ha quedado a salvaguarda compartiendo titulares y fotos (no siempre auténticas) de los fuegos en la mayor selva del planeta.

La “serpiente de verano” también ha servido a muchos para “hacer algo al respecto”: Leo Di Caprio ha donado cinco millones de dólares al Amazonas; Alejandro Jodorowsky ha propuesto el acto “psicomágico” de plantar un árbol en cada jardín y unas amigas me han invitado a participar en una “danza de la lluvia” para apagar los incendios de Brasil, invitación que he declinado amablemente por dos razones: 1. Porque los actos mágicos y psicomágicos solo funcionan de la piel para dentro y 2. Porque, siendo graves, los incendios amazónicos de este verano no son peores que otros años, más bien al contrario, como me propongo demostrar a continuación.

1. La tendencia de los incendios es declinante

Se ha repetido hasta la saciedad que la superficie quemada este verano en el Amazonas es un 78% superior a la del año pasado, según el porcentaje estimado por las observaciones satelitales de la NASA. Sucede, sin embargo, que si observamos ‘the big picture’ comprobamos fácilmente que cada año se quema menos superficie y no más, como podría deducirse del titular anterior. El cénit de superficie quemada se produjo en 2004, el año que fue elegido presidente Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores.

2. Lo mismo sucede con la deforestación

Los incendios de la ‘floresta’ son en su mayor parte provocados por la mano del hombre y tienen como objetivo “limpiar la mata” para preparar tierras de cultivo. Los 78.000 focos activos que se observaron durante la semana pasada no tuvieron lugar “en áreas de selva amazónica, sino en parcelas limpiadas anteriormente para la agricultura”, según explica este artículo de The New York Times.

La correlación entre superficie quemada y deforestada es lineal: el Amazonas se deforesta a gran velocidad, y nadie puede negar que esto supone una gran tragedia, pero, para disgusto de los agoreros, lo hace a un ritmo cada vez menor:

Fuente: Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais.

3… Y esto tiene una explicación: la riqueza de los agricultores brasileños

Diversas investigaciones han apuntado a la relación en forma de U entre la degradación del medio ambiente y el crecimiento económico. Según explica Ronald Bailey en Reason, a medida que aumenta el desarrollo, también lo hacen los niveles de polución y la degradación del suelo, pero a partir de cierto nivel de ingresos per capita, la degradación se frena. Es decir, la sociedad tiene medios suficientes para cuidar al medio ambiente, algo impensable en países en desarrollo.

Un estudio de 2012 realizado en 52 países en desarrollo entre 1972 y 2003, comprobó que la deforestación de una región aumenta hasta que el ingreso medio de sus habitantes alcanza los 3.100 dólares per capita. Como apunta Bailey en su artículo, resulta que Brasil superó los 3.600 dólares de renta per capita en 2004, año en que la deforestación empieza a frenarse, tal y como anticipaba el estudio. A partir de esa fecha, la riqueza media de los brasileños se dispara, alcanzando su tope en 2011 y disminuyendo ligeramente a partir de aquel año:

Gráfico de Actualitix, a partir de datos del FMI.

4. ¿Y qué pasa en el resto del mundo? ¿Se quema más, menos o igual?

Como es bien sabido, los incendios del Amazonas (repartidos por igual entre Bolivia y Brasil, no lo olvidemos) quedan jibarizados (con perdón) si los comparamos con los terribles fuegos descontrolados que están afectando a Siberia y que puede que tarden meses en sofocarse o extinguirse. La Agencia Forestal Rusa alertaba el pasado 16 de agosto de que 2,6 millones de hectáreas estaban ardiendo en “zonas remotas” de Siberia por “causas naturales”.

Fuegos en Brasil, en Rusia, en Indonesia, en Gran Canaria… ¿arde la Tierra? Sí… como siempre… o algo menos.

La magnitud real de los incendios en la Tierra solo la conocemos con precisión desde hace dos décadas, cuando entró en funcionamiento el sistema de observación MODIS de la NASA. Los registros del llamado “modelo de incendios a largo plazo” del Earth Observatory muestran una tendencia declinante a lo largo del tiempo, muy parecida a la registrada en la selva amazónica: los 1,1 millones de kilómetros cuadrados (dos veces la superficie de España) que se quemaban en 2003 se han convertido en algo más de 800.000 km2, de media, en 2015, tal y como muestra la gráfica (en versión interactiva, aquí).

“Una de las cosas más interesantes que los investigadores han descubierto desde la puesta en marcha de MODIS es el descenso del número total de superficie quemada anualmente. Entre 2003 y 2019, esta cifra disminuyó un 25%”. El motivo es precisamente el mismo que hemos explicado para con Brasil: el incremento de la renta per capita de los habitantes del mundo y su menor predisposición a dedicarse a quemar tierras para el cultivo.

No sorprende. por tanto. que sea África la verdadera tea del mundo: “En un día cualquiera de agosto, el sistema MODIS detecta 10.000 fuegos activos alrededor del mundo, de los cuales el 70% se producen en África, explica este artículo. A medida que se incremente el nivel de vida de los africanos y la población se haga más urbana, los incendios provocados por los campesinos tenderán a mermar, como en el resto del mundo. Que no cunda el pánico.

[Dicho esto, sigo pensando que el presidente electo de Brasil es un peligro para la selva amazónica, como ya avisamos aquí antes y después de su elección].

Con información de Reason, NASA, Wikipedia, Diario Público y The New York Times.

BONUS TRACK: “La elección de Bolsorano abre la puerta al genocidio de los indios del Amazonas”

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