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“Orgías dantescas bajo el efecto del LSD”: La sensacionalista campaña del ‘ABC’ contra los hippies en Ibiza en 1969

07 Ago 2019
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Iñaki Berazaluce

En el verano de 1967, el ‘verano del amor’, empezaron a llegar a Ibiza y Formentera los primeros hippies, en su mayoría norteamericanos que desertaban del Ejército de EE.UU. para no ser enviados a la guerra de Vietnam. Aquellos hippies de primera generación eran hijos de senadores, empresarios y, en general, familias poderosas del Estados Unidos, que sabían que a sus vástagos les esperaba una muerte casi segura en Vietnam, así que les animaron a poner tierra de por medio… con un buen fajo de dólares en el bolsillo.

Nació entonces una “ruta hippie” que empezaba en Londres y atravesaba el viejo continente camino de la India: Madrid, Ibiza, Formentera, las islas griegas, Estambul, Afganistán, India, Nepal… algunos de aquellos hippies iban de paso, con destino a Katmandú y muchos otros se quedaron en el paraíso que era entonces (y sigue siendo, con matices) Las Pitiusas.

Si bien los ibicencos aceptaron en general a aquellos ‘peluts‘ y sus extravagantes costumbres, lo cierto es que el choque cultural entre los locales y los recién llegados fue inevitable. Tal y como se aprecia en las fotos de la época, las payesas ibicencas vestían de riguroso negro, mientras los ‘peluts‘ iban con sus conocidas ropas vaporosas o directamente en pelotas en la playa.

Dos microcosmos: hippies y payesas en Formentera, 1961. Foto: Josep Soler.

Los hippies norteamericanos convirtieron Ibiza y Formentera en un imán para otros muchos buscadores de Europa y del resto de España, un país que que aún vivía sumido en el blanco y negro del tardofranquismo, amortiguado por el discreto aperturismo de Fraga Iribarne en los 60. “Nunca como en Ibiza he sentido el significado de la libertad personal, lejos de la tristeza y mediocridad del Madrid de posguerra”, escribe Josefina Aldecoa en ‘La isla perdida’, de Fernando Díaz de Castro. “Vergonzosa me resultaba la España del confesionario y el cuartel, tan atrasada e hipócrita”, recuerda por su parte Antonio Escohotado en su libro ‘Mi Ibiza privada’, de reciente publicación.

Orgías en bajo la Luna llena

Era cuestión de tiempo que aquel modo de vida, libre y alejado del corsé de las “buenas costumbres” del franquismo, fue percibido como una amenaza por el régimen franquista. Como decíamos, las relaciones entre los “peludos” y los locales eran en general buenas: puede que aquellos jóvenes se bañaran desnudos y practicaran el amor libre, pero también que eran educados y pagaban religiosamente los magros alquileres de la época (150 pesetas al mes por una casa payesa en Ibiza, en 1972). No olvidemos que eran ‘hijos de papá’.

En agosto de 1969, el diario ‘ABC’ publica una serie de artículos firmados por su enviado especial en la isla, Alfredo Semprún, que dan una idea totalmente descabellada de lo que era entonces la comunidad hippie formenteril. La intención de aquellos artículos -coreados por la revista ‘Triunfo’ y el ‘Diario de Ibiza’– no era inocente: el régimen estaba creando un ‘casus belli’, una excusa para la expulsión masiva de aquellos potenciales subversivos, que vivían como les daba la gana y trabajaban lo justo, entre todo y nada. ¿Qué hubiera sido de la “reserva espiritual de Occidente” si hubiera cundido el ejemplo de aquellos hippies?

El 27 de agosto de 1969 el diario ABC publicó un artículo que tuvo gran repercusión en el que se narraba una fiesta de luna llena en una cueva de Formentera, un «espectáculo dantesco» donde «cientos de jóvenes (…) totalmente desnudos» y «presos de los efectos (…) de la droga» estaban sentados «alrededor de una calavera», que habían obtenido» profanando un cementerio». Además, el artículo, orquestado desde la Dirección General de Seguridad, explicaba que en el encuentro participó una menor de edad hija de diplomático, por lo que el fenómeno hippie quedaba etiquetado como potencial pervertidor de la juventud española, bienpensante y católica.

Veamos algunos extractos de los artículos firmados por Alfredo Semprún y gentilmente recopilados por La Web Sin Nombre (también puedes leer los originales en la imprescindible hemeroteca de ABC):

[La ‘garganta profunda’ de Semprún es el jefe de policía de Ibiza]

«-¿Qué diría usted -continúa- ante el espectáculo dantesco, casi demencial, de cientos de jóvenes de uno y otro sexo, totalmente desnudos, encerrados en una de las grandes cuevas de Formentera, presa de los efectos dispares de la droga. Sentados alrededor de una calavera -obtenida unas noches antes profanando un cementerio- con la sola excusa, con la única “finalidad” confesada de identificarse con el acto “sobrenatural” del plenilunio… Durante jornadas enteras, en el mayor de los secretos, descienden como hormigas por los aislados acantilados de Formentera introduciéndose en el enorme agujero. Allí, muchos, casi niños todavía, van a ser iniciados en un nuevo medio ambiente de vida animal… Y todo ello llevado a cabo con el sigilo y bajo el secreto que haga imposible nuestra actuación previa. Es desesperante, créame, ver cómo la juventud se pierde a sí misma… Los resultados de estas orgías no se hacen esperar… Suicidios y chiquillas desgraciadas que lloran por unas horas su debilidad. Justo hasta que nuevamente son recogidas por la marea…»

[De nuevo la “voz autorizada de nuestro amable interlocutor”. Léase con la voz de Saza / cabo Gutiérrez en ‘Amanece que no es poco’]:

«Si llegáramos al detalle minucioso —se nos explicaría más tarde— podríamos asegurar sin vacilación que tanto Ibiza como Formentera están hoy a la cabeza en el índice nacional de suicidios y muertes absurdas. Y no precisamente a causa de los naturales del país. Las drogas, amigo, las drogas son muy malas consejeras».

«Los que están detrás de ese mundo indiferentes a todo lo que no les concierne, aparentan vivir, o quizá traten de vivir, al margen de los demás… Y con sus ideas y prácticas “pacifistas” tratan de ocultar el afilado puñal con el que, continua y solapadamente —admitamos que, en casos aislados, inconscientemente—, hieren y socavan los fundamentos morales de una sociedad en la que millones de seres luchan aún por evitar la pérdida total de todos aquellos vínculos espirituales que nos separan de la irrazonable y puramente instintiva vida animal (…) ¿Qué o quiénes están detrás de ese mundo demencialmente absurdo, alimentando y avivando pertinazmente su fuego? La sociedad, como pretenden demostrarnos, desde luego, no. Falsa o hipócrita, materialista y violenta, de consumo o no, en nuestra sociedad persisten unas líneas morales que hacen posible el equilibrio entre las virtudes y los defectos en que se desenvuelve…

¿Es acaso una nueva forma de destrucción en masa del mundo occidental? ¿Se trata simplemente de un campo que se abona y se amplía para el fabuloso negocio de las drogas?
Son éstas preguntas que continuamente se hacen los defensores que la sociedad y nuestra españolísima forma de vida tienen en las islas Pitiusas. De su angustia, de su lucha continua y sobre sus pobres armas les hablaremos a ustedes en nuestra próxima crónica.»

El ‘Diario de Ibiza’ había abierto fuego contra la “grey amoral” años antes, en 1963, cuando aún no llevaban la etiqueta de ‘hippies’ pero ya se veía que eran “pura escoria de inadaptados”. Tal y como recuerda Agente Provocador:

«Esta grey desgalichada y amoral llega con demasiada frecuencia a la isla. Puro deshecho social, pura escoria de inadaptados, que la más indispensable higiene moral de la isla no tiene por qué tolerar… Sucia grey, deshonesta grey, ruin grey… A esta isla europea no le interesa esta suerte de vómito y de detritus que, con demasiada facilidad, coge pasaje para Ibiza».

Al año siguiente -prosigue Agente Provocador- será ‘Triunfo’ la que publicará un reportaje sobre Ibiza titulado ‘Ibiza, Babel del Mediterráneo’, que ya predispone al lector:

«Melenas, barbas, tipos ambiguos e indefinibles... Todo un sector de la población flotante de Ibiza está compuesto por ejemplares humanos que hasta hace muy poco debían resultar tremendamente insólitos para los habitantes de la isla, acostumbrados a la modorra de la vida cotidiana…».

La campaña de intoxicación y difamación del movimiento hippy dio sus frutos. Entre 1969 y 1970 más de 200 extranjeros fueron expulsados de Ibiza y Formentera por las más diversas faltas y delitos, desde el tráfico de drogas hasta el escándalo público, con la administración de la Ley de Vagos y Maleantes. Este episodio está detallado en el libro La repressió franquista del moviment hippy a Formentera’, una investigación de los periodistas Joan Cerdà Subirachs y Rosa Rodríguez Branchat, publicado por Res Publica Edicions en 1999.

Con información de Agente Provocador, Próximo Ferry, La Web Sin Nombre y hemeroteca de ABC.

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