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Nos fuimos en un catamarán a recoger plásticos en las aguas de Ibiza

01 Sep 2019
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Iñaki Berazaluce

Ed y Joke Pronk, una pareja de navegantes holandeses, asistieron en el verano de 2017 a uno de esos espectáculos extraordinarios -por increíbles y por infrecuentes- que en ocasiones nos depara la naturaleza: el desove de una tortuga en cala Jondal, al sur de Ibiza. Estos veteranos navegantes enamorados de Ibiza y del Mediterráneo se dieron cuenta de que los plásticos eran una enorme amenaza para las tortugas marinas, en severo retroceso en las Pitiusas desde hace años: “Las tortugas comen por error los plásticos flotantes, creyendo que son medusas o placton, y también se enredan con las redes y cuerdas abandonadas en el mar”, me cuenta Joke en el puerto de Ibiza.

Alarmados por la proliferación de residuos, “empezamos a recoger todo el que podíamos con una red, pero no dábamos abasto, así que compramos un catamarán y lo adaptamos para recoger los plásticos flotantes”. Hoy nos hemos enrolado como voluntarios en el catamarán verde de iBi Foundation, que lleva dos semanas surcando las costas de Ibiza recogiendo la ingente cantidad de plásticos de sus otrora cristalinas aguas. Somos cuatro tripulantes en la misión de hoy: Santi, el capitán, Luis, su ayudante, ambos argentinos de Rosario, Cristina, ibicenca, y yo, madrileño de nacimiento e ibicenco de adopción. Objetivo: limpiar los alrededores del puerto de Ibiza. En el momento, parecía una buena idea.

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El catamarán es propiedad de La Bella Verde, primera empresa de ‘charters’ ecológicos del Mediterráneo, según me explica el capitán. Se trata de una nave pequeña, de apenas diez metros de eslora y muy ligera, tanto que se propulsa únicamente a vela y con sendos motores eléctricos que se cargan con una placa solar en la popa de la nave y unas turbinas que se activan durante la navegación a vela. El barco alcanza una velocidad máxima de 8 nudos con el motor y unos 20 a toda vela.

La adaptación para la recogida de residuos ha sido sencilla: la zona de redes del centro, que se utiliza habitualmente en los catamaranes para que los pasajeros se tumben, incorpora un mecanismo abatible, de modo que al bajarla se convierte en una gran red que va recogiendo todos los objetos sólidos que flotan hasta medio metro de profundidad y los tres metros de ancho de la red. Así, el barco se convierte en un enorme “recogedor” de basura a medida que navega.

Nuestro trabajo consiste en localizar los “ríos” de basura y separar la paja del grano, esto es, el plástico de la vida marina, que queda atrapado en la red. Los plásticos se almacenan en unas sacas que, al final del día, serán depositadas en unos contenedores especiales “tras analizar su contenido”, mientras el resto es devuelto al mar. ¿Medusas incluidas? “También las medusas, son parte de la biota marina”, me responde Santi, que está más que concienciado con su trabajo.

Una singladura hedionda

Sin más Demora y Aragón, ponemos proa hacia Marina Botafoch, el puerto náutico de Ibiza, hacemos una parada para conocer a los filántropos fundadores del proyecto y seguir hacia el puerto viejo de Ibiza, donde entran y salen constantemente los enormes ferrys que navegan a Formentera. Una idea de bombero, como veremos en seguida: ayer hubo tormenta en Ibiza y en las aguas del puerto flotan todo tipo de restos vertidos por el deficiente alcantarillado de la ciudad, incluyendo varios cadáveres de ratas. Nadie dijo que fuera fácil ser basurero marino, pero esto es demasiado incluso para el estómago de todo un lobo de mar como Santi. “¡Al carajo, salgamos de puerto!”, grita y enfila hacia Talamanca, la plácida bahía al norte de Vila.

Por allí ya están Stirg y Anne, de avanzadilla con su motora para localizar los “ríos” de basura. Los plásticos son un estorbo para los mares, pero tienen dos ventajas: 1. Suelen flotar y 2. Se concentran en “ríos” que se forman a partir de las corrientes de agua, de modo que una vez localizamos un “río” en concreto sólo queda navegar sobre él y recoger toda la basura.

Al final de la jornada, hemos recogido seis sacos de basura, unos cuantos cientos de kilos, apenas una gota en el océano de plástico en que se han convertido nuestros mares: 1,8 billones de trozos de plástico que flotan en el océano. Los Rijs esperan que otros navegantes sigan su ejemplo y colaboren activamente (recogiendo plásticos) o pasivamente (no tirándolos), mientras buscan financiación para ampliar la flota de la fundación y limpiar las cristalinas aguas que han dado fama mundial a Ibiza y Formentera.

Más información en iBi Foundation y Plastic Free Ibiza.

BONUS TRACK: Los indigentes de la fiesta en Ibiza

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En otro orden de cosas: