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Cuando los bebés negros eran usados como cebo para cazar cocodrilos en Florida

18 Nov 2019
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Iñaki Berazaluce

A finales del siglo XIX y principios del XX, la piel de aligator era muy apreciada en Estados Unidos para fabricar zapatos, bolsos y cinturones. Sin embargo, cazar un cocodrilo suponía no pocos riesgos, y eran muchos los cazadores que perdían un brazo o una pierna en la cacería.

En la época más oscura de la segregación racial, durante la ominosa era “Jim Crow”, los cazadores de Florida inventaron un floreciente negocio: alquilar bebés negros a sus madres para atraer a los aligatores fuera del agua y abatirlos, devolviendo a los críos “sanos y salvos”, con suerte, a cambio de dos dólares (unos 25 dólares al cambio actual).

En el Museo de Jim Crow, en Michigan, que recopila objetos relacionados con la oprobiosa discriminación racial de los negros, se exhibe una foto de nueve bebés negros desnudos con la leyenda “Alligator Bait” (“cebo de cocodrilos”). Un artículo aparecido en un periódico de la época explica cómo los bebés eran utilizados como “cebo” y devueltos a sus madres “en perfectas condiciones y, además, 2 dólares”. Los “negritos” salían “vivos y enteros del agua, mojados y riendo”. No en vano, “no hay nada terrible en esto, salvo ayudar a la muerte de los aligatores”.

Pero no solo los cazadores blancos se valían de los bebés negros como cebo. Un artículo aparecido en 1908 en el Washington Times informaba de que un guardia del Zoo de Nueva York había conseguido sacar a los “aligatores con ‘pickaninnies’” (una forma despectiva de referirse a los niños de color. Según cuenta el artículo, el zoo pretendía sacar los saurios de su refugio de invierno para poder exhibirlos en el recinto de verano. Para ello, utilizó dos “pequeños niños de color” que “corrieron frente a la casa de los reptiles frente a la multitud de visitantes”, atrayendo a las bestias hacia su charca.

Las leyes Jim Crow fueron derogadas definitivamente en 1965, pero el racismo de la sociedad de EE.UU., especialmente en el sur “confederado”, siguió vigente en aquella época. Tal y como relata Resolviendo la Incógnita,

“En 1957, Sybil Malmberg escribió ‘Amos’ donde dos niños negros se hacen amigos de un aligátor. Aunque intenta rectificar las injusticias cometidas contra los negros en la literatura infantil, sigue valiéndose de estereotipos, como la típica madre gorda, la elección de pollo frito para el picnic, la descripción del protagonista como vago, bocas como “capullos de rosa” y el lenguaje estereotipado”.

Visto en Resolviendo la Incógnita. Con información de Snopes, Museo de Jim Crow y Liberty Writers Africa.

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