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Cierra Círculo de Lectores: diez ‘best-sellers’ viejunos que no podían faltar en ningún hogar

07 Nov 2019
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Iñaki Berazaluce

Vendedora de Círculo de Lectores. Foto: Correo.

Era cuestión de tiempo: Planeta ha cerrado Círculo de Lectores cinco años después de adquirir la empresa a la alemana Bertelsman, su propietaria original. Para el recuerdo quedan sus vendedores puerta a puerta, su revista en papel llena de títulos improbables, destinada a ese lector aspiracional que detesta la lectura pero, al mismo tiempo, considera de buen gusto lucir en el salón dos estanterías de novelas y una enciclopedia.

Un vistazo a las bibliotecas de nuestros padres arroja casi siempre una asombrosa unanimidad de títulos y autores, prueba fehaciente de una cultura homogénea y sin grietas, propia de un régimen monolítico. En sus baldas no pueden faltar un par premios Planeta, alguna novela de Antonio Gala, de Vizcaíno Casas o de Vázquez Figueroa e, incluso para los más osados, algún título de un progre, tipo Juan Marsé o Vázquez Montalbán. Todo ello flanqueado por la Enciclopedia Espasa Calpe y ‘Tu hijo’, del poco fiable doctor Spock, a cuyos desnortados consejos logramos sobrevivir. 

Sirva como homenaje póstumo al vetusto Círculo de Lectores este top de libros que no podían faltar en ningún hogar.

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‘Madrid, costa Fleming’, de Ángel Palomino

Empezamos este breve recorrido por un titán de las letras españolas, un tipo tan afecto al Régimen que era más paquista que Paco. ¿Cuántos ejemplares vendió Palomino de su ‘Madrid, costa Fleming’, una novela que compite en popularidad con la Biblia en las estanterías del tardofranquismo? Más importante aún, ¿alguien se llegó a leer el libro marras? Pues sí: lo hizo, de una sentada, la simpar Grace Morales en MondoBrutto, así que dejémonos guiar por su sensato criterio:

“‘Madrid, costa Fleming’ es el paradigma de la literatura rhinestone y el símbolo, en rústica y con sobrecubierta en color, de los modernos setenta en España’”. Respecto a Palomino, dice la Morales, “es a la literatura española lo que el plato culinario compuesto de morcilla de arroz, chistorra a la plancha, dos huevos y patatas fritas es a la gastronomía popular”.

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‘Los renglones torcidos de Dios’, de Torcuato Luca de Tena (1979)

Aquí tenemos a nuestro Ken Kesey nacional y su correspondiente ‘Alguien voló sobre el nido del águila imperial’: Torcuato Luca de Tena, a la sazón nieto del fundador del ABC, rompió las listas de ventas en 1979 con este inusual policíaco que transcurre en un manicomio y relata las cuitas de los “loquitos” (los “renglones torcidos” del título) de la época. El propio autor estuvo 18 días ingresado en un frenopático para conocer la locura en sus propias neuronas. No se llevó un electroshock de milagro.

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‘La vida sale al encuentro’, de Martín Vigil (1960)

Martín Vigil no era un escritor, sino un género en sí mismo. Más concretamente, el género de los “jóvenes descarriados que encuentran amparo a la vera de Dios”, por decir algo. De eso mismo va ‘La vida sale al encuentro’, su título-franquicia: el pequeño Ignacio y su despertar a la vida, siempre arropado por un párroco cariñoso… Talmente como la vida del propio novelista, que fue sacerdote antes que escritor, y siempre le gustó estar rodeado de la muchachada, ustedes ya me entienden.

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‘La tesis de Nancy’, de Ramón J. Sender (1962)

Ramón Jota Sender compite mano a mano con Vázquez Figueroa por el cetro del Stephen King español, no tanto por trabajar el género del terror como por su vocación de “superventas por avalancha”: a ritmo de dos o tres títulos publicados al año, era cuestión de tiempo que algún libro lo petara. En el caso de Sender fue la divertida ‘La tesis de Nancy’. Habrá quien alegue, con razón, que comprar a Sender con Figueroa viene a ser como comparar a Dios con un gitano. Y tendrá toda la razón, porque hay prospectos de medicinas con mejor literatura que la trilogía de ‘Yaiza’.

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‘Yo, el Rey’, de Juan Antonio Vallejo Nájera (1985)

¡Ay, la novela histórica, qué género tan vilipendiado por los gafapastas y, sin embargo, cuántas alegrías le ha dado a las editoriales! En 1985 Javier Sierra estaba en los boy-scouts y Dan Brown aún no había inventado el revisionismo conspiranoico. El galeno Vallejo Nájera, cuyo libro más popular hasta entonces era ‘Introducción a la psiquiatría’, ganó con todo merecimiento el Premio Planeta por esta historia novelada de José Bonaparte, el incomprendido Pepe Botella. Y es que en los ochenta, el Premio Planeta se repartía casi tanto como las Páginas Amarillas: ¿85.000 ejemplares en la primera edición? Ni Harry Potter.

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‘La ciudad de la alegría’, de Dominique Lapierre (1985)

Dominique Lapierre pasará a la historia como autor de ‘La ciudad de la alegría’ y como coautor de otros muchos best-sellers de la mano de su compinche Larry Collins: ‘¡Oh, Jerusalén’ o ‘¿Arde París?’. No me digan que no resulta chocante un libro escrito a cuatro manos. Esa práctica antinatura sólo la pueden hacer los extranjeros.

‘La ciudad de la alegría’ fue tal pelotazo que hasta la llevaron al cine, protagonizada por… ¡Patrick Swayze!

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‘Los cipreses creen en Dios’, de José María Gironella (1952)

Si hay que buscar algún culpable de las pelis sobre la Guerra Civil protagonizadas por niños con orejas de soplillo, José María Gironella se llevaría bastantes votos. Su celebérrima trilogía que se abre con ‘Los cipreses creen en Dios’ lleva 50 años cogiendo polvo en los anaqueles de los cuartos de estar de media España. En los de la otra media (la roja), está su némesis: la no menos indigesta trilogía guerracivilista de Ángel María de Lera: ‘Las últimas banderas’ et al.

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‘El dios de la lluvia llora sobre Méjico’, de László Passuth (1939)

La epopeya de Hernán Cortés y su pelotón de desarrapados extremeños que lograron doblegar al imperio azteca fue novelada con singular tino por el húngaro László Passuth, del que poco más se supo por estos lares. Yo leí el tochaco en 7º de EGB (motu proprio, ¿eh?) pero me quedo con la arrebatada descripción de Jaime Noguera, amigo de la casa:

«Un tocho del que desconfié nada más verlo pero que me cogió por el escroto y no me dejó hasta que lo acabé hasta la última gota. Viajes, batallas, traiciones, sacrificios humanos, sexo interracial. Con once años no podía pedir más».

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‘Éxodo’, de León Uris (1958)

Hoy en día, un libro de esta jaez habría que tenerlo forrado en papel de periódico o escondido en un cajón pero, sorpresa, hubo un tiempo en el que ser simpatizante del sionismo era un signo de progresía. Efectivamente, ‘Éxodo’ narra magistralmente la génesis del Estado de Israel, una causa que en su momento parecía una buena idea y ha derivado en el sindiós que todos conocemos.

La adaptación al cine la protagonizó Paul Newman, más guapo que un San Luis.

‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco (1980)

Sobre el papel ‘El nombre de la rosa’ no tenía pinta de ir a convertirse en uno de los mayores fenómenos editoriales de todos los tiempos, y sin embargo… el apasionante policíaco medieval protagonizado por Guillermo de Occam situó al filólogo italiano Umberto Eco entre los galácticos de la literatura, y ahí sigue, 30 años después.

‘El nombre de la rosa’ marca para mí el límite de lo viejuno. Todo lo que vino después pertenece al “presente”, de Antonio Gala a Risto Mejide.

Rechace imitaciones. Lea el original: 23 best-sellers viejunos que estaban en todas las casas.

Con información de El Mundo y Un rincón de libros y Verne, claro, y la inestimable colaboración de mis queridos padres, Enrique y Alicia, y su maravillosa biblioteca vintage.

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