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Un reo condenado a cadena perpetua reclama la libertad porque estuvo muerto durante unos segundos

11 Nov 2019
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¿Qué significa exactamente una condena de por vida?, ¿en qué momento se considera que el condenado ha fallecido y, por tanto, ha cumplido con la justicia? A este dilema se ha tenido que enfrentar un tribunal de Iowa (EE.UU.) al dirimir la petición de absolución del presidiario Benjamin Schreiber, condenado de por vida por un asesinato que cometió en 1996, y que considera que ya ha cumplido su pena, tras morir brevemente en prisión 2015.

Schreiber mató a otro hombre con el mango de un hacha en una pelea en 1996, un crimen por el que fue condenado de por vida por un tribunal de Iowa. En 2015 fue trasladado a un hospital, presa de fuertes fiebres por piedras en el riñón. Durante su convalecencia, falleció y fue resucitado por los médicos “en contra de su voluntad”, según reza su apelación de 2018. Por este motivo -su efímera muerte-, el condenado considera que ya ha cumplido su condena “de por vida”.

Benjamin Schreiber. Foto: AP.

La sentencia del tribunal que juzga su caso parece más bien una disquisición sobre el gato de Schodinger: “O bien Schreiber está vivo, en cuyo caso debe permanecer en prisión, o bien está muerto, en cuyo caso la apelación es discutible”, escribe la jueza Amanda Potterfield al tribunal, según la documentación a la que ha tenido acceso The New York Times.

El día de su fallecimiento, los galenos del hospital universitario de Iowa que le atendieron, llamaron al hermano de Benjamin para preguntarle qué hacer con él, después de que éste perdiera el sentido. El hermano respondió que podían sedarle para que no sufriera dolor “o bien dejarle morir”, según la petición del reo. Los médicos, sin embargo, tomaron la decisión de resucitarle, contradiciendo las instrucciones de su hermano.

“No consideramos que este argumento sea convincente”, responde la jueza Potterfield en su sentencia. “La muerte no está definida por las leyes del Estado, así que la interpretamos en sus sentido coloquial”, prosigue. En consecuencia, el condenado debe pasarse el resto de su vida en prisión, no importa las veces que se “micro muera”.

No es la primera vez que los jueces estadounidenses, tan prolijos a la hora de condenar a muerte o de por vida a los criminales, se enfrentan con un caso parecido. En 1988, Jerry Rosenberg, condenado por la muerte de dos policías en 1962, pidió la absolución de su cadena perpetua porque su corazón se había parado momentáneamente durante una intervención quirúrgica. En aquella ocasión, el juez también desestimó la petición, en tanto el acusado seguía vivo, “tal y como su presencia en la sala indica”. Good try, mr. Rosenberg.

Noticia original en The New York Times. Con información de The Des Moines Register y The Associated Press.

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