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Noticias insólitas, bizarras e impertinentes

Nueve bastardos que no necesitan la prueba del ADN para averiguar quién es su padre

07 May 2018

Jaime Noguera

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Según la Real Academia de la Lengua Española, un hijo bastardo es “aquel nacido de una unión no matrimonial“, de padres que “no podían contraer matrimonio al tiempo de la concepción ni al del nacimiento” o “aquel ilegítimo pero de padre conocido”. La palabra bastardo, según el blog especializado Palabras a Medida, es de origen francés (de bastard) o del germánico bansti: granero’, es decir, nacido en mala cuna, de origen no recto, como Dios manda, sino de coyunda ilícita, desviada.”

Seré un moderno y un cursi, pero ¿qué va a tener de desviado algo tan hermoso como crear una nueva vida, un retoño, un hijo de tus entretelas? ¿Tienen acaso bastardos los tigres de Sumatra, los osos panda o el gato de la vecina? ¡Ah, los humanos, siempre los humanos etiquetándolo todo! Especialmente los ricos, dado que cuando no hay herencia que dejar (o que heredar) el que la progenie sea o no sea “legítima” no tiene interés ninguno. Lo que es una gran verdad es aquello de que la jodienda no tiene enmienda y que nadie está libre de plantar su simiente en una maceta imprevista. De Julio Iglesias a Carlos Baute pasando por Arnold Schwarzenegger y nuestro rey emérito, no son pocos los que han sido acusados de ir repartiendo alegremente por ahí su código genético. Hoy nos centramos en aquellos hijos bastardos que son tan parecidos a sus  padres que nosotros ni les pediríamos una muestra de ADN

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De Pocholo a don Jaime de Mora: los aristócratas más bizarros

18 Mar 2017

Luis Landeira

Señoras y señoritos, esto no puede seguir así. La aristocracia ibérica está en vías de extinción. Por un lado, como todos sabrán, una plebeya ha invadido el hasta ahora intachable trono español, que es lo peor que nos ha pasado desde la Duquesa Roja aquella. Y por otro, cualquier mindundi al que le toque la lotería ya se compra un título o un palacete. ¡La cosa está muy mal, amigos próceres, pero que muy mal!

Por eso mismo, debemos tener presente lo que es un verdadero aristócrata: con sus títulos, su apostura, su hidalguía, sus tropecientos apellidos de orden y, sobre todo, su ex-cen-tri-ci-dad. Porque lo que no puede ser es que un aristócrata sea una persona normal y vista como una persona normal. Debe ser ruaro ruaro ruaaro. Por lo menos, como estos que vamos a ver ahora. Pasen y aprendan, lacayos. [» Seguir leyendo »]