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Alto riesgo

El periodismo es un oficio arriesgado, pero el riesgo no se encuentra siempre en los frentes de batalla ni son los corresponsales de guerra los únicos que lo afrontan. A veces el riesgo permanece oculto y al acecho en los pliegues de la cotidianeidad más absoluta y no salta al cuello con instinto asesino, es un peligro insidioso, un veneno lento que no mata sino que atonta y embrutece, embota los sentidos, envilece y trastorna al osado periodista que se adentra, inerme y confiado, por ejemplo, en algunos canales de la TDT, que arrastran en su curso las aguas fecales y los vertidos tóxicos de la más flatulenta realidad. Si el medio es el mensaje como acuñó el olvidado Mc Luhan, el mensaje de la TDT  es que todo es teletienda, incluso en ese Más Allá que nos venden impunemente docenas de  tele-videntes menos estrambóticos que patéticos.

Cuando me sugirieron que, en cumplimiento de mis tareas informativas, me internara en el proceloso continente de la Televisión Digital Terrestre, acepté la sugerencia pensando en que iba ser un tranquilo paréntesis, casi una especie de antesala de la jubilación imposible. Uno ya no tiene (si es que lo ha tenido alguna vez) el cuerpo en forma y preparado para cubrir ni grandes ni pequeñas batallas, ni guerrillas, ni siquiera tumultuosas algaradas callejeras. Ya no corro como antes y la tentación de seguir en la brecha, apoltronado en el sofá, sin más armas que el mando a distancia y un cuaderno de notas, se me antojaba plácida y amable.

Ahora, después de 14 horas de centinela en esa garita, puedo asegurar que se trata de una tarea estresante que pone a prueba los nervios del observador más templado. Puede tratarse de una primera impresión, el escalofrío de un chapuzón, de una inmersión súbita en el proceloso maremágnum digital y terrícola. Para prepararme llevaba unos días picoteando entre tertulias y debates, "realities" y teletiendas. En uno de estos, todavía tímidos, acercamientos, sufrí el primer aguijonazo, el primer aviso de lo que me esperaba, en el "Sálvame de luxe"de Tele 5 asistí a un escatológico y pormenorizado debate sobre "la raja del culo" de Leticia Sabater, dolorida tras su paso por un programa de supervivencia según pormenorizaba la pueril expresentadora de abominables programas infantiles.

Ayer, fue ayer, allá por el mediodía, cuando encendí el aparato para desayunar tardíamente con Curri Valenzuela, la venerable y balbuceante periodista que intentaba venderme naranjas, incluso regalarme una cesta de tan jugosos cítricos si seguía atento a su tertulia. Luego a lo largo de la aciaga jornada sería testigo de numerosas ofertas de los más variados productos a cargo de teleperiodistas que, sin cambiar de tono, ni de plano, y con la complacencia de sus invitados, ejercían de charlatanes de tómbola mediática. En la noche de Intereconomía vendían un avisador de radares ideal para cometer impunemente toda clase de infracciones de tráfico.

Curri Valenzuela servía el aperitivo de una jornada que ofrecería, como uno de los principales temas de debate y controversia, el primer año de gobierno del PP (solo han sido nueve meses, clamarían a lo largo del día y de la noche sus defensores acérrimos para justificar sus carencias). En la "tertu" de la Curri preferían examinar el primer año de Rubalcacaba en la oposición, peor que el del PP, y comentar la herencia de Zapatero, al que un comentarista nocturno de Intereconomía calificaría como el peor gobernante de la Historia de España (Fernando VII y  Francisco Franco incluidos). Estos canales de la TDT ( la 13 e Intereconomía, son los que tocan hoy) se perciben como túnel del tiempo o túnel de la risa, según tenga uno el día, los sintonizas y piensas que en España siguen gobernando ZP y su virrey Rubalcaba, pues sus sombras, su herencia, planean sobre todos los contertulios y a todas horas. No sé si los tarotistas digitales y los nigromantes catódicos hablarán de ello, pero ya se lo contaré la semana que viene, ahora me pillan muy ocupado meditando sobre el tema estrella del día, la supresión canónica del buey y de la mula del Pesebre de Belén, dictada por Benedicto XVI en su libro sobre la infancia de Jesús, que amenaza en vender al menos tantos ejemplares como la autobiografía de Jorge Javier Vázquez (presentador de Sálvame). Del bestseller pontificio me quedo con el dato de que Jescucristo nació en el año VI antes de Cristo. Para eso era Dios.