La Salvación

Viajes al Caribe y televisores de plasma, en semejantes lujos dilapidamos los españoles los créditos que generosamente nos metían por los ojos, y por toda clase de orificios corporales, nuestros banqueros y financieros. Lo ha dicho Rajoy, al que cada día se le está poniendo más cara de ectoplasma, de fantasma que recorre Europa con la guadaña afilada y el gesto mendicante: Díganme por dónde hay que cortar y ya verán que tajos doy, pero a cambio denme algo señoritos.

Lo del televisor de plasma, como ejemplo de inaudito despilfarro, lo introdujo María Pilar Sol, diputada valenciana que denunció que muchos parados invirtieron los 400 euros de prestación en la adquisición de estos aparatos que carga el Diablo. Más que de unas elecciones democráticas, algunos diputados valencianos parecen haber salido del casting de un reality y estar cumpliendo su papel de animadores de las tertulias, los debates y los informativos de los diferentes canales con sus jocosas ocurrencias. Del “que se jodan” de la niña Fabra al despilfarro plasmático de la Sol y de Mariano.

La prevista desaparición o privatización de algunas cadenas autonómicas de uso doméstico por parte de los gobiernos de turno nos privará quizá de algunas de estas públicas vergüenzas dignas de ser expuestas a la vergüenza pública. El plan, largamente meditado, de privatizar el canal a excepción de los informativos, sacude a Telemadrid con un ERE que afectará al 79% de la plantilla; sólo conservarán su hueco en el pesebre los trabajadores contratados a dedo por los políticos para desprestigiar y hundir la empresa pública y así poder vendérsela más barata a los amigos. Los deficitarios canales de la TDT, otorgados a dedo, son fieles a las voces de sus amos pero las audiencias les dan la espalda. En uno de ellos, la venerable Curri Valenzuela achacaba el declive de Telemadrid a unos cuantos sindicalistas de los que se atrevió a dar nombres. Malvados sindicalistas que eligieron acabar con sus propios puestos de trabajo y los de sus compañeros y hundir el barco en cuya cubierta navegaban, sabiendo que en los botes salvavidas sólo tendrían sitio los paniaguados y los domesticados.

Mientras, el lado oscuro de las fuerzas eléctricas maniobra en la oscuridad para acabar con Salvados después de que el insumiso Jordi Évole, con su engañosa ingenuidad, expusiera a la luz pública sus inquietantes sombras, sus conjuras y sus manipulaciones. La salmodia de las eléctricas ofendidas es ahora tema de Lara, propietario, aún a su pesar, de un canal osado e independiente. Su independencia y osadía, que se perciben especialmente en los informativos, son los principales valores de la Sexta; renunciar a ellos sería renunciar a su rentabilidad, pero renunciar a las inversiones publicitarias de la banda del kilovatio tiene también sus riesgos. He aquí el dilema, el ser o el no ser, del empresario catalán.

Los últimos, ya penúltimos, avatares de la vida política y económica se abren paso y hueco incluso en los espacios mal llamados del corazón. En uno de ellos me entero de que probablemente pertenezcan a Gerardo Díaz Ferrán, el exempresario reconvertido en presidiario, una jirafa y un elefante convenientemente disecados, para que no molesten y no hagan gasto, encontrados en una nave industrial. Nuevas adquisiciones para ese Museo Nacional de los Horrores que fueron acumulando empresario patibularios, constructores depredadores y políticos mefíticos. Pero el tema de la semana, de la semana pasada, fue lo que uno de los contertulios de Sálvame, nada que ver con Salvados, definió cómo hacerle a alguien un “pipiestrada”, por el nombre de un cantamañanas habitual en estos foros al que le robaron la jugosa agenda de su teléfono móvil para difundirla por las insaciables redes sociales, provocando avalanchas de miles y miles de llamadas en las que seres anónimos insistían en decir lo que pensaban realmente de las famosas y famosos. Cientos de miles de llamadas y cientos de cambios y compras de nuevos móviles, gran negocio para las compañías telefónicas que deberían premiar al inventor del “pipiestrada”, si es que todavía no lo tienen en nómina.

Como ya sabrán, Belén Esteban, la “princesa del pueblo” ha regresado a su corte de Telecinco, divorciada, operada y terapeutizada. Todavía no estoy preparado para afrontarla, pero la semana que viene, quizá sí… ahora les dejo porque estoy escuchando a un cirujano plástico relatar cómo el ácido hialurónico y el bisturí han mejorado mucho la imagen de una princesa de verdad, si es que el género existe.