Haciendo el asno

Acabo de ver en televisión al secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon  haciendo el asno con su compatriota el rapero PSY, creador del Baile del Caballo (Gagnam Style), fulgurante estrella mediática. Bailar no es lo suyo, nunca he sabido en realidad cual es el trabajo de un secretario general de la ONU pero bailar no. Un asno es un caballo diseñado por un comité, por ejemplo el Comité de las Naciones Unidas.

Más de trescientos millones de personas bailan el baile del caballo en todo el mundo, una danza zoomórfica, una música banal, un fenómeno universal, una letra pensada para hacer las delicias de adolescentes que no quieren dejar de serlo. Recuerdo un escatológico axioma de los años sesenta: Coma mierda, mil millones de moscas no pueden equivocarse. La televisión es el reino de la coprofagía y yo por hoy he consumido mi ración tope de excrementos catódicos. Esta noche no pienso ver “El gato al agua” lo siento por ustedes. La última vez que me acerqué a esta tertulia de torturadores de felinos, estaba Miguel Durán que fue rey de los ciegos de la ONCE y convirtió a los invidentes en guías de los televidentes con Tele 5. Que los ciegos a través de su organización controlaran una de las primeras cadenas de la televisión privada de este país, apadrinada por Berlusconi, fue una paradoja más de este paradójico reino en el que se inventó el esperpento. La televisión de los ciegos fue la televisión de los “voyeurs” con sus espectáculos eróticos, de las “mamachichos”a unos programas de striptease para aficionadas en los que lo ridículo bordeaba a veces lo sublime.

La cadena de Durán  tropezó en su andadura con los tribunales por un quítame allá esos contratos, no recuerdo los pormenores del proceso iniciado por el ubicuo juez Garzón pero absolvieron a Durán y al cavaliere Berlusconi no pudieron juzgarle porque ya había creado su gelatinosa trama de impunidades políticas, esa tela de araña mafiosa en la sigue enredando alegremente el viejo capo entertainer, el decrépito cantante de cruceros, escurridizo muñidor de corrupciones al que los italianos eligen con sospechosa frecuencia quizás para que siga entreteniéndoles con sus artimañas y sus danzas de viejo garañón. Il cavaliere patentó su particular danza equina y sigue relinchando en las praderas catódicas y políticas donde pacen los cuatro caballos del Apocalipsis, “gangnam style”.

Hoy Tele 5 sigue amparada por el espeso manto de Berlusconi, pasaron los tiempos de las mamachichos y las velinas, no solo de carne vive el hombre también cuentan la sangre y el glamour. En sus programas estrella, mezcla de reality y tertulia, los colaboradores de “Salvamé” ( con acento en la e), bajo la batuta del  engañosamente melifluo Jorge Javier, agreden  a los famosillos de turno y se despellejan los unos a los otros para ganarse el pan, el suyo y el de sus leguleyos que no dan abasto entre querellas y contraquerellas por difamaciones y calumnias. Hay quien sostiene que la subida de las tasas judiciales tiene por objeto frenar la oleada de pleitos mediáticos que genera esta clase de programas en los que la prima hermana de la cuñada del exnovio de una famosa muerta demanda al examante del sobrino del administrador de la secretaria de un exfamoso retirado de los ruedos. Reporteros palanganeros y reporteras carroñeras acechan a las puertas de los chalés o montan guardia ante los porteros automáticos de los bloques donde residen los famosos o sus fámulos. Los “informadores” necesitan entrenamiento para correr detrás de los vehículos de alta gama  mientras se desgañitan lanzando a los cuatro vientos preguntas que nadie contesta. Ayer mismo vi una de estas galopantes entrevistas en las que un BMW con los cristales tintados se negaba a contestar a las preguntas de una docena de  pedestres becarios. Como decía el añorado maestro Reverendo al Gran Wyoming, “se sufre pero se aprende”.

Incluso los más bregados contertulios de la 5 acaban pasando por el diván, sufren crisis de ansiedad en directo, lloran y vociferan presa de profundas crisis existenciales. No saben quienes son, ni de donde vienen, ni a donde van, pero empiezan a sospecharlo y no les gusta nada lo que ven. Para medrar en esta jungla apestosa hay que tener los escrúpulos de Jimmy Giménez Arnau , a buen recaudo dentro de un armario. Cuento, y muy pocos me creen, que en su día fue Karmele Marchante una periodista rebelde e insumisa, musa del underground y picante colaboradora de la revista Ajoblanco. Observen los efectos de una prolongada inmersión en este nauseabundo caldo de cultivo en los seres sensibles.