Miedo y asco

Digan lo que digan, no hagan caso, la televisión es educativa y la TDT una  escuela de vida y de costumbres. Antes de la cena picoteo alegremente por los canales y desagües de la parrilla buscando sensaciones nuevas y picantes y mi curiosidad se ve saciada hasta el hartazgo y el vómito. El programa se llama “Cuerpos embarazosos” y en pantalla media docena de varones maduros y desnudos se exploran a conciencia los genitales buscando bultos sospechosos mientras una voz en off advierte sobre los riesgos del cáncer testicular. A continuación un individuo, en el que detecto cierto aire exhibicionista, muestra una pierna supurante y gangrenosa y nos explica que huele fatal y hace que se sienta marginado y avergonzado. La  doctoral voz en off nos dice que no hay que avergonzarse de nada, cuanto más repugnante sea el mal que padezcamos más posibilidades tendremos de alcanzar la fama televisiva. “No te pierdas el programa de esta noche porque sale la tía Asunción luciendo unas varices de record Guinness”. Pienso en la posibilidad de un reality show entre pacientes de enfermedades embarazosas, los ganadores tendrían a acceso a terapias novedosas y tratamientos punteros.

Cuando comencé a escribir estos apuntes televisivos me sorprendieron los comentarios de algunos lectores que me compadecían por la dura tarea que afrontaba y me recomendaban diversos tratamientos farmacológicos para aliviar mis males. Vaya para ellos mi reconocimiento, aún no estoy en condiciones de presentar mi candidatura a “Cuerpos embarazosos”, pero quizás lo haga pronto a “Cerebros en riesgo” o “Mentes perturbadas”. Por otra parte no se si dar las gracias o atizarle una colleja virtual al amable lector que me recomendó el seguimiento de un aleccionador espacio consagrado a embargos y desahucios. Todavía no he entrado a fondo en sus arcanos pero durante mi primer avistamiento experimenté un virulento acceso de indignación. Mi gata que reposaba plácidamente en mi regazo aún no se ha repuesto de mis bufidos y cada vez que enciendo el televisor corre a refugiarse bajo un sofá. La embargadora, un metro ochenta de largo y otro tanto de ancho , bíceps poderosos y ostentóreo lenguaje (como una versión femenina del extinto Gil y Gil que acuñó tan expresivo epíteto) acosaba a su víctima morosa conminándola a que descargara inmediatamente la furgoneta embargable en mitad de la calle si no quería que se incautaran también del género que transportaba. La exclusiva se completaba con un alegato a favor de los buenos pagadores y la descalificación absoluta de los que afrontan deudas que luego no pueden satisfacer. ¿Para cuándo una versión española de programa tan ejemplar? Material sobra pero nos falta el elemento didáctico, la pedagogía inherente a esta cultura del desahucio y del embargo. A la desahuciadora solo le faltaba un rifle o una pistola para reforzar sus expeditivos argumentos.

Para relajar tensiones busco la dinámica y juvenil MTV, pero no es mi día, por si no hubiera colmado mi dosis diaria de asco y repelús me tropiezo con el “ascómetro”, medidor de “ magreos inapropiados” y “pillados” de los famosos con puntuales comentarios de sexólogas y sexólogos escandalizados. Las imágenes de besos y manoseos se acompañan con hipócritas comentarios del estilo de “¿Por qué no lo hacen en su casa? . Si así lo hicieran no existiría el “ascómetro” y estos presuntos profesionales de la sexología también se quedarían en sus domicilios. En el número uno del ranking del asco figura un supuesto magreo inapropiado de Angelina Jolie con su hermano del alma y del cuerpo. Quien hace incesto hace ciento vienen a contar los ascometradores. Como decíamos la TDT es una escuela de vida y de costumbres y en la MTV anuncian una nueva temporada, la tercera, de las asqueantes aventuras de Alaska y Mario Vaquerizo. ¡Aaaaargh!.