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Pecados públicos y vicios privados

Desvanecidos los perfumes que impregnaron de glamour y diseño las pantallas navideñas, la televisión huele estos días a medicamento, a moco verde y a nariz tapada. Antitusígenos y expectorantes, con o sin euro por receta según la geografía, y aseguradoras médicas, a la caza de excluidos o maltratados por la Seguridad Social se mezclan con los reclamos de las rebajas. Saldo y recorte, gargantas irritadas y crujir de dientes. La cuesta de enero se percibe más escarpada y larga que nunca y ni se sabe cuando llegará esa primavera temprana que siempre anuncia El Corte Inglés pese a los brotes verdes que anuncian, con más voluntad que veracidad desde el BCE.

La televisión pública es un ejemplo de austeridad suicida, falta de medios que no de fines pues figura en ella, como un objetivo primordial, desmantelar la credibilidad de sus informativos al servicio de los que mandan. El aberrante código de conducta, aceptado por la mayoría de los partidos políticos que otorga a estos un tiempo de emisión pactado según el número de sus escaños, facilita las cosas. La mayoría absoluta del PP implica su absoluta primacía sobre el resto de las formaciones, los populares se explayan con sus previsibles discursos y a la oposición se la deja muchas veces con la palabra en la boca. El descrédito de la clase política que señalan implacables las encuestas está llevando a los profesionales del sector a plantearse una campaña de imagen de su desprestigiado oficio. Se habla de cambiar la imagen y nada se dice de cambiar los contenidos como si fuera posible cambiar el continente sin transformar el contenido. No se trata de cambiar a los políticos sino de cambiar la percepción que de ellos tienen los ciudadanos. El medio es el envase.

El modelo de televisión pública que propugna el PP es el de Telemadrid. La televisión pública sobra y las sobras hay que repartirlas entre los colegas y amigos, favorecidos ya por el reparto de frecuencias de la TDT. Se privatiza todo salvo los informativos que pueden llevarse a cabo con ese puñado de  sicarios contratados a dedo, minoría fiel a salvo de los ERES, estómagos agradecidos enquistados en las flácidas ubres de la cosa pública como propagandistas entusiastas. El programa de exterminio aplicado en Telemadrid y otros canales autonómicos sirve como ensayo general en TVE. Para combatir el despilfarro y el déficit primero se suprimen los espacios más vistos que, teóricamente deberían ser los más rentables, y se les sustituye por productos enlatados, reposiciones y restos de serie y esta programación de saldo y baratillo se complementa con unos informativos de andar por casa y de  tirar para ella. El plan funciona, la desaparición del acrobático "Águila Roja", un ninja justiciero de la Edad Media y de "Amar en tiempos revueltos y la baja calidad de los telediarios machacan los índices de audiencia y los responsables del Ente en lugar de tirarse de los pelos se frotan las manos y venden su austeridad aunque ya nadie quiera comprarla. Si hay que incentivar los mercados está claro que TVE camina con el paso cambiado.

"Amar en tiempos revueltos" se ha convertido en "Amar es para siempre"en Antena 3. La exitosa y longeva serie, la única serie de producción nacional que consiguió engancharme varias temporadas, entra en los años sesenta en un renovado escenario en el que se siguen moviendo algunos de sus personajes más emblemáticos. Es pronto para juzgar la nueva etapa, pero la continuidad de sus argumentistas, Benet i Jornet, Rodolf Sirera y Antonio Onetti promete la fidelidad a sus planteamientos originales, una visión que desmarca a la serie de los culebrones al uso de la sobremesa al proponer como continuado contrapunto de la acción, la sordidez política, económica y social de la posguerra española. La nueva temporada arranca con un sentenciado a muerte por el tradicional procedimiento del garrote vil en una sociedad que empieza a experimentar los cambios de la década de los sesenta. "Amar es para siempre" entra en los territorios de "Cuéntame" que continua en emisión en TVE. Aunque malas lenguas generalmente bien informadas denuncian presiones de la dirección para suavizar los contenidos sociales y políticos que, hasta ahora, dotaban de credibilidad a la serie, en la nueva temporada.