Prohibido hablar de La Cosa

31 Ene 2013
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“Prohibido hablar de La Cosa” es el lema que campea en una de las paredes del bar de la esquina. Desde que “La Cosa” aterrizó entre nosotros los corrillos del bar ya no son lo que eran, “La Cosa” viscosa se cuela en todas las conversaciones de forma clara o subrepticia. Dos parroquianos comentan las últimas incidencias futbolísticas y, entre Ronaldo y Messí, Mou y Simeone, aparece ella y monopoliza la cháchara, que si no hay quien vaya al fútbol por el precio de las entradas, que si algunos futbolistas cobran en dinero negro, o que si los “reventas” pueden darse de alta como autónomos emprendedores. El “jefe”, título honorífico que en Madrid se utiliza generosamente  para designar a los dueños o encargados de bares y tabernas, está pensando en imponer algún tipo de sanción económica a los clientes que insistan en hablar de “La Cosa”, pero le basta con mencionar la palabra economía para que la bicha vuelva a adueñarse del cotarro.

Hoy no hablaré de “La Cosa”en la columna, me digo a mi mismo, personalmente y en primera persona (Observen como la televisión degrada los hábitos de lenguaje y uno acaba hablando y escribiendo como si estuviera en el plató de Salvamé con acento en la e). Hasta aquí hemos llegado, dispuesto a cambiar mis hábitos  navego por los embarrados canales de la TDT en busca de nuevos horizontes y en plena huida sintonizo a las diez de la noche en Tele 5, un prometedor espacio titulado “Salami, huevones, mandangas y tomas falsas”. Cualquier cosa menos “La Cosa” me digo antes de zambullirme en el marasmo y asistir a una sucesión de tomas falsas de algunos de los programas estrella de la casa. Los protagonistas se equivocan, se ríen de sus equivocaciones y vuelven a equivocarse sin que los directores de sus series les abronquen por no venir con la lección aprendida de casa, la televisión es como el cerdo, todo se aprovecha y las meteduras de pezuña bien prensadas dan para un programa en prime time, esto debe ser el salami prometido y los huevones deben ser los protagonistas de este juego de las equivocaciones y las reiteraciones. ¿Y las mandangas? ¿Dónde están las mandingas? Después de ver como un actor se queda con el picaporte en la mano al cerrar una puerta (tres veces) y como un radiador se estrella contra el suelo cada vez que alguien da una voz más alta que otra, llego a la conclusión de que esto deben ser las mentadas “mandangas”, chapuzas debidas seguramente a la precariedad que…¡ Cielos! La Cosa está a punto de inmiscuirse otra vez en el discurso ¡Vade retro!.

De perdidos al…puente, me sumerjo decididamente en las ciénagas y en las zahúrdas de la caverna mediática y ni siquiera la visión de Herman Tersch en Intereconomía tiene efectos disuasorios. Reconozco que esperaba encontrarme en algún recoveco de la parrilla con una entrevista exclusiva con Amy Martin, que inmune a las asechanzas de “La Cosa” consiguió llegar a las cumbres más altas de mi profesión, en cuanto a emolumentos se refiere, gracias a un exmarido que tal vez decidió ahorrarse la pensión subvencionando los artículos de su rutilante exesposa multiusos que escribe, canta, interpreta y combina el exhibicionismo con el anonimato con singular gracejo y además es rubia y fotogénica, aunque lo llevaba muy en secreto para no suscitar envidias. Hablan de ella en todos los canales pero ella no aparece por ninguna parte. Desde estas líneas solicito respetuosamente una entrevista con la diva misteriosa. No es momento para pedir un enchufillo en las generosas nóminas de la Fundación Ideas, ya no está Mulas y están de obras y reformas. Sugiero al PSOE que prescinda de su fundación favorita a cambio de que el PP eche el cierre a la FAES, a sus sobresueldos y a sus mandangas y sigo buscando a Amy desesperadamente.

Entre los temas de debate del día en estos foros desaforados, figura hoy la Monarquía. El príncipe Felipe cumple años  y a Iñaki Urdangarin le han quitado de la web y del palco de honor de la final de la Copa del Mundo de balonmano, a él, que se abrió paso en la vida a base de pelotazos  antes de practicar otras disciplinas más rentables y sosegadas. Parece ser, al menos eso dicen en la 13, que una portavoz manchega del PP ha sugerido que el rey Juan Carlos podría pensar en abdicar. Las contertulias y los contertulios se rasgan las vestiduras y se despojan de los exclusivos relojes y de las deslumbrantes joyas de la Galería del Coleccionista que anuncian a todas horas. La abdicación es uno de los métodos más exitosos para perpetuar la monarquía, sobre todo cuando vienen mal dadas, pero los debatientes se lo toman casi como una ofensa personal y el presunto moderador de la jauría, que ladra más y más alto que nadie, aprovecha la coyuntura para resucitar viejas imágenes de Willy Toledo atacando a la sacrosanta institución con escatológico desparpajo. No viene a cuento, pero si a cuenta para exacerbar los ánimos de la audiencia. El inmoderado moderador y sus secuaces se ponen de acuerdo para satanizar a la extrema izquierda representada por Izquierda Unida (sic) y financiada probablemente por la Fundación Pilar Bardem a la que no se olvidan de demonizar los energúmenos.