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Con flores a Mariano

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. La 13, como corresponde a su filiación católica, apostólica y episcopal, ha hecho de la máxima evangélica su caballo de batalla: ¿Está Rubalcaba autorizado moralmente para pedir la dimisión de Rajoy?. Los benditos televidentes de la cadena votan masivamente en contra y los acólitos mediáticos que les pastorean llevan la pregunta más allá: ¿Le parece insultante que Rubalcaba pida la dimisión de Mariano Rajoy?. La respuesta es sí, les parece insultante, más insultante que los insultos que vierten estos cantamañanas noctámbulos que viven en un sinvivir continuo saltando de Intereconomía a la 13 para defender lo indefendible y ser más marianistas que Mariano en estos trances dramáticos. Nadie plantea la oración por pasiva: ¿Está Rajoy autorizado para pedir la dimisión de Rubalcaba?. La objetividad periodística es un sofisma ampliamente difundido. Para que un diario o un canal fueran objetivos, las noticias del día deberían meterse en un bombo en el que se sortearían el orden y el espacio que cada una de ellas debería ocupar y publicarse o emitirse sin comentarios valorativos. En la selección y en la importancia que se conceda a cada una de ellas ya entra el factor humano y subjetivo. Solo Dios, en el caso de que existiera y se manifestara podría encarnar la objetividad de la que todos alardean y todos carecen, pero ya se sabe que ese Dios está de su parte y cobra de sus nóminas.

Aprenda a usar la televisión, ponga la radio, escuchará lo mismo y se ahorrará esa retahíla de imágenes planas y de bustos parlantes, de políticos romos recitando sus monsergas y contertulios previsibles y zafios cuando no disléxicos. Pero la verdad absoluta y objetiva no existe y de vez en cuando merece la pena sentarse frente al televisor para ver por ejemplo a nuestro Mariano jugueteando con su bolígrafo y su reloj en el pupitre de al lado de la Merkel poniendo cara de circunstancias y enhebrando frases desprovistas de toda sindéresis: "Todo lo que se refiere a mí y a mis compañeros de partido no es cierto. Salvo alguna cosa". La segunda frase de la oración desmiente a la primera, si todo es falso no puede haber nada cierto y las excepciones nunca confirman la regla, la desmienten. En esta televisión empantanada entre Bárcenas, Pujol y Urdangarin, conocido como el "Urdanga" entre sus colegas del hampa, casi sobran las imágenes y en este casi podría entrar la visión de Luis Bárcenas, conocido como Luis el Cabrón intentando parar un taxi para huir de preguntas molestas, que todas lo son pues a ningún reportero se le ocurre preguntarle por el estado de las pistas de Baqueira o los precios del champán en Carcassone. Los taxis, por lo menos un par de taxis, no paran junto a la acera, quizás hayan reconocido al delincuente y teman por la seguridad de sus carteras y sus recaudaciones.

Para trufar la monotonía de los telediarios, muchas cadenas recurren a esas entrevistas "a pie de calle", en la que ciudadanos anónimos responden lo que se espera de ellos. Se interroga a una docena de viandantes y luego se seleccionan las respuestas de aquellos que coinciden con la tesis que defienden sus intermediarios mediáticos. Los medios justifican sus fines, también lo hacen cuando emiten los twiters y los esemeeses que envían los espectadores. Todo vale cuando no hay nada que valga la pena. Si me permiten liberarme por un momento del secuestro al que me tienen sometido, cabrones, urdangas y pujolitos, les hablaré de esas encuestas callejeras en las que ciudadanos a pie de calle responden a espinosas cuestiones como: Qué le parece a usted que un vecino de su barrio haya descuartizado a su esposa este fin de semana. La posibilidad de que el encuestado responda: Me parece estupendo, creo que ella se lo merecía, es nula y por lo tanto sobran las preguntas. Les prometo que si alguna vez me plantean una de estas preguntas ante las cámaras responderé que estoy encantado con los asesinos en serie y que me parece magnífico que suban las tarifas eléctricas y se dispare la prima de riesgo. Como dijo un sociólogo británico, las encuestas son como los biquinis lo que enseñan es interesante pero lo que ocultan es crucial.

Como cualquier opinador a sueldo en estos días me siento secuestrado por la rabiosa actualidad y sus rabiosos protagonistas y me gustaría cambiar de tercio pero es que hoy hasta los videntes de la TDT y las top models de los programas de glamour hablan de lo mismo y ni siquiera los programas deportivos que visiono de vez en cuando para escapar me permiten salir de la jaula, hablan de la Operación Puerto y de los partidos amañados. Así que vuelvo resignado a Intereconomía y a la 13 para desafinar en el coro de los que vienen con flores a Mariano.