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Salud y deporte

Remedios para la tos y la faringitis para el dolor de cabeza y las encías sangrantes, para el colesterol y las carencias de calcio, para mejorar el tracto intestinal y acabar con la halitosis, para sellar las dentaduras postizas o mantener a los bebés secos toda la noche, para las pérdidas leves de orina y para conciliar el sueño. Lea las instrucciones de este medicamento y consulte a su farmacéutico. El 73,5 % de los anuncios que se emiten en la televisión versan sobre la sanidad y la higiene. Cuando quieran dar veracidad a una encuesta inventada usen un decimal, queda mejor. En realidad podrían ser el 69% o el 82, solo trato de resaltar la abrumadora presencia de la publicidad farmacéutica y parafarmacéutica que invade todos los canales, menos los de la pública.

Tras constatar los hechos cualquier observador extraterrestre llegaría a la conclusión de que vivimos en una sociedad enferma al borde del desahucio (Los médicos también desahucian y La Muerte no acepta la dación en pago). Diríase que la descoyuntada coyuntura económica que atravesamos y que nos atraviesa ha producido este vuelco publicitario: si no podemos venderles lo superfluo ahondemos en sus más profundas debilidades y pasemos de la persuasión a la amenaza. Si no se bebe todos los días una botellita de nuestro lácteo milagroso se le disparará el colesterol y cuando sufra un infarto no diga que no se lo advertimos.

Malos tiempos para los hipocondríacos que incorporan rápidamente todos los síntomas y corren a atiborrarse de pócimas y fármacos. Malos tiempos para los farmacéuticos llamados a consulta a todas horas y para los televidentes pasablemente sanos que soportamos la retahíla. Hace tiempo que los jóvenes desertaron de la televisión y esta "medicalización" de la publicidad corrobora que los anunciantes se centran más en los adultos achacosos que forman el 82,4% de la audiencia sedente, de la mayoría silenciosa y paciente. Los jóvenes emprendedores la emprenderían a patadas con el aparato que hasta hace poco convocaba a su alrededor a toda la familia. No lo hacen porque hace tiempo que sustituyeron el viejo artefacto por sus consolas, sus ordenadores y sus tabletas. Si les interesa alguna serie no esperarán a su emisión semanal, verán todos sus episodios de una sentada sin alterar el reposo barbitúrico de sus mayores que se tragan lo que les echan.

Hace años que aconsejaba a algunos amigos embarcados en posibles guiones para la televisión que jamás hablaran a sus presuntos productores sobre la originalidad de sus ideas, sino que las presentasen como descarados plagios de programas de éxito en otras latitudes, cuanto más exóticas mejor para que no fuera fácil la corroboración. La receta funciona, el nuevo programa de Antena 3, Splash Famosos al agua llegó avalado por un gran éxito internacional, tanto que Tele 5 está a punto de zambullirse en un programa similar. El salto de trampolín me parecía hasta hoy uno de los deportes olímpicos más aburridos del mundo, vivero de exhibicionistas y saltimbanquis; ni sus rizos, ni sus volutas, ni sus giros ni sus chapuzones suscitaron jamás en mí emoción alguna. Pero hoy todo ha cambiado, dos programas de Splash (uno y tres cuartos para ser sincero) han bastado para cambiar mi percepción, el salto de trampolín es una filosofía de vida, una disciplina que conduce al perfeccionamiento físico y espiritual. Su mayor problema es que necesitas tener a mano una piscina y mucho sitio para zambullirte sin provocar daños colaterales. Mi radical cambio de opinión se lo debo al gurú rapado y atlético que comanda la operación Splash, entrenador y maestro veterano de la zambullida que se enfrenta con notable éxito a una misión imposible.  No es fácil, nada fácil, convertir a Falete en una sílfide o templar las embestidas de Jesulín de Ubrique contra el agua. Ya es suficiente logro que el tal Falete caiga como un fardo con faralaes y que Jesulín no se escuerne en el primer salto. Como dificultad añadida hay que hacer constar que Falete tiene problemas de movilidad en un brazo, Jesulín tiene la columna vertebral recompuesta y muchos concursantes sufren problemas de vértigo, llevan prótesis o no saben nadar. El cantante y concursante Serafín Zubiri es ciego pero es de los que menos problemas tienen, aunque al final no se zambullera con su perro guía como le sugerían algunos productores perversos.

Splash tiene un presentador todoterreno, Arturo Valls, que soporta impávido situaciones ridículas y atuendos criminales, y un jurado en el que además del mencionado gurú, forman Santiago Segura, al que muchos concursantes piden más que una buena nota un papel en Torrente 5, el futbolista Guti, con perilla y pajarita y Ana Tarrés, versión acuática y oronda de Cruella de Ville que ejerce con fruición su papel de mala de la película para el que tiene cualidades más que sobradas.

Zambúllanse si quieren en tan procelosas aguas pero están advertidos, y no se les olvide consultar con su farmacéutico para que les provea de analgésicos suficientes, el programa es largo, muy largo…