Tedetesto

Y un churro

Taquitos de jamón ibérico, o palomitas de maíz para comer en el cine, he aquí la cuestión, la alternativa jamonera que proponen cuatro salas de Barcelona se convierte en noticia de los telediarios. Hasta cuatro veces en dos días veo el mismo reportaje en los informativos de dos cadenas hermanas. En él se incluyen valoraciones gastronómicas, detalles técnicos sobre los cucuruchos de papel de bambú que no dejan pasar la grasa invocaciones a la dieta mediterránea y entrevistas con degustadores del invento. Los taquitos son menos ruidosos que las palomitas, más sanos y, por supuesto, más caros.

La gastronomía sigue siendo un valor en alza, parece que en tiempos de crisis, el personal ya solo piensa en comer todos los días y contempla las viandas en la pequeña pantalla como el famélico Carpanta del "Pulgarcito", soñaba con pollos asados en los tebeos de la posguerra. No hay telediario que no incluya un toque nutritivo, un canto a los excelsos valores de la alta, la media y la baja cocina española. En primer lugar figuran los "chefs" innovadores, los emprendedores que han cambiado la sartén por el soplete, la jeringuilla o los robots de sofisticadas prestaciones. Las nuevas tapas de fusión se presentan como obras de arte y los pinchos adquieren calidades y texturas inéditas, insólitas y revolucionarias. También hay espacio para los alimentos tradicionales, durante la pasada semana santa los televidentes pudimos gozar de más de una docena de recetas de torrijas y las monas de pascua recibieron un tratamiento reservado a las grandes estrellas mediáticas. Pero no nos olvidemos de los churros, un churro es más que un churro es la quintaesencia de la artesanía pastelera y qué decirles del pan, de la multiplicación de los panes, integrales, artesanos, con semillas, rústicos, candeales, de espelta o de levadura madre.

La marea gastronómica que va desde Ferrán Adriá, alquimista en excedencia e investigador emérito de los fogones, al churrero de la esquina, desborda los telediarios, hay pesadillas en cocinas de pesadilla y multitudinarios concursos alrededor de un huevo frito que es más que un huevo frito, como intuyó Velázquez que los pintó a pares. El huevo frito es el florón de la corona y su secreto solo está al alcance de unos pocos elegidos. Hay hambre pero la televisión es nutritiva y nos proporciona más de cien formas diferentes de preparar una lechuga para que sea más que una lechuga gracias a unos mínimos conocimientos de alquimia. Dice un viejo proverbio chino que la felicidad reside en que nos guste todo lo que nos resulta imprescindible. Comamos y bebamos pues, carpe diem, aunque sea en comedores de la Beneficencia que también tienen su espacio en los telediarios por aquello de la cosa social. Comamos carne de equino por ternera y atiborrémonos de soja porque la soja ha pasado, entre nosotros, de ser forraje de la cabaña ganadera a panacea universal y gran negocio multinacional. Comeremos pienso para transformarnos en pacientes y sufridores rumiantes pero con originales e innovadoras recetas y alguna que otra sardina cruda para hacernos la ilusión de que comemos "sushi".

Hay que trufar los ominosos telediarios con noticias sabrosas y nutritivas que nos compensen de los silencios, de los plasmas y de las plastas de Mariano y de las risillas conejiles de Montoro cuando afirma que no va a subir los impuestos, en todo caso los reponderará (sic), racionalizará la presión fiscal o redistribuirá las tasas impositivas. Hay que aligerar los contenidos informativos con  simpáticos "gags" bajados de "You Tube", chistes visuales de garrotazo y tentetieso, porque ningún humorista ha superado la potencia hilarante de la clásica piel de plátano. Mejor reír que llorar aunque el motivo de risa sea la desgracia ajena.

Ahíto tras la ingestión catódica de hamburguesas de diseño, tapas de élite y pinchos evolucionados, el sábado por la noche salí a dar un paseo virtual por los debates de la 5 y la 6. En la 5  estaban entrevistando a Miguel Ángel Revilla, en la 6 emitían un amplio reportaje sobre Miguel Ángel Revilla. El político cántabro es el "showman" de moda que se disputan todos los canales, es campechano, histriónico y centrista, un exdirector de banco que ha sabido superar esa lacra y que con sus buenos modales de maestro de escuela da lecciones de economía parda y promociona su libro y los valores de su "tierruca". Un personaje simpático y cercano, ideal para relajar la tensión que crean los "marhuendas", otra vez de los nervios por culpa de los escraches. Filonazis llamando nazis a los hipotecados, desalojados y humillados. "Los nazis quitaban también sus viviendas a los judíos" comentaba el maestro Forges en una de sus viñetas.

Pero volvamos a las cosas de comer, es posible que el éxito de Revilla se deba a que obsequia con anchoas a sus anfitriones, una tentación irresistible en tiempos de hambruna.