Tedetesto

Un mal día

Este pasado fin de semana falté a mis compromisos laborales. Estaba una vez más dispuesto a entregar la noche del sábado a la ingestión indiscriminada de tertulias y debates saltando de la 5 a la 6 para evitarles a ustedes el mal trago pero, tras echar una ojeada a los platós y ver las mismas caras repitiendo los mismos argumentos de siempre, deserté de mi obligación autoimpuesta y me refugié en los canales del satélite donde parece que ponen siempre las mismas películas y las mismas series pero donde de vez en cuando cabe la sorpresa y el descubrimiento. Mad men, The following o Big Bang son algunas de mis series favoritas que sigo cuando puedo. Los ejecutivos de Mad men, los psicópatas de The Following y los frikis de Big Bang me reconcilian una vez a la semana con la pantalla doméstica y a menudo domesticada.

Pero no estoy aquí para eso, lo sé y además hay días que no estoy para nada, días en los que ni siquiera me hacen gracia las salidas de tono de los contertulios, las declaraciones de los políticos y los errores de los presentadores de los informativos. Para no desertar del todo me propuse una inmersión en la presunta objetividad de los telediarios. Los de la 13 son una prolongación de sus debates que opinan más que informan y apostillan desde su trinchera. Desde estas tribunas transformadas en tribunales se dedican  a la caza del sindicalista desde que se levantó la veda de los ERES andaluces. Las malandanzas de Guerrero y de Lanzas, dos golfos a todo ritmo, se prestan divinamente al comentario chusco y al chiste con mala baba y a las  chicas y los chicos de la caverna se les ve por fin felices y dicharacheros. Por una vez los medios apuntan a sus fines y hay que reconocer que esa pareja feliz de golfos apandadores dan para mucho. Todavía hay clases, es el argumento de fondo en algunos platós. No es lo mismo que te robe un Bárcenas, un tipo elegante y distinguido que opera en Suiza, esquía en Canadá y escala las cumbres del Himalaya, que lo hagan un hortera de chanclas y chándal que esconde su botín bajo los colchones y un colega que despacha sus asuntos en el bar de la esquina y en el puticlub de las afueras, seguro que los gin tonics de Guerrero ni siquiera eran "premier"sino de marca blanca y la farlopa estaba muy cortada. Recuerdo la letra de una canción que escribí y canté con los albores del siglo XXI: "Y es que hay clases todavía/ todo es cuestión de modales,/ que en asuntos criminales/ existe una jerarquía./ No es lo mismo que robe Mariano a que roben fulano y mengano, no es lo mismo que robe un Roldán, a que robe un maldito patán./ El chorizo inteligente usa la tecnología, roba con alevosía y no molesta a la gente/ Ha estudiado economía y ha hecho un master en New York/ para ser gobernador/ o jefe de policía…

Arrepentido por mi deserción me receto una purga de telediarios pero el remedio no funciona, los telediarios de hoy se parecen mucho a los telediarios de ayer y seguramente a los de mañana. Hoy toca de Guindos, mañana Montoro, las mismas malas caras, las mismas malas noticias en todas las cadenas, repetidas una y cien veces en todas las ediciones por si  fuéramos idiotas. Escucho a una presentadora decir que "hay gente que se dedica a dormir en la calle" como si se tratara de una decisión personal, de una vocación irreprimible. Abandono el seguimiento y me receto una sobredosis de frivolidad, pero ni por esas. Me deprime la tribu de "Sálvame" volcada definitivamente en el canibalismo bajo la meliflua sonrisa del jefe. Jorge Javier reparte juego, tira la piedra, esconde la mano, azuza a los unos contra los otros y se salva sin romperse mucho ni mancharse demasiado, como si no fuera con él la masacre cotidiana, los lloros y los gritos de los despellejados y los despellejantes.

De perdidos, al río. De perdidos, Alpuente. Para apurar hasta las heces este amargo cáliz catódico conecto con una gala del "Gran Hermano". Mercedes Milá, la estricta gobernanta del programa, ha escrito un libro titulado "Lo que me sale del bolo". Ella, educada en los mejores colegios, audaz y coriácea reportera y contumaz inquisidora ha sido abducida por las espantosas rutinas del programa y ahora se desmelena, provoca a sus pupilos y a la audiencia y tan sobrada va que, en contra de todas las leyes, incluida la de la gravedad, lo mismo hace un strip tease que enseña el culo a la audiencia atónita y dispersa.